Somos millones los hinchas de Universidad de Chile que celebramos su triunfo con esperanza. Hoy le pedimos algo concreto, justo y largamente postergado: destrabar, de una vez por todas, el camino hacia el estadio propio de la U.
Señor Presidente José Antonio Kast:
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| Universidad de Chile. |
Las encuestas lo dicen hace años: los hinchas de Universidad de Chile somos entre el 22 y el 24% de la población chilena. Cerca de cuatro millones de compatriotas que, más allá de distintos colores políticos, compartimos un sueño sencillo y profundamente legítimo: que la U tenga su estadio propio. No pedimos privilegios. Pedimos que nos dejen hacer, que el Estado deje de ser un estorbo para concretar nuestro anhelo más profundo.
Cuatro millones de hinchas, un mismo sueño
Universidad de Chile no es un club pequeño ni marginal. Es una de las instituciones deportivas más grandes del país, con hinchas en cada región, en cada barrio y en todas las clases sociales. Sin embargo, llevamos más de cuatro décadas condenados a la itinerancia, arrendando estadios, mendigando fechas, adaptándonos siempre a la voluntad ajena.
No existe una razón de fondo para esta anomalía. No es falta de proyecto, ni de inversión privada, ni de respaldo social. Es, simplemente, una maraña de trabas administrativas, vetos políticos y decisiones tomadas con calculadora electoral en la mano.
El problema de fondo: la política chica y el miedo a decidir
Hoy, cualquier iniciativa de este tipo termina atrapada en concejos municipales que no deciden pensando en el bien común de mejorar la ya atrasada infraestructura de Chile, sino en la próxima reelección de dichos concejales. El estadio de la U se transforma así en rehén de minorías ruidosas, de prejuicios ideológicos y de una visión corta que confunde orden público con prohibición permanente.
Chile no puede seguir funcionando así. Un país que aspira al desarrollo no puede tener autoridades paralizadas por el miedo. Menos aún cuando se trata de un proyecto deportivo potente, urbano y socialmente beneficioso, que puede regenerar barrios, generar empleo y fortalecer identidad comunitaria.
Una señal posible: decisión política al más alto nivel
Por eso, Presidente, creemos que su gobierno tiene una oportunidad histórica. Avanzar en un mecanismo que permita aprobar la construcción de estadios de alta convocatoria —como el de la U— mediante un consejo de ministros, por razones de interés nacional, independientemente del veto de concejos municipales capturados por la política pequeña y cortoplacista.
No sería un traje a la medida para Universidad de Chile. Sería una señal potente de que el Estado vuelve a confiar en la sociedad civil, en la inversión privada responsable y en el fútbol como expresión cultural legítima, no como problema a esconder bajo la alfombra.
Orden, desarrollo y fútbol: no son conceptos incompatibles
Un estadio propio para la U no es sinónimo de caos. Al contrario: es planificación, es seguridad moderna, es control, es dignidad. Es sacar el fútbol del parche y llevarlo a la infraestructura del siglo XXI. Es exactamente el tipo de solución que un gobierno de orden debiera impulsar.
Mientras otras naciones avanzan en infraestructura deportiva de calidad, Chile sigue siendo —tristemente— uno de los países más antifútbol del mundo. Y eso no habla de prudencia, sino de mediocridad institucional.
Presidente Kast, usted ganó con una promesa de autoridad, decisión y sentido común. Aquí hay una oportunidad concreta de demostrarlo. Cuatro millones de hinchas de Universidad de Chile no olvidarán a quien, por fin, permitió que la U deje de ser visitante eterna en su propio país.
Desde la derecha, desde la galería y con la camiseta bien puesta: la U tiene derecho a soñar... y sus más de cuatro millones de hinchas también.

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