miércoles, 19 de agosto de 2026

Chile necesita volver a crecer: la megarreforma de Kast y el camino para salir del estancamiento

El primer semestre de 2026 dejó una economía prácticamente paralizada, con dos trimestres de variación negativa y una inversión todavía débil. Pero el problema de Chile no es solamente un mal ciclo económico: es, sobre todo, un problema de crecimiento potencial. La agenda de reconstrucción impulsada por el Presidente José Antonio Kast apunta precisamente a modificar las condiciones que durante años han frenado la inversión, el empleo y la productividad.


Presidente Kast.

Hay una discusión legítima sobre si Chile estuvo técnicamente en recesión durante el primer semestre de 2026. El Banco Central informó que el PIB cayó 0,3% interanual en el primer trimestre y 0,2% en el segundo, mientras que, en términos desestacionalizados, el segundo trimestre no mostró variación respecto del anterior. Por eso, algunos economistas hablan derechamente de recesión técnica y otros prefieren describir el escenario como un estancamiento. La discusión semántica, sin embargo, es secundaria frente al problema de fondo: Chile está creciendo demasiado poco.

Y ese diagnóstico no nace con este Gobierno. Es el resultado de una década en que el país perdió dinamismo, inversión y productividad. El propio Gobierno del Presidente José Antonio Kast ha planteado que el Plan de Reconstrucción Nacional busca enfrentar ese estancamiento mediante más de 40 medidas centradas en impuestos, empleo, inversión, regulación, certeza jurídica y disciplina fiscal.

La buena noticia es que comienzan a aparecer señales de un posible cambio de tendencia. El Imacec de junio creció 2,4% interanual y 0,6% respecto del mes anterior en términos desestacionalizados, impulsado por minería, servicios y comercio. Pero sería un error cantar victoria por un solo dato. El desafío verdadero es conseguir que ese repunte se transforme en una recuperación sostenida durante el segundo semestre y, sobre todo, en un crecimiento considerablemente mayor durante 2027. Y ahí es donde la megarreforma económica de Kast adquiere especial importancia.


El problema de Chile no es solamente el ciclo: es el crecimiento potencial

Una economía puede atravesar un mal trimestre por razones externas. Una huelga minera, un fenómeno climático, una caída temporal de la pesca o un aumento abrupto del precio del petróleo pueden golpear la actividad sin que ello implique necesariamente un deterioro estructural.

Parte importante de lo ocurrido durante el primer semestre responde precisamente a factores de ese tipo. La minería y la pesca estuvieron entre los sectores más golpeados, mientras la construcción también mostró debilidad. El problema aparece cuando estos shocks encuentran una economía que ya viene creciendo poco. Ahí está la diferencia entre recuperar la actividad y recuperar el crecimiento.

Chile puede crecer 2% durante algunos trimestres simplemente porque salió de una fase débil. Pero eso no significa necesariamente que haya recuperado su capacidad para crecer a tasas altas durante una década. Para eso se necesita inversión, productividad, innovación, capital humano y reglas que permitan a las empresas asumir proyectos de largo plazo.

En otras palabras: Chile no necesita solamente un rebote; necesita cambiar las condiciones que determinan cuánto puede crecer.


Acemoglu y una idea fundamental: las instituciones importan

Uno de los economistas más influyentes del siglo XXI, Daron Acemoglu (ganador del premio Nobel de Economía), junto con Simon Johnson y James Robinson, ha desarrollado una de las explicaciones más importantes sobre las diferencias de prosperidad entre países: las instituciones económicas determinan los incentivos y las restricciones que enfrentan quienes producen, invierten e innovan. La idea resulta particularmente pertinente para Chile.

Cuando obtener un permiso demora años, cuando un proyecto enfrenta incertidumbre regulatoria, cuando las reglas tributarias cambian constantemente o cuando una inversión de largo plazo no puede prever razonablemente cuál será su carga tributaria futura, el problema no es simplemente burocrático. Es económico.

