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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Man of Sorrows: cuando el universo se convierte en un abismo sepulcral

Desde Fortaleza, Brasil, André Barroso construye con Man of Sorrows una de las expresiones más sombrías del funeral doom contemporáneo. Un proyecto de un solo hombre donde las guitarras parecen avanzar con la lentitud de una procesión fúnebre y cada nota conduce hacia un mismo lugar: el vacío.

Imagen creada con IA.

Hay discos que se escuchan. Otros se soportan. As I Exist in the Endless Void, el primer larga duración de Man of Sorrows, pertenece a esa segunda categoría. No porque sea una obra inaccesible o deliberadamente hostil, sino porque su música parece exigir algo que no todos los discos reclaman: tiempo. Tiempo para entrar, tiempo para permanecer y, sobre todo, tiempo para aceptar que probablemente no habrá una salida luminosa al final del camino.

Desde Fortaleza, Ceará, André Barroso desarrolla Man of Sorrows como un proyecto de one-man band dedicado al funeral doom metal. Barroso, fundador y exintegrante de la banda brasileña de death/doom Lacryma Sanguine, se encarga de todo en esta nueva etapa. El resultado es una propuesta profundamente personal, independiente y desprovista de cualquier necesidad de apresurarse. Aquí no hay canciones que corran detrás del oyente. Es el oyente quien debe caminar detrás de ellas.


El miedo a mirar demasiado lejos

Man of Sorrows no utiliza la oscuridad únicamente como una cuestión estética. El concepto detrás de As I Exist in the Endless Void se encuentra en un territorio mucho más inquietante: el horror cósmico, la insignificancia humana y la imposibilidad de comprender aquello que se encuentra más allá de nuestros límites.

El universo aparece entonces no como ese escenario romántico que tantas veces ha inspirado al rock y al metal, sino como una inmensidad indiferente. Y ahí está buena parte de la fuerza conceptual del álbum.

Frente a las dimensiones del cosmos, el ser humano deja de ser protagonista. Somos pequeños, frágiles y pasajeros. Nuestra existencia ocurre durante un instante infinitesimal frente a una eternidad que no necesita de nosotros. El funeral doom convierte esa idea en sonido.

Los riffs avanzan pesadamente, como si cada uno cargara con el peso de una existencia condenada a desaparecer. Las atmósferas se expanden lentamente y la música parece perder deliberadamente cualquier sentido de urgencia. No hay prisa porque, ante el infinito, la prisa humana deja de tener significado.


As I Exist in the Endless Void: una inmersión en la nada

Estrenado en 2025, As I Exist in the Endless Void constituye el primer álbum de larga duración de Man of Sorrows. Su propuesta gira alrededor del terror cósmico y los horrores de lo desconocido, pero también aborda cuestiones profundamente humanas: la aceptación de aquello que no podemos cambiar, la pérdida de nuestra humanidad y la posibilidad de redención frente a la magnitud del universo. Es una combinación particularmente poderosa.

Porque el disco no necesita imaginar monstruos para provocar inquietud. El verdadero horror está en comprender que quizá nosotros mismos somos insignificantes frente a una realidad infinitamente mayor


El funeral doom resulta especialmente apropiado para expresar esa sensación. Sus tempos lentos y sus atmósferas densas generan la impresión de estar contemplando algo demasiado grande para ser comprendido. La música no parece contar una historia. Parece abrir una puerta. Y detrás de ella no hay necesariamente nada.


Un hombre, una visión, un abismo

La condición de Man of Sorrows como proyecto de un solo integrante es fundamental para comprender su identidad.

André Barroso no está construyendo una banda convencional. Está levantando un universo sonoro completamente personal. Esa característica permite que la obra conserve una identidad íntima, casi confesional, aunque sus temas hablen precisamente de la desaparición de lo individual frente a la inmensidad cósmica. Existe una paradoja fascinante en ello. Un solo músico intenta expresar la insignificancia del ser humano frente al universo. Y, para hacerlo, crea algo profundamente humano.

Man of Sorrows continúa además una trayectoria vinculada al lado más oscuro del metal brasileño. Su experiencia anterior con Lacryma Sanguine aporta un antecedente importante, pero el proyecto adopta aquí una dirección mucho más lenta, pesada y contemplativa. El resultado no busca competir por velocidad, virtuosismo o espectacularidad. Su batalla es otra. Es contra el silencio. Después del vacío

La historia de Man of Sorrows no terminó con su primer álbum. Tras As I Exist in the Endless Void, el proyecto publicó el EP Inexistence in Existence en 2026 y posteriormente presentó un nuevo larga duración, Essay on Human Suffering, también publicado en 2026.

El propio recorrido de la discografía permite observar una evolución conceptual interesante: del horror frente a la inmensidad del cosmos hacia una reflexión más directa sobre el sufrimiento humano.

Es como si, después de mirar durante demasiado tiempo hacia las estrellas, Barroso hubiera decidido volver los ojos hacia nosotros. Y quizá ese sea el verdadero sentido de Man of Sorrows. Mirar el universo para terminar hablando del hombre.


