jueves, 9 de octubre de 2025

El falso libertarismo y la necesidad de una derecha que sea realmente coherente 🧭

En Chile abundan los que se autodenominan “libertarios”, pero pocos lo son realmente. No representan una tercera vía, sino una mutación amorfa de la ultraderecha neoconservadora. El verdadero libertarismo debe rescatar la libertad, y apartarla de la xenofobia, el odio y la irracionalidad.


🔍 La confusión en la derecha chilena

Chile.
La derecha chilena atraviesa una profunda crisis de identidad. Por un lado, una centroderecha cobarde, temerosa y burocrática, incapaz de sostener sus principios ante el progresismo moral. Por otro, una ultraderecha ruidosa, odiosa y resentida, que ha convertido la xenofobia y el populismo en banderas.

Y en medio de ese panorama, han surgido supuestos “libertarios” que en realidad no lo son. No representan una tercera vía, sino una rama acomplejada del mismo tronco neoconservador. Se visten con el lenguaje de la libertad, pero mantienen los mismos prejuicios, el mismo autoritarismo y la misma intolerancia moral.

Estos falsos libertarios no creen en la libertad individual, sino en la libertad para imponer sus propios dogmas. Sólo defienden la libertad cuando se trata de libertad económica. Pretenden rebelarse contra el Estado, pero lo reemplazan por la inquisición de sus propias certezas. En esencia, no son liberales, sino conservadores disfrazados de rebeldes.


📚 Qué es realmente el libertarismo

El libertarismo auténtico se sostiene sobre el principio de no agresión (NAP): nadie tiene derecho a iniciar la fuerza contra otro individuo ni a coartar su libertad. De allí derivan la defensa de la propiedad privada, el libre mercado y la responsabilidad personal.

Murray Rothbard, padre del libertarismo moderno, lo resumió así: “La libertad política no es el fin más alto, sino la condición indispensable para alcanzar cualquier fin que un individuo valore”.

En otras palabras, el libertarismo no impone una moral, no dicta cómo vivir ni qué creer; sólo exige que nadie imponga su voluntad a los demás.

Por eso, el libertario genuino no puede ser xenófobo, antivacunas ni negacionista del cambio climático, porque todos esos comportamientos parten de una negación de la razón y de la evidencia, pilares de la libertad.

Friedrich Hayek lo explicó magistralmente: “El conocimiento científico es el único antídoto contra la superstición y el dogma político”. Un libertario que desprecia la ciencia es como un ateo que reza: una contradicción andante.


🌎 Libertarismo y xenofobia: una contradicción moral

Una parte de la derecha chilena —y particularmente estos falsos libertarios— ha caído en el error de asociar la legítima defensa de la soberanía con el desprecio al extranjero. Pero esa es una falsificación grotesca del pensamiento liberal clásico.

Ludwig von Mises, en Liberalismo (1927), fue tajante: “El liberal no conoce extranjeros; ve en todos los hombres seres humanos”. La xenofobia, por tanto, no es una postura política: es una falla moral e intelectual.

Defender las fronteras es totalmente legítimo y necesario para cualquier país; deshumanizar a quien llega a nuestro país con buenas intenciones, no es ni legítimo ni necesario. El libertarismo defiende el orden jurídico, no la paranoia cultural.

El mercado y la libertad florecen con la diversidad y el intercambio, no con la pureza ni el aislamiento.


💉 La ciencia y la libertad no se oponen

El libertarismo auténtico es racional o no es nada. Algunos falsos libertarios, durante la pandemia o en debates ambientales, han confundido escepticismo con conspiración, rechazando las vacunas o negando el cambio climático. Pero el libertarismo no exige negar la ciencia, sino defender la libertad dentro de un marco racional y basado en evidencia.

Ayn Rand lo dejó claro: “La razón es la única herramienta del conocimiento y el único medio de supervivencia del hombre”. Negar la evidencia científica en nombre de la libertad no es una defensa de la autonomía, sino un suicidio intelectual.

El principio de no agresión implica responsabilidad: si tu conducta puede dañar a otros (como propagar una enfermedad evitable), estás violando la libertad ajena. La libertad no es impunidad; es responsabilidad moral frente al prójimo.

Y respecto al cambio climático, lo libertario no es negar el fenómeno, sino proponer soluciones desde la innovación, la competencia y la propiedad privada, no desde la coerción estatal ni la histeria colectiva.


🏛️ Hacia una derecha coherente, seria y adulta

Chile necesita una derecha libertaria verdadera, no un carnaval de imitadores ni un club de opinólogos que confunden libertad con griterío.

Una derecha que defienda la propiedad y la libre empresa, pero también la dignidad irrestricta del individuo, la ciencia y la razón. Que entienda que sin cultura cívica ni respeto mutuo, la libertad se degrada en anarquía tribal.

El libertarismo no es un dogma cerrado ni una estética rebelde; es una filosofía ética y política, una manera de entender al ser humano como agente racional y responsable de su propio destino.

Como escribió Thomas Jefferson, “la libertad no se preserva sin virtud ni la virtud sin libertad”.


⚖️ Libertarios de verdad, no impostores disfrazados

Chile no necesita más falsos libertarios que buscan excusar su intolerancia bajo la bandera de la libertad. Necesita pensadores y líderes que comprendan que la libertad es inseparable de la razón, de la verdad y del respeto al otro.

No hay libertarismo posible sin ciencia. No hay libertad posible sin moral. Y no hay futuro posible si la derecha sigue confundiendo la rebeldía con la irracionalidad.

Porque, como advirtió Hayek, “no hay libertad donde el hombre teme pensar”. Y en Chile, ya es hora de pensar —de verdad— en libertad.

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