La incertidumbre modifica decisiones. Una empresa puede decidir invertir menos, postergar una ampliación o llevar su capital a otro país. Un emprendedor puede preferir no contratar. Un proyecto minero o energético puede quedar esperando durante años.

Por eso resulta relevante que la reforma de Kast no se limite a bajar impuestos. El proyecto contempla también agilizar permisos, reducir trabas regulatorias y fortalecer la certeza jurídica, incluyendo una invariabilidad tributaria para inversiones superiores a US$50 millones durante 25 años.

No se trata simplemente de favorecer a una empresa. Se trata de modificar los incentivos para que vuelva a ser atractivo comprometer capital en Chile durante diez, veinte o treinta años.


La inversión necesita una señal potente

El segundo gran problema es la inversión. Durante el segundo trimestre, la formación bruta de capital fijo no registró variación, debido a la caída de la construcción y las obras, compensada parcialmente por el aumento de maquinaria y equipos. Ese dato es especialmente preocupante porque la inversión de hoy determina buena parte de la capacidad productiva de mañana.

Aquí aparece otra contribución relevante de la economía contemporánea. Philippe Aghion, Ufuk Akcigit y Peter Howitt han desarrollado el llamado paradigma de crecimiento schumpeteriano, que pone en el centro la innovación, la competencia, la entrada y salida de empresas y la llamada destrucción creativa.

La enseñanza para Chile es clara: una economía no puede depender indefinidamente de explotar lo que ya tiene. Necesita invertir permanentemente para producir más y mejor. Eso requiere capital.

Una nueva mina necesita capital. Una planta de procesamiento necesita capital. Un parque solar necesita capital. Una fábrica necesita capital. Una empresa tecnológica necesita capital. Una ampliación de una pyme necesita capital.

Por eso una reducción gradual del impuesto corporativo desde 27% hasta 23%, acompañada de la reintegración del sistema tributario, no debería analizarse solamente desde cuánto recauda el Estado durante un año determinado. También debe analizarse desde qué incentivos genera para invertir, expandirse y contratar durante los años siguientes. Es precisamente una de las medidas centrales del Plan de Reconstrucción Nacional.


Menos impuestos, pero con una condición: más inversión

La defensa de la rebaja tributaria no debería convertirse en una cuestión ideológica. La pregunta correcta es mucho más sencilla: ¿qué hace que una empresa invierta?

Una parte de la respuesta está en la rentabilidad esperada. Si el Estado reduce la rentabilidad después de impuestos de una inversión, disminuye su atractivo. Si, en cambio, mejora las condiciones para que esa inversión sea rentable y previsible, aumentan los incentivos para realizarla.

Esto no significa que toda rebaja tributaria se transforme automáticamente en crecimiento. Ese sería un argumento demasiado simplista. La rebaja debe estar acompañada por estabilidad fiscal, competencia, productividad, infraestructura, capital humano y buenas instituciones.

Precisamente por eso la propuesta de Kast es más interesante cuando se observa como un paquete completo: menor carga tributaria, incentivos al empleo, reducción de burocracia, certeza jurídica y disciplina fiscal.

El Gobierno ha planteado, además, una meta ambiciosa: acercar el crecimiento al 4% anual hacia el final de la década y reducir el desempleo hasta 6,5%. No es una meta que pueda conseguirse mediante una sola reforma. Pero sí requiere comenzar por cambiar las condiciones que actualmente desalientan la inversión.


Cochrane: cuando el impuesto castiga la inversión, también castiga el crecimiento

Un argumento particularmente potente para defender la rebaja tributaria propuesta por Kast proviene del destacado economista de Stanford, John H. Cochrane, uno de los referentes contemporáneos de la teoría fiscal. Cochrane ha insistido en que el análisis tributario debe concentrarse en los incentivos: no basta con preguntarse cuánto recauda un impuesto, sino también qué comportamiento genera en quienes trabajan, ahorran, invierten y emprenden. En 2025 fue explícito al señalar que el principio económico relevante es reducir las tasas impositivas y mejorar los incentivos para el crecimiento.