La música de la desesperanza

Existe una razón por la que el funeral doom puede resultar tan poderoso cuando es ejecutado con convicción. No intenta maquillar el dolor. No intenta convertir cada experiencia oscura en una lección optimista. Simplemente permanece allí.

Man of Sorrows comprende esa lógica. Su música parece aceptar que existen preguntas sin respuesta, pérdidas que no pueden repararse y dimensiones de la existencia que jamás estaremos preparados para comprender. Pero esa aceptación no significa necesariamente derrota. Hay algo casi espiritual en permanecer frente al abismo y no apartar la mirada.

As I Exist in the Endless Void funciona precisamente así: como una larga contemplación de nuestra propia pequeñez. Sus sonidos parecen surgir desde un lugar donde el tiempo dejó de importar, donde las fronteras entre la vida, la muerte y la eternidad comienzan a confundirse. Y cuando finalmente termina, queda una sensación extraña. No necesariamente miedo. No necesariamente tristeza. Tal vez algo más profundo: la certeza de haber contemplado, aunque sólo fuera durante unos minutos, la posibilidad de que el universo sea infinitamente más grande, antiguo y terrible de lo que nuestra imaginación puede soportar.

En ese instante, Man of Sorrows deja de ser simplemente una banda de funeral doom. Se convierte en una voz perdida en la oscuridad. Una voz humana. Pequeñísima. Pero todavía viva.


Discografía

  • The Monolith — Demo (2025)
  • As I Exist in the Endless Void — Álbum de estudio (2025)
  • Inexistence in Existence — EP (2026)
  • Essay on Human Suffering — Álbum de estudio (2026)
  • Calificación de As I Exist in the Endless Void


Calificación del disco: 9,0/10

Un debut notable dentro del funeral doom: lento, opresivo, atmosférico y conceptualmente coherente. Su mayor virtud está en comprender que el terror cósmico no necesita monstruos: basta con contemplar durante demasiado tiempo la inmensidad del universo y comprender nuestro lugar dentro de ella.

viernes, 12 de septiembre de 2025

Estallido delictual: El verdadero golpe estuvo en Chile, no en Brasil

Mientras en Brasil se habla de “intento de golpe” por daños acotados a unos pocos millones de dólares, en Chile se romantizó una insurrección que costó más de 15 mil millones y que arrasó con la infraestructura del país.


El 8 de enero de 2023 en Brasilia, una turba irrumpió en el Congreso, el Palacio de Planalto y el Supremo Tribunal Federal. El resultado: destrucción simbólicamente grave, pero económicamente acotada. Los informes oficiales hablan de 26,6 millones de reales en daños (unos 5–7 millones de dólares). El episodio duró unas pocas horas y los responsables fueron rápidamente detenidos y procesados bajo la tipificación de “intento de golpe de Estado”.

Estallido delictual en Chile.
Ahora bien, comparemos con Chile. Desde octubre de 2019, lo que aquí se llamó con romanticismo “estallido social” dejó pérdidas por más de 15.000 millones de dólares. Los terroristas pirómanos de la primera línea incendiaron estaciones completas del Metro, destruyeron pequeños comercios, quemaron iglesias, además se vandalizó el espacio público, se atacaron cuarteles policiales y se paralizó gran parte de la vida económica durante meses. Miles de familias vieron arruinado su patrimonio, y el Estado debió destinar años de recursos fiscales a reparar la infraestructura.

El estallido antisocial en Chile no tuvo comparación

La diferencia es brutal: Chile sufrió daños 2.000 veces superiores a los de Brasil. Sin embargo, allá se habla sin ambigüedades de “golpismo”, mientras que aquí todavía algunos insisten en describir lo ocurrido con tintes poéticos, como si se tratara de una tiernucha protesta juvenil espontánea.

La pregunta es inevitable: ¿por qué tanta benevolencia para calificar el desastre ocurrido en Chile? La violencia de octubre (estallido delictual) no sólo destruyó bienes materiales, sino que además buscó arrasar con instituciones, forzar cambios constitucionales y alterar el orden democrático. En términos de objetivos y resultados, fue mucho más cercano a una insurrección que a una simple protesta.

Diferentes criterios para calificar la violencia

El contraste muestra la incoherencia de buena parte de nuestra mediocre clase política y mediática: cuando la violencia proviene de sectores que simpatizan con la izquierda, se la suaviza con palabras como “descontento social”. Pero cuando proviene de la derecha, se le aplica de inmediato la etiqueta de “golpe de Estado”.

La realidad es que la democracia no se mide según la ideología del agresor, sino por los hechos: en Brasil hubo un ataque puntual y costoso en lo simbólico; en Chile, una destrucción económica y social sin precedentes en tiempos de paz, y muchísimo más grave que lo ocurrido en la capital carioca. Sin embargo, seguimos atrapados en un doble estándar que impide llamar las cosas por su nombre.