Entre la tibieza de la centroderecha y el fanatismo de la ultraderecha, el libertarismo ofrece una salida racional y moral: defender la libertad sin odio, y la propiedad sin soberbia.
🌐 Una derecha que perdió el rumbo
La derecha chilena se encuentra en un laberinto ideológico profundo. Nos encontramos entre una centroderecha blandengue, timorata y temerosa, que busca el aplauso del "progresismo" para sentirse “moderada”, y una ultraderecha estridente e intolerante, que confunde patriotismo con xenofobia, donde el espacio para una reflexión seria sobre la libertad parece haberse evaporado.
Como advirtió Friedrich Hayek en "Camino de servidumbre", “la libertad no sólo se pierde por la acción de los enemigos declarados del liberalismo, sino también por la cobardía de sus supuestos defensores”. En Chile, esa advertencia resuena con fuerza. Una parte de la derecha ha renunciado a dar la batalla cultural; la otra, la da desde el resentimiento y no desde los principios de la libertad sin condicionales.
El resultado es predecible: en nuestro país tenemos una derecha profundamente fragmentada, incapaz de ofrecer un proyecto coherente de país, atrapada entre la claudicación y el fanatismo.
🧭 La necesidad de una “tercera vía": la vía libertaria... pero libertaria de verdad
El libertarismo, entendido como la defensa integral de la libertad individual, la propiedad privada y el mérito, ofrece la posibilidad de una “tercera vía” dentro de la derecha chilena: una corriente que no transa con el socialismo ni se contamina con el autoritarismo.
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| Libertarismo. |
El libertarismo moderno, como plantea Ayn Rand, reconoce que “el derecho a la vida es el derecho a actuar según el propio juicio”. Ese principio incluye a todos, sin importar su origen, color de piel o pasaporte. Defender la libertad implica defender la igualdad ante la ley, no la uniformidad cultural forzada.
🚫 El error moral de la xenofobia
Chile no puede avanzar si una parte de su derecha sigue presa de un discurso xenófobo, populista, malintencionado y desinformado. Culpar al inmigrante de los problemas estructurales del país es intelectualmente deshonesto y políticamente destructivo.
Como señalaba Ludwig von Mises en "Liberalismo", “el liberal no conoce extranjeros; ve en todos los hombres sólo seres humanos”. La xenofobia, en cambio, convierte al prójimo en enemigo y al miedo en bandera. Esa no es la derecha del siglo XXI: es una derecha medieval, o por lo menos decimonónica.
Chile necesita una derecha que defienda fronteras, no prejuicios; que exija orden, pero sin despreciar la dignidad del otro. Una derecha que comprenda que el progreso —económico, moral y cultural— florece allí donde hay libertad y cooperación voluntaria, no desconfianza ni tribalismo.
💡 Principios de una derecha moderna y libertaria
Una tercera vía libertaria debe reposar sobre cuatro pilares fundamentales:
- Libertad y propiedad privada: el Estado no es el motor del progreso, sino su obstáculo. La prosperidad nace de la iniciativa individual.
- Meritocracia y competencia: Chile debe premiar el esfuerzo y no el clientelismo. Como decía Milton Friedman, “una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad no obtiene ninguna de las dos”.
- Institucionalidad democrática: la defensa del Estado de Derecho es irrenunciable. Sin reglas claras, no hay libertad posible.
- Inclusión sin colectivismo: la libertad no tiene color ni pasaporte. La integración social no es un favor, es una consecuencia natural de la libertad.
🤝 Firmeza y diálogo: el nuevo desafío
Defender la libertad no implica negar el diálogo, sino practicarlo desde la convicción. Una derecha moderna no puede encerrarse en trincheras ideológicas. Debe ser capaz de convencer, no imponer; educar, no gritar.
Como escribió Karl Popper, “la verdadera tolerancia consiste en no tolerar la intolerancia”. El libertarismo no puede ni debe convivir con el supremacismo o el fanatismo, aunque éstos se disfracen de patriotismo.
🔔 Conclusión: libertad con sentido humano
Chile necesita una nueva derecha, pero que sea de verdad: firme en principios, pero abierta en espíritu. Una derecha que entienda que la libertad sin compasión se vuelve arrogancia, y que la compasión sin libertad se convierte en servidumbre.
Esa es la tercera vía libertaria: ni tibieza ni odio. Libertad con alma, propiedad con responsabilidad y patria sin prejuicio. Porque defender la libertad no es un acto de egoísmo, sino un acto de confianza profunda en la naturaleza misma del ser humano.

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