Esta mirada resulta especialmente pertinente para Chile. Una empresa que sabe que una parte importante de la rentabilidad adicional de una nueva planta, una ampliación o un proyecto minero será absorbida por impuestos tendrá menos incentivos para comprometer capital. Por eso, reducir el impuesto corporativo desde 27% a 23% puede ser mucho más que una rebaja contable: puede convertirse en una señal de que Chile quiere volver a competir por inversión. La evidencia reciente sobre la rebaja tributaria empresarial estadounidense de 2017, estudiada por Gabriel Chodorow-Reich, Owen Zidar y Eric Zwick, muestra precisamente que las empresas que experimentaron una mayor reducción de su carga tributaria efectiva aumentaron relativamente más su inversión; los autores estiman que la inversión corporativa tangible aumentó alrededor de 11% en agregado, aunque los efectos sobre el crecimiento fueron bastante menores que los anunciados por los defensores de la reforma.

La conclusión para Chile debe ser prudente, pero también clara: bajar impuestos no garantiza por sí solo un boom económico, pero mantener impuestos elevados y un sistema complejo tampoco es gratis. Si la rebaja tributaria se combina —como pretende la reforma de Kast— con simplificación regulatoria, certeza jurídica, incentivos al empleo y disciplina fiscal, entonces deja de ser simplemente una política de alivio tributario y pasa a formar parte de una estrategia destinada a modificar los incentivos que determinan cuánto se invierte y cuánto puede crecer el país.


El empleo es la prueba definitiva

Hay un indicador que debería estar por encima de cualquier discusión entre economistas: el empleo. Una economía que crece poco tiene dificultades para generar suficientes puestos de trabajo. Y cuando el desempleo permanece elevado durante demasiado tiempo, el problema deja de ser exclusivamente macroeconómico: afecta directamente a las familias.

Por eso es relevante que el Plan de Reconstrucción incluya un crédito tributario asociado al empleo formal. La lógica económica es razonable: si contratar formalmente resulta demasiado costoso, reducir parte de ese costo puede aumentar el incentivo a contratar.

El crecimiento no es una cifra abstracta publicada una vez al mes por el Banco Central. Es la diferencia entre encontrar o no encontrar trabajo. Es la posibilidad de que una pyme pueda contratar a su primer trabajador. Es que una familia pueda acceder a una vivienda. Es que un joven pueda encontrar una oportunidad sin tener que emigrar.

Por eso la discusión sobre crecimiento debe recuperar una dimensión que muchas veces se pierde entre estadísticas: crecer es crear oportunidades.


2026 puede ser el año del piso; 2027, el de la recuperación

Las proyecciones actuales apuntan a un crecimiento bastante modesto para 2026, mientras las expectativas para 2027 son considerablemente mejores. El mercado ha comenzado a apostar por una recuperación cercana al 3% durante el próximo año, aunque con riesgos todavía importantes. El punto decisivo será la inversión.

Si durante el segundo semestre comienzan a destrabarse proyectos que hoy están esperando permisos, si la minería recupera dinamismo, si la construcción vuelve a crecer y si las nuevas reglas tributarias entregan suficiente certeza para comprometer capital, entonces 2027 podría convertirse en el primer año de una recuperación más robusta. Pero para eso hay que evitar un error frecuente: creer que basta con que el PIB deje de caer. Salir del estancamiento no significa simplemente volver a crecer; significa crecer más rápido que antes. Y Chile tiene espacio para hacerlo.


Dani Rodrik y la importancia de remover los obstáculos al crecimiento

El economista de Harvard Dani Rodrik ha insistido durante años en que las políticas de desarrollo no pueden reducirse a una receta única y que las restricciones concretas que frenan la inversión y la productividad deben ser identificadas y removidas.

Esa mirada resulta útil para interpretar la reforma de Kast. Chile no tiene un único problema económico. Tiene varios: baja productividad, débil inversión, permisos excesivamente largos, incertidumbre regulatoria, un mercado laboral poco dinámico y una estructura tributaria que durante años se ha vuelto más compleja. Por eso es importante que la reforma tenga varios frentes.

