miércoles, 5 de agosto de 2026

La U no tiene color político: apropiarse del club es traicionar su verdadera identidad

Desde hace años, algunos sectores de la ultraizquierda chilena han intentado instalar la falsa idea de que Universidad de Chile es, por esencia, un "equipo de izquierda". Sin embargo, esa afirmación no sólo carece de sustento institucional e histórico, sino que contradice uno de los principios fundamentales que han definido al club desde sus orígenes: ser una institución laica y pluralista. La U pertenece a todos sus hinchas, no a una ideología política determinada.

Universidad de Chile.

Pocas frases son tan odiosas y se repiten tanto en el fútbol chileno como aquella que asegura absurdamente que "la U es un equipo de izquierda". Esta mentira se ha transformado en una especie de lugar común, repetido por dirigentes de barras, activistas políticos e incluso algunos comentaristas, como si se tratara de una verdad indiscutible.

Sin embargo, basta revisar la identidad institucional de Universidad de Chile para comprobar que ese relato no resiste un análisis serio. La U nunca ha sido un partido político, ni un movimiento ideológico, ni una organización creada para representar una determinada visión del país. Es una institución deportiva que nació bajo el alero de la principal universidad pública del país y que hizo del laicismo y del pluralismo dos de sus principales valores.

Precisamente por eso resulta preocupante que algunos intenten apropiarse de su historia para convertirla en patrimonio exclusivo de un determinado sector político.


¿Qué pluralismo sería ese?

Universidad de Chile se define históricamente como una institución laica y pluralista. Esos son los dos principios básicas de la institución del chuncho. Pero esa definición tiene un significado concreto. El pluralismo supone la convivencia de personas con ideas distintas, el respeto por la diversidad y la aceptación de que nadie tiene el monopolio absoluto de la verdad.

Entonces cabe hacerse una pregunta muy simple. ¿Qué clase de pluralismo sería aquel donde sólo tendrían cabida quienes adhieren a la izquierda o a la ultraizquierda? La respuesta es evidente: ninguno.

Si algunos sostienen que sólo quienes profesan una determinada ideología representan el verdadero espíritu azul, entonces dejan de hablar de pluralismo para abrazar el sectarismo. Porque excluir simbólicamente a millones de hinchas por pensar distinto es exactamente lo contrario del espíritu que ha caracterizado históricamente a Universidad de Chile.


Los clubes politizados son una excepción absoluta en el fútbol mundial

En el fútbol profesional sí existen muy pocos clubes cuya identidad haya quedado fuertemente asociada a una determinada corriente política, pero son poquísimos.

Quizás el caso más emblemático sea el del Livorno, en Italia. Durante décadas, la ciudad fue uno de los principales bastiones del antiguo Partido Comunista Italiano (PCI), y su hinchada desarrolló una identidad profundamente vinculada al comunismo, exhibiendo con frecuencia banderas del PCI, retratos de Karl Marx, Vladimir Lenin y Ernesto "Che" Guevara, además de consignas de la izquierda radical. Aquella identificación convirtió al Livorno en un símbolo político dentro del fútbol italiano, aunque el club nunca estuvo formalmente afiliado al Partido Comunista Italiano ni fue su brazo deportivo.

Otro caso ampliamente conocido es el del FC St. Pauli, en Alemania, cuya cultura de hinchas se caracteriza por identificarse con valores antifascistas, antirracistas y de izquierda alternativa. Se trata, sin embargo, de dos casos excepcionales que responden a contextos históricos muy particulares, y muy distintos a los de cualquier club chileno. 

Universidad de Chile nunca ha pertenecido a esa categoría. La U jamás ha adoptado oficialmente una ideología política, nunca ha sido el club de un partido ni ha condicionado la pertenencia de sus socios o hinchas a una determinada visión del país. Y, afortunadamente, está muy lejos de serlo.


La historia que casi nadie cuenta: el único terreno propio que tuvo la U fue Lampa

Existe una confusión histórica en torno al supuesto “terreno perdido” por Universidad de Chile para construir su estadio. Los terrenos de San Luis de Las Condes, donde hoy se encuentra el Parque Araucano, pertenecían a la Universidad de Chile como casa de estudios y no al Club Deportivo, por lo que no puede afirmarse que el club haya perdido allí un estadio propio a causa del golpe de 1973. Algo similar ocurre con las 355 hectáreas que la Universidad posee en La Granja desde 1965: pese a su enorme extensión, nunca existió allí un proyecto concreto de la casa de estudios para construir el estadio del club de fútbol. Sin embargo, por motivos políticos de ciertos fanáticos termocéfalos, muchos omiten gran parte de esa verdad.

