La U perdió 2-1 ante Colo Colo en el Estadio Nacional y dejó escapar un partido que, especialmente en el segundo tiempo, tuvo al equipo azul buscando con insistencia el empate. El resultado no sólo duele por perder el clásico: también deja al archirrival con una ventaja de 13 puntos que parece encaminarlo definitivamente hacia la estrella 35.
| Marcelo Morales. |
Hay derrotas que duelen más que otras. Hay partidos que se pierden y se olvidan. Hay otros que quedan dando vueltas durante días, porque se juegan algo más que tres puntos. Y después están los Superclásicos.
Perder el clásico número 200 ante Colo Colo, en casa y cuando el campeonato empieza a entrar en su recta decisiva, es de esas derrotas que cuesta digerir. La U cayó 2-1 en el Estadio Nacional y, aunque tuvo argumentos para buscar la igualdad, terminó viendo cómo el rival se llevaba una victoria que puede tener consecuencias enormes en la definición del torneo.
Para el hincha azul, el golpe es doble. Porque no se trataba simplemente de impedir que Colo Colo sumara tres puntos. Era la posibilidad de recortar distancias, de mantener viva la ilusión y, sobre todo, de regalarle a nuestra gente una de esas tardes que quedan para siempre en la memoria. No ocurrió.
Colo Colo pegó primero y la U reaccionó justo antes del descanso
El primer tiempo tuvo a Colo Colo manejando buena parte del trámite. El equipo de Fernando Ortiz encontró espacios, tuvo mayor control y consiguió ponerse en ventaja a los 29 minutos, cuando Álvaro Madrid apareció en el área para definir de taco y establecer el 1-0. La U quedó obligada a remar contra la corriente.
Pero cuando parecía que el descanso llegaría con la ventaja visitante, apareció una de esas jugadas que pueden cambiar un partido. Una mano de Arturo Vidal, revisada por el VAR, terminó en penal para los azules. Charles Aránguiz tomó la responsabilidad. Y el Príncipe no falló. A los 45 minutos, el volante azul convirtió desde los doce pasos y mandó el partido al descanso igualado 1-1. Por unos minutos, la sensación fue otra. La U había sobrevivido al peor momento del primer tiempo y tenía todo un segundo tiempo para cambiar la historia. El problema es que el fútbol, especialmente estos partidos, no siempre premia al que más lo intenta.
La U tuvo las varias opciones, pero el golpe lo dio el rival
El segundo tiempo fue distinto. La U salió con otra actitud, adelantó sus líneas y comenzó a encontrar los espacios que no había tenido durante la primera mitad. El equipo azul tuvo oportunidades para ponerse arriba y el partido parecía inclinarse lentamente hacia nuestro lado. Pero entonces llegó el golpe más doloroso.
A los 53 minutos, Colo Colo encontró una ocasión y no la perdonó. Javier Correa apareció por arriba y, mediante un cabezazo, marcó el 2-1. Un solo golpe. Una sola aparición. Y otra vez la U tuvo que correr desde atrás.
Lo más frustrante es que, después del segundo gol, el equipo azul siguió buscando. Hubo voluntad, hubo intentos y hubo ocasiones que pudieron haber terminado en el empate. Pero el balón no quiso entrar. Y en un Superclásico, esas oportunidades que se desperdician terminan pesando toneladas.
El resultado que nadie quería ver
El 2-1 termina siendo especialmente doloroso porque Colo Colo no necesitó dominar completamente el segundo tiempo para llevarse el partido. Le bastó con aprovechar la oportunidad que tuvo. La U, en cambio, tuvo que mirar cómo se escapaba un partido que necesitaba ganar.
Y ahí aparece la consecuencia más dura de todas: Colo Colo aumenta a 13 puntos su ventaja en la tabla y queda prácticamente con las dos manos sobre el campeonato. Para el rival, es una victoria gigantesca. Para nosotros, es una herida profunda.
Porque un Superclásico nunca es solamente un partido. Es orgullo, historia, camiseta, familia, recuerdos, cargadas, alegrías y dolores que pasan de generación en generación. Y perderlo siempre duele. Pero perderlo cuando además podía servir para cambiar el rumbo de un campeonato duele muchísimo más.
No es momento de esconder la frustración
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| La "U". |
Pero una cosa es reconocer el golpe y otra muy distinta es bajar los brazos. La historia de la Universidad de Chile está llena de momentos en que parecía que todo estaba perdido y, sin embargo, el equipo volvió a levantarse. La camiseta azul exige eso: competir hasta el último minuto, incluso cuando la tabla, los resultados y las circunstancias parecen estar en contra.
Hoy toca tragarse la rabia. Hoy toca soportar la celebración del otro lado. Hoy toca reconocer que Colo Colo quedó muy cerca de su estrella 35. Pero mañana habrá que volver a levantarse. Porque ser de la U también significa entender que hay derrotas que duelen precisamente porque esta camiseta importa demasiado.
El clásico número 200 del Superclásico quedará registrado con un resultado que ningún hincha azul quería recordar: Universidad de Chile 1 - Colo Colo 2. Aránguiz marcó el gol que por un momento encendió la esperanza. Correa apagó esa ilusión apenas comenzado el segundo tiempo. Y mientras el rival celebra una victoria que puede valer un campeonato, en el Nacional queda esa sensación amarga de lo que pudo ser y no fue.
La U perdió el clásico. Perdió una oportunidad enorme. Y dejó escapar una de esas tardes que podían convertirse en una página gloriosa. Ahora queda seguir. Sin excusas, sin esconder los errores y sin regalar un solo minuto más. Porque el campeonato puede haberse puesto cuesta arriba. Pero la camiseta de la Universidad de Chile no permite otra cosa que seguir luchando hasta el final.

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