jueves, 6 de agosto de 2026

Ni de izquierda ni de derecha: la U siempre ha sido de sus hinchas, no de una ideología política

Durante décadas se ha intentado instalar el mito absurdo que Universidad de Chile pertenece naturalmente a un determinado sector político y que la historia le arrebató su estadio por razones exclusivamente ideológicas. Sin embargo, los hechos muestran otra realidad. La esencia del club jamás ha sido política, sino profundamente pluralista. Y entender esa diferencia resulta fundamental para comprender tanto su identidad como su historia.


U. de Chile.

Pocas frases resultan tan injustas y nefastas para Universidad de Chile como aquella que asegura que "la U es un equipo de izquierda". Repetida hasta el cansancio en redes sociales por fanáticos ideológicos, cantada en estadios e incluso argumentada por algunos comentaristas de dicho sector político, esa afirmación terminó instalándose casi como un dogma. Sin embargo, basta revisar la historia institucional del club para comprobar que ese relato nunca ha tenido verdadero sustento, y que en la práctica es totalmente falsa.

Universidad de Chile jamás fue concebida como una organización política. Nunca nació para representar a un partido, a un movimiento social ni a una determinada corriente ideológica. Su origen está ligado a la Universidad de Chile, una institución cuya tradición siempre ha descansado sobre dos principios esenciales y fundamentales: el laicismo y el pluralismo.

Y esos conceptos no son simples adornos institucionales. Constituyen la base misma sobre la cual se construyó la identidad universitaria.

Precisamente por eso resulta paradójico que hoy algunos pretendan convertir al club en patrimonio exclusivo de una determinada sensibilidad política. Quien intenta apropiarse ideológicamente de Universidad de Chile no está defendiendo su historia; está contradiciendo uno de los valores que mejor la definen.


El pluralismo no significa que todos piensen igual

Muchas veces se utiliza la palabra "pluralismo" como un concepto vacío, casi decorativo. Sin embargo, posee un significado mucho más profundo.

Pluralismo significa aceptar que personas con ideas completamente distintas pueden convivir bajo una misma institución sin que ninguna de ellas tenga el derecho de proclamarse como la única intérprete legítima de su identidad. Esa es precisamente la riqueza de Universidad de Chile.

El pluralismo parte de una premisa sencilla pero poderosa: ninguna persona posee el monopolio absoluto de la verdad. Ninguna visión política puede apropiarse de una comunidad integrada por millones de personas diferentes.

Por eso una institución verdaderamente pluralista no pregunta por quién vota un hincha antes de abrirle las puertas. Tampoco distingue entre quienes profesan una religión determinada o quienes no tienen ninguna. Mucho menos clasifica a sus seguidores entre "verdaderos" y "falsos" según su pensamiento político. La U nunca ha hecho eso, y nunca lo hará.

Y justamente por eso ha sido capaz de transformarse en uno de los clubes con mayor convocatoria del país. Quienes intentan apropiarse del club terminan negando el pluralismo. Aquí aparece una contradicción evidente: muchos de quienes sostienen que Universidad de Chile es "naturalmente de izquierda" afirman, al mismo tiempo, defender el pluralismo. Pero ambas afirmaciones difícilmente pueden convivir.

Porque si el club pertenece exclusivamente a una determinada ideología, entonces deja automáticamente de pertenecer a quienes piensan distinto. Y cuando eso ocurre ya no existe pluralismo. Existe sectarismo.

Si un hincha de derecha, de centro o simplemente sin identificación política escucha constantemente que "la U no es para gente como él", el mensaje implícito es claro: su vínculo con el club sería menos auténtico que el de otros. Y nada de esto puede estar más alejado de la verdadera identidad azul.

Universidad de Chile jamás entregó certificados de pureza ideológica para ser hincha. Nunca los necesitó.


Los clubes politizados son excepciones dentro del fútbol mundial

En el fútbol internacional existen algunos casos (muy pocos) donde determinadas hinchadas desarrollaron fuertes identidades políticas.

El ejemplo más conocido probablemente sea el Livorno, cuya barra se identificó históricamente con el antiguo Partido Comunista Italiano, exhibiendo banderas del PCI, retratos de Karl Marx, Vladimir Lenin y Ernesto "Che" Guevara. Sin embargo, incluso en ese caso, el club nunca fue oficialmente parte del Partido Comunista Italiano ni actuó como su institución deportiva.

Algo similar ocurre con el FC St. Pauli, en Alemania, cuya cultura de hinchas se encuentra fuertemente vinculada a causas antifascistas y a la izquierda alternativa.

Pero precisamente esos clubes son conocidos porque constituyen excepciones extraordinarias dentro del fútbol profesional. Universidad de Chile nunca ha formado parte de ese reducido grupo.

Jamás ha definido una identidad política oficial ni ha condicionado la pertenencia de sus dirigentes, hinchas o simpatizantes según su pensamiento. Y afortunadamente sigue siendo así.