La verdadera oportunidad llegó con Lampa. Durante la presidencia de René Orozco, el Club Deportivo Universidad de Chile adquirió unas 127 hectáreas para desarrollar la Ciudad Deportiva Azul, convirtiéndose en el único gran terreno que perteneció directamente al club y sobre el cual pudo decidir autónomamente la construcción de un estadio. La posterior quiebra provocó la pérdida de ese patrimonio. Por eso, más que seguir atrapados en disputas sobre el pasado, y seguir manchando el fútbol con debates políticos, el desafío debería ser mirar hacia adelante y buscar fórmulas como concesiones o alianzas público-privadas que permitan concretar un estadio propio, integrado además a un proyecto urbano que beneficie a toda la comunidad.


La verdadera riqueza de la U está en su enorme diversidad

Las tribunas del Estadio Nacional hablan por sí solas. En ellas conviven estudiantes, trabajadores, empresarios, profesionales, comerciantes, funcionarios públicos, jubilados, creyentes, agnósticos, personas de izquierda, de centro, de derecha e incluso miles que simplemente no se sienten representados por ningún sector político. Nadie recibe un carnet ideológico cuando se hace hincha de Universidad de Chile.

La única condición ha sido siempre querer la camiseta, emocionarse con sus triunfos, sufrir sus derrotas y acompañarla incluso en los momentos más difíciles. Esa transversalidad explica buena parte de la enorme convocatoria que tiene el club a lo largo de Chile.

Una de las grandes equivocaciones consiste en creer que los símbolos o consignas puntuales que puedan exhibir determinados grupos de hinchas representan automáticamente a toda la institución. No es así. Las barras no son el club. Son parte de su gente, pero no son su totalidad. Tampoco representan a los millones de hinchas que siguen a Universidad de Chile desde Arica hasta Magallanes.

Una parte de la barra puede tener determinadas expresiones ideológicas, donde hay piños puntuales que efectivamente sí las tienen. La institución, en cambio, pertenece a todos.


La apropiación política empobrece al club

Que existan miles de hinchas de la U que son de izquierda es completamente legítimo. Como también existen miles de hinchas de centro, de derecha y personas sin ninguna identificación política. Todos tienen exactamente el mismo derecho a sentirse representados por la camiseta azul.

El problema aparece cuando algunos intentan convertir una preferencia política en la identidad oficial del club, tratando de apropiarse para sí mismos una institución maravillosa como lo es Universida de Chile.

Porque al afirmar que "la U es de izquierda" se transmite, aunque sea de manera implícita, la idea de que quienes piensan distinto serían menos auténticos, menos representativos o menos azules... lo que es totalmente falso y ridículo

Universidad de Chile.
Ese discurso odioso de apropiación política de un equipo de fútbol no une, sino que divide a los hinchas. Y un club cuya esencia ha sido históricamente el pluralismo no puede aceptar que una minoría pretenda apropiarse de una identidad que pertenece a millones de personas.


La U pertenece a todos

La grandeza de Universidad de Chile nunca ha estado en una ideología. Ha estado en su capacidad para convocar a personas completamente distintas bajo un mismo escudo. La U pertenece al obrero y al empresario. Al estudiante y al profesor. Al creyente y al no creyente. Al hincha de izquierda, al de centro y al de derecha. Ese es el verdadero significado de ser una institución laica y pluralista.

Por eso mismo que resulta tan equivocado intentar convertir a Universidad de Chile en patrimonio exclusivo de un sector político. No sólo porque la historia institucional del club nunca ha respaldado esa idea, sino porque hacerlo implica negar el principio que mejor define a la U: su capacidad para reunir a personas distintas en torno a una misma pasión.

Afortunadamente, Universidad de Chile sigue siendo mucho más grande que cualquier ideología. Y ojalá siga siéndolo por muchos años más, porque el día en que el club deje de pertenecerles a todos sus hinchas para transformarse en la bandera de una sola corriente política, habrá perdido una de las características que lo han convertido en una de las instituciones deportivas más importantes y queridas de Chile.

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