El propio Gobierno ha estructurado el proyecto en cinco grandes áreas: competitividad tributaria, empleo formal, facilitación regulatoria, certeza jurídica y orden fiscal. La virtud de esa estrategia está justamente en no apostar todo a una sola variable.


El desafío fiscal: crecer también es una política social

Existe, además, una razón fiscal para defender el crecimiento. Un país que no crece tiene cada vez menos espacio para financiar sus necesidades sociales. Si el gasto aumenta mientras la economía permanece estancada, la deuda termina ocupando el espacio que debería ocupar la inversión.

Por eso una estrategia de crecimiento no puede ser presentada como enemiga de las políticas sociales. En el largo plazo ocurre exactamente lo contrario: sin crecimiento sostenido, resulta cada vez más difícil financiarlas.

El Gobierno de Kast ha acompañado la agenda proinversión con un esfuerzo de contención del gasto. En su Cuenta Pública, el Ejecutivo informó medidas de ajuste por más de $1,3 billones y vinculó explícitamente el crecimiento con la necesidad de generar empleo y mejorar las oportunidades.

La responsabilidad fiscal, por tanto, no debería ser vista como una obsesión contable. Es parte de la confianza que necesita una economía para invertir.


La oportunidad de volver a creer en Chile

La gran pregunta para los próximos meses no es si el PIB del segundo trimestre cayó 0,2% o si corresponde llamarlo recesión técnica. La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿será Chile capaz de volver a convertirse en un país donde resulte atractivo invertir, emprender, contratar e innovar?

La teoría económica contemporánea ofrece razones para pensar que las instituciones, los incentivos y la innovación son determinantes del crecimiento de largo plazo. Acemoglu ha puesto el énfasis en la calidad institucional; Aghion y sus coautores, en la innovación y la competencia; la literatura moderna sobre regulación ha encontrado también una relación entre mejores regulaciones y mayores tasas de crecimiento. Un estudio comparativo sobre regulación empresarial, por ejemplo, estimó que pasar desde el cuartil de peores regulaciones al de mejores regulaciones se asociaba con un aumento significativo del crecimiento anual.

Eso no significa que estos economistas respalden las políticas específicas del Gobierno de Kast. Significa algo más interesante: varias de las herramientas utilizadas por el Gobierno coinciden con mecanismos que la economía moderna identifica como relevantes para aumentar la productividad y el crecimiento.

La megarreforma, por tanto, no debería evaluarse únicamente por su impacto inmediato sobre el PIB de 2026. Su verdadero examen será mucho más exigente: comprobar si consigue cambiar las decisiones de inversión, aumentar la productividad, acelerar proyectos, crear empleos formales y elevar el crecimiento potencial de Chile.


El verdadero juicio sobre Kast será el crecimiento

José Antonio Kast recibió una economía que no podía conformarse con administrar la mediocridad. El primer semestre de 2026 demuestra precisamente por qué. Dos trimestres de caída, inversión estancada y un mercado laboral débil no son el resultado de un solo problema coyuntural. Hay shocks externos, ciertamente, pero también existen restricciones internas que Chile arrastra desde hace años.

Por eso la respuesta no puede consistir simplemente en esperar que suba el precio del cobre o que la minería vuelva a empujar las estadísticas. Chile necesita volver a invertir. Necesita volver a construir. Necesita volver a contratar. Necesita volver a innovar. Y, sobre todo, necesita recuperar la convicción de que crecer no es una palabra reservada para los economistas, sino la condición material para que millones de chilenos puedan vivir mejor.

El dato de junio —un Imacec de 2,4%— permite mirar el segundo semestre con algo más de optimismo. Pero el verdadero punto de inflexión será comprobar si la agenda económica de Kast logra transformar ese primer brote de recuperación en una tendencia duradera.

Si la megarreforma consigue reducir la incertidumbre, acelerar la inversión, estimular el empleo y mejorar la productividad, 2026 podría terminar siendo recordado como el año en que Chile tocó fondo y comenzó a cambiar de rumbo. Y 2027 podría ser algo mucho más importante: el año en que Chile vuelva a crecer con fuerza.

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