Los piños no representan a millones de hinchas

Uno de los errores más frecuentes consiste en confundir determinadas expresiones de algunos grupos organizados de la barra con la identidad institucional completa del club. Es cierto que existen piños o sectores de la barra de la U que exhiben símbolos políticos, como es el caso de "Un sentimiento" o "La Villa Francia". Eso forma parte de una realidad visible. Pero convertir esas expresiones en la voz oficial de Universidad de Chile constituye un enorme error. Las barras son una parte del club, pero nunca han sido el club.

La verdadera Universidad de Chile está compuesta por millones de personas que probablemente jamás han desplegado una bandera política en un estadio. Y además hay millones (la mayoría) que también son hinchas, y no acostumbran ir al estadio: ellos también son tan hinchas como los demás.

Está formada por trabajadores, estudiantes, comerciantes, empresarios, jubilados, profesores, médicos, conductores, pequeños emprendedores, funcionarios públicos, creyentes, agnósticos y personas de todas las sensibilidades políticas imaginables. Todos ellos son igualmente azules. Todos tienen exactamente el mismo derecho sobre la camiseta.


La historia del estadio también merece ser contada sin consignas

Algo parecido ocurre con el eterno debate sobre el tan ansiado estadio propio. Durante años se instaló la idea de que Universidad de Chile perdió su estadio cuando el golpe militar impidió construir un recinto en los terrenos de San Luis de Las Condes.

Sin embargo, esa explicación suele omitir un hecho decisivo. Aquellos terrenos nunca pertenecieron al Club Deportivo Universidad de Chile. Eran propiedad de la Universidad de Chile como casa de estudios. Y esa diferencia cambia completamente el análisis.

Nunca existió un terreno cuya propiedad estuviera radicada en el club y sobre el cual éste pudiera decidir libremente construir un estadio. De hecho, la propia universidad (la casa de estudios) recibió desde 1965 cientos de hectáreas en La Granja (las 355 hectáreas que conforman el actual Campus Antumapu), espacio suficiente para levantar varios estadios de fútbol. Pero jamás lo hizo. De hecho, ese terreno estuvo más de 30 años vacío, y ahí no se hizo nada al respecto. La razón parece evidente: construir un recinto para el fútbol profesional nunca fue una prioridad institucional de la casa de estudios.


Lampa fue la única oportunidad de un terreno verdaderamente propio

La única excepción apareció durante la presidencia del doctor René Orozco. Fue entonces cuando el Club Deportivo Universidad de Chile adquirió alrededor de 127 hectáreas en Lampa.

Por primera vez en su historia, el terreno pertenecía directamente al club: No a la Universidad, no al Estado, no a otra institución. Era sólo de la U.

Ese proyecto contemplaba una gran ciudad deportiva y dejaba abierta la posibilidad de construir allí un estadio. La posterior quiebra terminó provocando la pérdida de ese patrimonio.

Por eso puede afirmarse, con bastante fundamento, que el único terreno que realmente perdió Universidad de Chile para levantar una casa propia fue Lampa, no Apoquindo (actual Parque Araucano).


El futuro debe construirse con acuerdos y no con relatos ideológicos

Hoy el gran desafío consiste en dejar atrás las discusiones cargadas de simbolismos políticos y concentrarse en hacer realidad el estadio que millones de hinchas esperan desde hace casi un siglo.

Chile necesita entender que un recinto moderno no sólo beneficia al club. También genera desarrollo urbano, inversión, empleo, espacios públicos, nuevas áreas verdes y mejores servicios para las comunidades donde se emplaza.

Con voluntad política transversal, inversión privada, mecanismos como los naming rights y un proyecto urbanístico bien diseñado, el sueño perfectamente puede transformarse en realidad.


La U seguirá siendo grande mientras siga perteneciendo a todos

Universidad de Chile.
Universidad de Chile nunca necesitó una ideología para convertirse en uno de los clubes más importantes del país.

Su mayor fortaleza siempre ha sido exactamente la contraria: reunir bajo un mismo escudo a personas completamente distintas. Ese es el verdadero significado del pluralismo. No consiste en permitir que todos piensen igual. Consiste en respetar que todos puedan pensar distinto sin dejar de sentirse parte de una misma comunidad.

Por eso resulta tan dañino que una minoría pretenda apropiarse de una institución que pertenece a millones de chilenos. La U no es de izquierda; tampoco es de derecha. No es de un partido político, de una barra ni de un grupo determinado.

Universidad de Chile es un club que es del niño que se pone la camiseta azul por primera vez, del abuelo que lleva cincuenta años siguiendo al equipo, del estudiante, del empresario, del trabajador, del profesional, del creyente, del agnóstico y de todo aquel que se emociona cuando el León entra a la cancha.

Y quizás la mayor enseñanza que deja también la historia del estadio sea exactamente la misma: el futuro de Universidad de Chile no depende de reescribir el pasado para acomodarlo a una determinada ideología, sino de construir acuerdos amplios que respeten aquello que siempre hizo única a la institución.

Porque la grandeza de la U nunca ha estado en una doctrina política. Ha estado, y seguirá estando, en su extraordinaria capacidad para unir a personas completamente distintas bajo una misma pasión.

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