domingo, 5 de julio de 2026

La herencia Boric-Jara: El costo de encarecer el trabajo en Chile

Las 40 horas, la reforma previsional, el alza del sueldo mínimo y la Ley Karin dejaron un país con menos empleo, más informalidad y pymes asfixiadas. Kast recibe una economía con el freno puesto.


Desempleo y cesantía.
Chile llegó a 2026 con 37 meses de desempleo sobre el 8% y 9,4% de desocupación, el nivel más alto en cinco años. No es casualidad ni un fenómeno global. Es la factura que pagamos por un ciclo de políticas laborales impulsadas en tándem por Gabriel Boric y su entonces ministra del Trabajo, la comunista Jeannette Jara. Desde una mirada de derecha, lo que vendieron como “dignidad” se tradujo en encarecimiento del empleo, menor creación de puestos formales y miedo a contratar. 


Encarecer el trabajo: la receta para no contratar

El gobierno de Boric legisló tres golpes al costo laboral en menos de 4 años: reducción de jornada, alza del sueldo mínimo y aumento de cotización previsional con cargo al empleador.

La Ley 40 Horas, promulgada en abril de 2024, bajó la jornada de 45 a 44 horas de inmediato, con meta de 40 horas en 2028. Boric lo celebró como “un nuevo Chile más justo”. El Banco Central fue claro: esas medidas, junto al alza del salario mínimo, incidieron en una “debilidad en la creación de empleo”.

En paralelo, el sueldo mínimo saltó de $350.000 en marzo de 2022 a $500.000 en julio de 2023. El gobierno lo llamó “diálogo sin afectar el empleo”. La realidad: el desempleo completó 37 meses sobre 8% y promedió 8,6% en el periodo. Las pymes fueron las más golpeadas, con destrucción de 128.455 empleos asalariados formales en un año.


Ley Karin: el efecto no deseado en la contratación de mujeres jóvenes

A la trilogía económica se sumó la Ley Karin. Su objetivo era prevenir el acoso, pero en la práctica generó un desincentivo estructural. Muchas empresas, sobre todo pymes sin departamentos legales robustos, comenzaron a evitar contratar mujeres jóvenes para no exponerse a denuncias y costos judiciales. El resultado: el desempleo femenino llegó a 9,2% vs 8,1% en hombres. Se legisló con buena intención, se ejecutó con ideología, y se pagó con menos oportunidades.


Crecimiento anémico y herencia fiscal

Con costos laborales más altos y un Estado más caro, el crecimiento no despegó. Chile cerrará el ciclo Boric con un PIB promedio bajo el 2%, solo por sobre Bachelet II desde el retorno a la democracia. A eso suma una deuda bruta de 41,7% del PIB y un FEES en US$3.889 millones. Menos inversión, menos empleo formal, más informalidad: cerca de 2 millones de personas. 

El propio biministro de Economía, Daniel Mas, apuntó a “años de malas políticas públicas, bajo crecimiento y falta de prioridad por la creación de empleo”. Y reconoció que la reducción a 40 horas y el alza del mínimo “encarecieron los costos laborales y la posibilidad de generar o mantener los puestos de trabajo”. 


La pesada herencia del gobierno anterior

José Antonio Kast asume con una economía que heredó el dogmatismo de la dupla Boric-Jara: se legisló desde la consigna, no desde la realidad productiva. Se privilegió la redistribución antes que la generación de riqueza. El resultado está a la vista: desempleo alto, formalidad en caída, pymes destruyendo empleo y mujeres jóvenes pagando el pato de la Ley Karin.

Chile no necesita más leyes que encarezcan contratar. Necesita certezas, inversión y un Estado que entienda que el empleo no se decreta, se crea. Esa es la tarea que deja el gobierno anterior, y es el punto de partida del que viene.

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