martes, 23 de junio de 2026

Chile no aguanta más: es hora de hablar en serio de la pena de muerte

Chile se desangra. No es hipérbole, es el titular que repiten las comisarías, los pasillos de los hospitales y las cocinas de las familias que entierran a un hijo que salió a comprar el pan. La violencia dejó de ser noticia para convertirse en paisaje. Asaltos a plena luz del día, sicarios en motos, casas incendiadas por terroristas, carabineros emboscados por terroristas en La Araucanía, alcaldes amenazados, mujeres asesinadas después de ser violadas. 

Delincuencia en Chile.
Hemos probado todo el recetario: creación del Ministerio de Seguridad, más cámaras, más recursos para el Ministerio Público, reformas procesales, mesas de diálogo, condenas que suenan a escarmiento y terminan en 10 años con beneficios. El resultado está a la vista: las bandas se multiplican, el narcotráfico se profesionaliza y el ciudadano honesto aprende a vivir con miedo. Cuando el Estado pierde el monopolio de la fuerza, la sociedad se desordena. Y hoy, ese monopolio está en disputa.

No soy ingenuo. Sé que la pena de muerte es el debate más incómodo de la democracia. Toca fibras éticas, religiosas y políticas. Pero precisamente por eso hay que tener el coraje de discutirla sin slogans. El derecho a la vida es el primero de todos los derechos. Quien lo arrebata de forma brutal y premeditada, rompe el contrato básico que nos une como país. Y cuando ese quiebre se vuelve sistemático, la respuesta del Estado no puede ser solo administrativa.

Por eso, Presidente José Antonio Kast, le propongo ir directo al soberano: convoque a un plebiscito nacional para aprobar la pena de muerte en Chile, pero bajo causales estrictas, taxativas y sin ambigüedades. Que sea la ciudadanía, no una élite, la que decida si queremos una herramienta extrema para crímenes extremos. La democracia directa existe para eso.


Las 5 causales que propongo:

1. Asalto con resultado de muerte: No hablamos de un simple robo. Hablamos de delincuentes que entran a disparar para robar un auto un teléfono celular, una tienda o un banco. Si quitas una vida para llevarte bienes, sabes lo que haces, y tienes que pagar por ello.

2. Ataque terrorista o incendiario con resultado de muerte: Quemar iglesias, camiones o casas con gente adentro no es “conflicto social”. Es terrorismo. Y si hay muertos, la respuesta del Estado debe ser ejemplar.

3. Asesinato a Carabineros o PDI: Quien dispara a un policía dispara a la institución que nos protege a todos. Es un ataque directo al Estado de Derecho. Sin policía no hay libertad.

4. Asesinato a autoridades políticas: Alcaldes, concejales, parlamentarios, ministros o el mismo Presidente de la República. Matarlos es intentar callar la representación popular. Es golpear el corazón de la democracia.

5. Violación seguida de muerte: La combinación más brutal de dominio y crueldad. No hay reinserción que repare lo irreparable.


Tres condiciones para que esto funcione: 

  • Juicio con todas las garantías, doble instancia y prueba irrefutable.
  • Aplicación solo para delitos cometidos después de aprobada la ley, sin retroactividad.
  • Ejecución rápida, sin décadas de apelaciones, porque una pena que llega 25 años tarde pierde todo sentido preventivo.


Los que se oponen dirán “no baja la criminalidad”. Falso y verdadero a la vez. Ninguna pena por sí sola elimina el delito. Pero sí envía un mensaje: en Chile, matar a un carabinero, quemar vivo a una familia o violar y asesinar tendrá un costo máximo. Hoy ese costo es relativo. Y la relatividad es lo que las bandas están aprovechando.

Otros dirán “el Estado no puede matar”. Correcto. Pero el Estado sí puede, y debe, defender la vida de los inocentes. Y cuando un criminal decide salir del pacto civilizatorio, la sociedad tiene derecho a defenderse con toda la fuerza de la ley.

No pido venganza. Pido proporcionalidad. Pido que la madre que llora a su hijo muerto en un asalto sienta que la justicia fue proporcional al daño. Pido que el carabinero que sale a la calle sepa que el Estado lo va a respaldar hasta las últimas consecuencias.

Presidente Kast: usted tiene el mandato y la convicción. No eluda este debate por corrección política. Llame a plebiscito. Ponga las 5 causales sobre la mesa y que hable Chile. Si gana el “No”, respetaremos. Pero si gana el “Sí”, habremos recuperado una herramienta para defender lo único que no se negocia: la vida de los chilenos que sí cumplen la ley.

La violencia no se combate con buenos deseos. Se combate con decisiones difíciles. Esta es una de ellas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deje acá su comentario, el cual será revisado antes de aceptarse su publiación.
Muchas gracias por visitar este blog. Me alegra que le guste el contenido que acá se publica.