miércoles, 6 de mayo de 2026

Basta de arriendo del nombre y la insignia: La U no se alquila, se lleva en la sangre

Hay cosas que no se transan. El amor por tu familia, el primer beso, y para nosotros, el nombre de la Universidad de Chile. Pero resulta que hace años venimos viviendo con la soga al cuello, como si fuéramos inquilinos en nuestra propia casa. El nombra, la insignia y el himno de nuestro club no nos pertenece: es de una universidad que nada hace por nuestra institución.

Universidad de Chile.
Lo de Michael Clark y Azul Azul con el sórdido caso Sartor reventó todo de nuevo. Ahí está la U, metida en otra investigación, con la sombra de la duda encima. Y como si fuera poco, aparece la Casa de Estudios, la misma que formó Andrés Bello, apretando el gatillo en contra del club y de millones de hinchas: “O se portan bien, o les quitamos el nombre, la insignia y hasta el himno”.

¿Se dan cuenta lo que significa eso? Que mañana un niño no pueda cantar el Romántico Viajero en el mítico Estadio Nacional. Que el chuncho deje de volar en la camiseta. Que nos borren 99 años de historia porque firmamos un papel que dice “arriendo”... todo porque nuestra querida U nació bajo el alero de una institución que actualmente no le aporta nada. Ojalá tuviéramos la suerte que al menos tiene Pumas en México, que la Unam le presta el Estadio Olímpico Universitario (patrimonio de la Humanidad) para disputar sus partidos, y que nunca le hace ni amenazas ni chantajes, como sí nos ocurre a nosotros. 

Y todo esto duele. Duele porque no es primera vez que esto sucede. Cada vez que hay lío en Azul Azul, desde la Universidad de Chile nos recuerdan que somos arrendatarios del nombre y de los símbolos del club. Nos dicen a cada rato que el escudo, el “U” en el pecho, el himno que te hace llorar… no es nuestro. Es prestado. Y ese préstamo no es gratuito: todos los años salen entre 300 y 400 millones de pesos desde La Cisterna hacia la casa central en plena Alameda. Estamos hablando de entre 300 y 400 millones que deberían de ir a cadetes, a sueldos de jugadores de jerarquía, a modernizar el CDA. Pero no. Se va en pagarle a la universidad por usar lo que sentimos propio.

No digo que la casa de estudios sea el villano, aunque a veces lo parezca. Ellos cuidan su marca, su historia, su prestigio. Pero nosotros también tenemos nuestra marca, nuestra historia y nuestro prestigio... y además tenemos la mejor hinchada del país, la más fiel e incondicional de todo Chile.

Nadie quiere que el nombre de la Universidad de Chile (la casa de estudios) termine enlodado por dirigentes que no dan el ancho. Michael Clark tendrá que responder ante la Justicia por el escándalo de Sartor, como corresponde. Pero el hincha, los más de 4 millones que siempre hemos apoyado al equipo del chuncho, los que sufrimos en Rancagua en 2011 y en el Mineirão en 2018, ¿qué culpa tenemos de toda esta injusticia?

Estamos cansados. Cansados del chantaje constante, de la amenaza velada cada año tras año proveniente desde la casa central de la Universidad de Chile. Estamos cansados de sentir que nuestra identidad está hipotecada. La U no es una pyme de la Rectoría universitaria. La U es el pueblo, es un país dentro de otro país. La U es el obrero humilde y esforzado, la U es el estudiante lleno de ilusiones, la U es el anciano nostálgico que escuchó la final contra Cobresal en diciembre del 94 en su radio a pilas.

La U es su gente.
Por eso, estaría bien que Azul Azul, por una vez en la vida, pónganse las pilas. Dejen de apagar incendios y compren de una vez por todas el nombre, la insignia y el himno a la casa de estudios. Hagan una colecta entre los hinchas, vendan un par de jugadores, hagan un aumento de capiral si quieren, pero terminen con esta agonía que nos tortura año a año. 

Porque un club sin nombre es un cuerpo sin alma. Y nosotros, los hinchas, ya entregamos el alma hace rato... o más bien no la podemos recuperar ante una universidad que nos nos aporta en nada. Como hinchas, solo pedimos que no nos sigan cobrando en cuotas por la identidad de un club que es mucho más que una pasión.

Que nunca más nos digan que la U no es nuestra. Porque la U, pase lo que pase, va a seguir siendo de su gente, porque la U es su gente. Aunque tengamos que refundarla en una plaza con una pelota de trapo, seguiremos defendiendo los colores azul y rojo, y el chuncho como una insignia de vida, como un estandarte que nos acompañará hasta el día de nuestra muerte.

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