La historia que casi nadie cuenta
| U. de Chile. |
La principal confusión radica en mezclar dos instituciones que, aunque estuvieron estrechamente vinculadas durante muchos años, nunca fueron exactamente lo mismo: la Universidad de Chile, como casa de estudios, y el Club Deportivo Universidad de Chile. Esa diferencia jurídica y patrimonial es fundamental para entender por qué el estadio azul nunca llegó a construirse.
Apoquindo: un terreno de la Universidad, no del club
Los terrenos de San Luis de Las Condes, donde hoy se encuentran el Parque Araucano y su entorno, pertenecían a la Universidad de Chile. Existieron distintas iniciativas y estudios relacionados con infraestructura deportiva universitaria, pero nunca hubo una decisión institucional irreversible de construir allí el estadio del club de fútbol... ni mucho menos.
Con el paso de los años se instaló el relato ideológico de que "el golpe militar frustró el estadio de la U". Sin embargo, esa interpretación suele omitir un aspecto esencial: la propietaria de esos terrenos era la Universidad de Chile (la casa de estudios), cuya misión principal siempre fue el desarrollo académico, científico y patrimonial de la institución, no la construcción de estadios de fútbol profesional.
Si realmente hubiese existido una política institucional permanente destinada a dotar al club de un estadio, la oportunidad no habría terminado con la expropiación de los terrenos de Apoquindo.
Demostración jurídica
Esto adquiere una importancia especial después de la reactivación de CORFUCH. El 18 de julio de 2025 el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos oficializó la reactivación de la corporación, después del sobreseimiento definitivo de su quiebra en 2019.
De este modo, bastaría con que la Corfuch pudiera demostrar en tribunales que ese terreno en Las Condes efectivamente fue del Club Deportivo Universidad de Chile (y no de la casa de estudios), para que como acto de reparación pudiese exigirle al Estado un terreno similar en otro lugar de la Región Metropolitana, aprobado para construir ahí un estadio. Si no lo ha hecho hasta ahora, es porque saben que no existen las pruebas jurídicas para demostrar tal propiedad.
La prueba histórica está en La Granja
Existe un argumento que rara vez se incorpora a este debate, y que vale la pena destacarlo. La Universidad de Chile posee desde 1965 una enorme cantidad de terrenos estatales en La Granja, una superficie considerablemente mayor que la existente en San Luis. De hecho, esa superficie ocupa cerca de 355 hectáreas, es decir ahí se podrían construir varios estadios grandes de fútbol, uno al lado de otro. Si para la casa de estudios hubiese sido prioritario construir el coloso propio del club, ese era el lugar ideal para hacerlo... y nunca ocurrió. De hecho, hasta ahora ni siquiera ha sido una posibilidad.
Desde 1999, la Universidad destinó esos terrenos a otros fines institucionales, coherentes con su naturaleza como universidad pública e institución de educación superior. Esa decisión demuestra que la construcción de un estadio de fútbol nunca formó parte de sus prioridades estratégicas. De hecho, el terreno estuvo más de 30 años desocupado, y nunca exisitió ninguna opción (ni remota) de levantar ahí un coliseo deportivo.
Por esto mismo que resulta difícil sostener que de verdad alguna vez existió una voluntad institucional permanente de levantar un recinto para Universidad de Chile que simplemente fue interrumpida por acontecimientos políticos. La evidencia histórica muestra más bien que el estadio nunca ocupó un lugar prioritario dentro de las decisiones patrimoniales de la casa de estudios.
El verdadero patrimonio perdido: Lampa
La situación cambia completamente cuando se analiza el proyecto encabezado por el doctor René Orozco. Durante su presidencia, el Club Deportivo Universidad de Chile adquirió aproximadamente 127 hectáreas en Lampa. A diferencia de los casos anteriores, este terreno sí pertenecía al club y constituía un activo propio de la institución.
Allí se desarrolló la Ciudad Deportiva Azul, un proyecto que contemplaba instalaciones deportivas de primer nivel y que ofrecía espacio suficiente para levantar, en el futuro, un estadio de gran capacidad.
Por primera vez en su historia, Universidad de Chile disponía de un terreno propio sobre el cual podía decidir sin depender de la Universidad de Chile, del Estado o de terceros.
La posterior quiebra del club provocó la pérdida de ese patrimonio. Desde esa perspectiva, puede sostenerse que el único y verdadero terreno que Universidad de Chile perdió para construir un estadio no fue Apoquindo, sino Lampa.
Mirar hacia adelante, no hacia atrás
| U. de Chile |
Una posibilidad sería identificar un terreno fiscal o municipal sin uso estratégico y desarrollar un proyecto mediante una concesión de largo plazo, donde el club financie íntegramente la construcción y operación del estadio, lo cual es poco probable. Otra opción (mucho más realista) consiste en establecer alianzas público-privadas que permitan recuperar sectores industriales o eriazos, generando nuevos polos urbanos con áreas verdes, infraestructura deportiva, comercio y espacios comunitarios. Lo ideal sería que el capital lo ponga una empresa internacional, por la vía de los naming rights o derechos de nombre del recinto.
El proyecto también podría incorporar exigencias que beneficien directamente a la ciudad: mejoras viales, nuevos parques, medidas de mitigación ambiental, seguridad, transporte público reforzado y apertura permanente de parte de las instalaciones para actividades vecinales y deportivas.
En otras palabras, el estadio no debería entenderse únicamente como la casa propia de Universidad de Chile, sino como un proyecto urbano capaz de aportar desarrollo al sector donde se construya.
El debate debe basarse en hechos concretos
La historia del estadio de Universidad de Chile merece ser discutida con rigor y sin simplificaciones.
Es legítimo sostener distintas interpretaciones sobre los proyectos que existieron en los terrenos de la Universidad de Chile. Lo que parece más difícil de controvertir es que el único gran terreno cuya propiedad correspondió efectivamente al Club Deportivo Universidad de Chile fue el de Lampa. Allí el club tuvo, por primera y única vez, la posibilidad real de decidir autónomamente sobre la construcción de un estadio.
Quizás la mayor enseñanza que deja esa historia es que el futuro estadio azul dependerá menos de reinterpretar el pasado que de construir acuerdos políticos, urbanísticos y sociales que hagan posible una obra largamente esperada por millones de hinchas.
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