lunes, 31 de agosto de 2026

El precio del petróleo sube por Trump, no por Kast

La brutal subida de las bencinas en Chile tiene un responsable mucho más lejano que el Gobierno de José Antonio Kast: la guerra en Medio Oriente impulsada por la política exterior de Donald Trump. Chile no produce petróleo en cantidades relevantes y, por tanto, importa inevitablemente los efectos de una crisis energética que se origina fuera de nuestras fronteras. Culpar al Ejecutivo por el precio internacional del crudo es confundir la causa con la consecuencia.


Trump, el gran culpable.

Hay momentos en que la política exige dejar de lado el eslogan ideológico y mirar los números. Y el caso del combustible es uno de ellos. Chile prácticamente no produce petróleo y depende del mercado internacional para abastecerse. Por eso, cuando una guerra altera la oferta, dispara el riesgo geopolítico y eleva el precio del barril, el impacto termina llegando a las estaciones de servicio chilenas. No existe decreto presidencial capaz de ordenar a los mercados internacionales que bajen el precio del petróleo. Mucho menos puede el Presidente de Chile controlar lo que ocurre en Medio Oriente.

La responsabilidad por este shock, entonces, no está en La Moneda. El origen está en una crisis internacional cuyo principal detonante político se encuentra en la guerra y en las decisiones adoptadas por Estados Unidos bajo Donald Trump. Si el petróleo internacional sube, Chile lo importa más caro. Y si el dólar también se mantiene elevado, la presión sobre el precio interno aumenta todavía más. Esa es la realidad de una economía abierta que necesita importar prácticamente todo el petróleo que consume.


El Mepco no puede convertirse en una caja sin fondo

Aquí aparece otro argumento que algunos parecen olvidar convenientemente: el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles, Mepco, no hace desaparecer el costo del petróleo. Simplemente permite amortiguar temporalmente y trasladar en el tiempo parte de las variaciones internacionales, utilizando recursos fiscales. Y precisamente ahí está el problema.

Pretender que el Estado mantenga indefinidamente un subsidio gigantesco para impedir que los consumidores enfrenten el verdadero precio de los combustibles puede sonar políticamente atractivo, pero es fiscalmente irresponsable. El Mepco no es una fuente mágica de dinero. Cada peso destinado a contener artificialmente el precio de las bencinas es un peso que debe salir de las arcas públicas.

Después de años de expansión del gasto, déficit y deterioro de las cuentas fiscales durante el gobierno de Gabriel Boric, el margen de maniobra del Estado no es infinito. El Gobierno de Kast recibió una situación fiscal delicada y no puede comportarse como si Chile tuviera recursos ilimitados para subsidiar cada shock externo que golpee a la economía.

Por eso, resulta profundamente contradictorio que quienes durante años defendieron un Estado cada vez más grande y más gasto público ahora exijan que ese mismo Estado absorba completamente el costo de una crisis petrolera internacional.


El Gobierno puede amortiguar el golpe, pero no fabricar petróleo

Eso no significa que el Gobierno deba cruzarse de brazos. Todo lo contrario. Su obligación es buscar mecanismos focalizados para proteger a las familias más vulnerables, evitar que el transporte público se vuelva impagable, apoyar a los sectores productivos más expuestos y contener, dentro de lo fiscalmente posible, el impacto inflacionario. Pero hay una diferencia fundamental entre mitigar las consecuencias y ser responsable de la causa.

El Presidente Kast puede modificar impuestos, reasignar recursos, congelar determinadas tarifas o implementar subsidios focalizados. Lo que no puede hacer es producir petróleo que Chile no tiene, controlar el precio del Brent, detener una guerra en Medio Oriente o decidir cuánto cobra el mercado internacional por cada barril. Por eso resulta intelectualmente deshonesto presentar el aumento de los combustibles como si fuera una decisión adoptada por el Gobierno chileno.

¿Y el impuesto específico? Existe, eso sí, una discusión legítima que Chile debe enfrentar: el impuesto específico a los combustibles. Cuando el petróleo internacional se dispara producto de una guerra, mantener intacta toda la carga tributaria sobre un combustible cuyo precio ya está siendo castigado por un shock externo merece, al menos, una discusión seria. No se trata necesariamente de eliminarlo para siempre, sino de analizar mecanismos extraordinarios y temporales mientras dure una situación extraordinaria.

Porque el consumidor chileno enfrenta un doble impacto: primero, paga un petróleo encarecido por una crisis internacional; después, sobre ese precio se aplican impuestos y otros componentes que terminan elevando todavía más el valor final.

Pero incluso una eventual reducción del impuesto específico debe hacerse con responsabilidad. No tiene sentido bajar impuestos financiándolo con nueva deuda y luego descubrir que el remedio terminó agravando la enfermedad fiscal.


La verdadera pregunta no es quién paga la cuenta, sino quién provocó la crisis

El debate debería ser mucho más serio que el habitual intercambio de consignas. Si el precio del petróleo internacional sube debido a una guerra, Chile necesariamente recibe ese golpe. Si además el país tiene poco espacio fiscal después de años de cuentas públicas deterioradas, la capacidad de subsidiar indefinidamente ese impacto se reduce todavía más. Eso no convierte a Kast en responsable del alza.

Una cosa es gobernar Chile y otra muy distinta gobernar el precio mundial del petróleo. El Gobierno debe responder por sus propias decisiones, por supuesto, y la oposición tiene todo el derecho a fiscalizarlo. Pero atribuirle la responsabilidad por una escalada internacional del crudo es simplemente buscar un culpable donde no está.

La realidad es bastante menos cómoda para quienes quieren convertir cada problema económico en una acusación contra La Moneda: Chile está pagando las consecuencias de una guerra que no provocó, en un mercado energético que no controla y con unas arcas fiscales que no permiten seguir financiando subsidios ilimitados.

La tarea de Kast, por tanto, no consiste en prometer que los combustibles volverán artificialmente a su precio anterior. Consiste en atravesar el temporal sin destruir las finanzas públicas, proteger a quienes más lo necesitan y preparar al país para que el próximo shock externo encuentre a Chile con una economía más fuerte.

Porque si algo demuestra esta crisis es una verdad incómoda: cuando un país depende del petróleo extranjero, las guerras de otros también terminan golpeando el bolsillo de sus ciudadanos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deje acá su comentario, el cual será revisado antes de aceptarse su publiación.
Muchas gracias por visitar este blog. Me alegra que le guste el contenido que acá se publica.