Lejos de ser un apellido o una invención tardía del cristianismo, la palabra “Cristo” es un título antiguo, nacido en el corazón del Antiguo Testamento y cargado de promesa, esperanza y cumplimiento.
Para muchas personas, “Cristo” parece ser simplemente parte del nombre de Jesús. Sin embargo, basta formular una pregunta sencilla para que la confusión quede al descubierto: ¿acaso José y María como pareja llevaban el apellido “Cristo”? Evidentemente no. “Cristo” no es un apellido ni un nombre propio, sino un título profundamente bíblico, con raíces que se hunden siglos antes del nacimiento de Jesús. Comprender su origen no sólo aclara un malentendido frecuente, sino que ilumina el corazón mismo del mensaje cristiano.
Cuando traducir no es lo mismo que transcribir
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| Jesucristo. |
La Septuaginta: el puente entre dos mundos
En el siglo III a.C., el Antiguo Testamento fue traducido del hebreo al griego en una versión conocida como la Septuaginta. Esta traducción no sólo fue ampliamente utilizada por los judíos de la diáspora, sino que se convirtió en la Biblia más leída en tiempos de Jesús. Los autores del Nuevo Testamento, que escribieron en griego, citaron casi siempre el Antiguo Testamento desde esta versión, no desde el hebreo original.
De “Mashíaj” a “Christós”: el Ungido prometido
En el texto hebreo, la palabra clave es Mashíaj, que significa “el Ungido”. Reyes y sacerdotes eran ungidos con aceite como señal de consagración, pero ciertos pasajes proféticos hablan de EL Ungido, una figura futura y única. Al traducir estos textos al griego, los sabios de la Septuaginta eligieron la palabra Christós, que conserva exactamente el mismo significado: ungido, consagrado por Dios para una misión especial.
Jesús y la afirmación más radical del cristianismo
Los primeros cristianos no inventaron un título nuevo para Jesús. Hicieron algo mucho más audaz: afirmaron que Jesús de Nazaret era ese Christós del que hablaban las Escrituras. Al llamarlo “Jesús el Cristo”, estaban declarando que en Él se cumplían las antiguas promesas mesiánicas. No era una etiqueta honorífica, sino una confesión de fe.
Un Cristo esperado antes de Belén
Los evangelios muestran con claridad que la expectativa del Cristo existía antes del nacimiento de Jesús. Herodes, al oír hablar del “Rey de los judíos”, pregunta a los sacerdotes dónde había de nacer el Cristo. No pregunta por Jesús, sino por el título. Esto demuestra que el concepto de Cristo ya estaba plenamente formado en la teología judía del primer siglo, basado exclusivamente en el Antiguo Testamento.
Los Salmos y la promesa davídica
Textos como el Salmo 2 y el Salmo 132 hablan de un Ungido futuro, vinculado a la descendencia de David. En la Septuaginta, estos pasajes usan directamente la palabra Christós. No se trata de reinterpretaciones forzadas del Nuevo Testamento, sino de una expectativa mesiánica antigua, escrita siglos antes y leída en clave futura.
La cerradura profética
El Antiguo Testamento funciona como una cerradura diseñada con precisión: linaje, función, tiempo, misión. Cada profecía añade un nuevo detalle. La gran pregunta que plantea el texto no es si existía la figura del Cristo —eso está fuera de duda—, sino si Jesús encaja exactamente como la llave que abre esa cerradura.
Cuando el título lo dice todo
- Las ideas que sostienen esta verdad bíblica:
- Cristo no es un nombre, sino un título con profundo contenido teológico.
- Proviene del hebreo Mashíaj, traducido al griego como Christós, ambos con el significado de “El Ungido”.
- El título existía siglos antes de Jesús y era parte central de la esperanza judía.
- La Septuaginta fue clave para transmitir este concepto al mundo grecorromano.
- Los cristianos afirman que Jesús no adoptó el título, sino que lo cumplió.
- Llamar a Jesús “el Cristo” es declarar que Él es el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento.
Comprender el origen del título “Cristo” no es un mero ejercicio académico. Es redescubrir que la fe cristiana no nace de la improvisación, sino de una historia larga, coherente y profundamente enraizada en las Escrituras.

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