miércoles, 19 de noviembre de 2025

LA U MERECE VOLAR SOLA: EL CLUB DEBE ROMPER SU DEPENDENCIA CON LA UNIVERSIDAD

La relación entre la Universidad de Chile y el Club Deportivo Universidad de Chile se ha convertido en un vínculo asimétrico que impide al club —una institución deportiva con millones de hinchas y casi un siglo de tradición— ser dueño de su destino. Con argumentos deportivos, emocionales y jurídicos, se abre el debate sobre una independencia largamente postergada.


El chuncho.

Para quienes llevamos la piel teñida de azul, uno de los dos clubes más populares de Chile —que convoca multitudes y arrastra generaciones— siga dependiendo de los dictámenes de una institución que no le entrega ni un centímetro de pasto, es una incomodidad que roza lo absurdo. Porque la U, el club, es una institución deportiva con millones de seguidores, con un legado que se acerca al siglo de vida, con una identidad propia que ya no cabe dentro de los límites administrativos de una casa simple de estudios que sólo le dio el nombre... y nada más.

Sin embargo, ahí está la Universidad de Chile (la universidad), recordándole al club una y otra vez que el nombre, el logo y los símbolos “no le pertenecen”. Y que, por ende, si no se aceptan sus condiciones, puede retirarlos cuando quiera. Un chantaje descarado, y sin asco. El problema es estructural y profundo: un equipo gigante atrapado en una relación contractual que no honra su historia.


Un vínculo desigual: cuando el origen se transforma en yugo

  • La universidad no aporta estadio.
  • La universidad no aporta infraestructura.
  • La universidad no aporta financiamiento.
  • La universidad no aporta apoyo deportivo de ningún tipo.


El club, en cambio, tiene todo lo demás: historia, hinchada, proyección, pasión y un impacto cultural que trasciende al fútbol. Mientras la casa de estudios cobra por permitir el uso de un nombre y un emblema que, desde hace décadas, ya forman parte del ADN chileno... porque el logo del club es muchísimo más conocido que el de la universidad, lo mismo que el himno.

Desde la perspectiva legal, esta situación se sostiene porque la Universidad de Chile conserva los derechos sobre sus marcas institucionales, según la Ley de Propiedad Industrial (Ley 19.039). Eso le permite limitar, autorizar y condicionar el uso del nombre y del escudo.

Pero que algo sea legal no significa que sea justo. Y menos aún cuando hablamos de un club que nació bajo el alero universitario, pero que desde hace casi 100 años se convirtió en un actor independiente, con vida y peso propio, fuertemente marcado en forma transversal en toda la sociedad chilena.


Un camino jurídico para cortar el cordón umbilical

La legislación chilena no sólo permite, sino que facilita mecanismos para que el club obtenga su libertad identitaria. La misma Ley 19.039 habilita la venta, cesión o licencia perpetua de marcas, permitiendo acuerdos irrevocables entre partes privadas.

En otras palabras: el club podría comprar o licenciar para siempre el nombre y los símbolos, eliminando a futuro cualquier intento universitario de extorsión simbólica.


Opciones legales disponibles:

  • Adquirir la marca de manera definitiva, pagando una suma justa.
  • Obtener una licencia irrevocable y perpetua, blindada por contrato.


El antecedente internacional es claro: la UNAM en México le entrega a Pumas un apoyo real, sin chantajes, sin amenazas y con reconocimiento recíproco. En Chile no existe impedimento legal para replicar un modelo más sano. Lo único que falta es voluntad política y visión institucional.


Un club gigante merece una identidad libre

  • La U —el club, nuestro club— ya no es una rama más de la Universidad de Chile.
  • Es una institución autónoma, con una hinchada gigantesca, transversal, apasionada.
  • Es un motor cultural que trasciende las aulas, que llena estadios, que mueve audiencias y que forma parte del imaginario colectivo nacional.


Negarle identidad propia a esta entidad monumental es un despropósito. Y seguir dependiendo de una autorización académica para existir como ha existido toda la vida es una anomalía histórica que algún día debe corregirse. No se trata de negar el origen, sino de honrarlo con madurez institucional.


Hora de un club azul sin ataduras

  • La U es demasiado grande para seguir subordinada a una simple universidad. Con casi un siglo de historia y millones de hinchas en todo el país, el club ya superó con creces el marco de una institución académica. Su identidad la construyó el fútbol y la pasión de sus hinchas, no un rectorado.
  • El chantaje simbólico debe terminar. La Universidad de Chile no puede seguir usando la propiedad de una marca para condicionar decisiones deportivas o contractuales. El club tiene la fuerza y el respaldo para negociar desde otra posición.
  • La Ley chilena permite una salida ordenada. Nada impide firmar una licencia perpetua o incluso adquirir los derechos definitivos sobre el nombre. La herramienta jurídica existe; falta liderazgo y convicción para concretarlo.
  • Libertad identitaria no es traición al origen. Separarse no es desheredar la historia, es reconocer que ambas instituciones crecieron en direcciones distintas, y que pertenecen a rubros totalmente diferentes.
  • La independencia sería un acto de justicia histórica. La U merece ser dueña de sí misma, de su escudo, de su nombre y de su destino. Y el país futbolero también merece que así sea.
  • Porque la U, la de verdad, la de las alegrías y tristezas, la de los abrazos en el Estadio Nacional, hace rato que dejó de ser una rama universitaria. Y ya es hora de que un contrato lo reconozca.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deje acá su comentario, el cual será revisado antes de aceptarse su publiación.
Muchas gracias por visitar este blog. Me alegra que le guste el contenido que acá se publica.