miércoles, 19 de agosto de 2026

Este domingo juega la U

Hay partidos que se juegan con los pies. Hay otros que se juegan con el corazón. Y después está el Superclásico. Ese partido que durante una semana se mete en la cabeza, que cambia el humor, que se conversa en la calle, en la pega, en la casa y entre amigos. Ese partido que no necesita explicación porque todos sabemos lo que significa.

U. de Chile.
Este domingo no juega solamente un equipo. Juega la historia de la Universidad de Chile. Juegan los que estuvieron antes, los que llenaron tablones cuando las cosas eran difíciles, los que siguieron cantando cuando parecía que no quedaba nada, los que lloraron derrotas y celebraron victorias abrazados a desconocidos. Juega esa camiseta azul que alguna vez vistieron Leonel, Lucho, Marcelo, Diego, Johnny y tantos otros que entendieron que ser de la U no es simplemente apoyar a un club: es una manera de sentir.


Noventa minutos para dejarlo todo

Al frente estará Colo Colo. Y sabemos perfectamente lo que significa. No hay amistosos. No hay excusas. No hay mañana. Cada pelota dividida será una batalla. Cada corrida, un grito. Cada barrida, una declaración de principios. Cada ataque tendrá detrás a miles de hinchas empujando desde las tribunas y a millones siguiendo el partido con el corazón apretado. Pero hay algo que los jugadores deben recordar cuando entren a la cancha: nunca estarán solos.

Detrás de esa camiseta estarán todos los azules que alguna vez soñaron con jugar un Superclásico. Estarán los niños que recién comienzan a enamorarse de la U y los viejos que llevan décadas siguiendo sus colores. Estarán los que pueden ir al estadio y los que tendrán que verlo desde sus casas. Estarán los que conocieron las glorias y los que aprendieron a querer a la U precisamente durante los años más difíciles. Todos ellos estarán ahí.


Porque la U no se abandona

Habrá momentos en que el partido se ponga cuesta arriba. Habrá presión, habrá nervios, habrá golpes. Y justamente ahí es donde debe aparecer el espíritu de la Universidad de Chile. Cuando las piernas no respondan, que responda el corazón. Cuando falte aire, que aparezca el orgullo. Cuando el rival apriete, que aparezca la historia. Y cuando llegue el momento de cruzar la mitad de la cancha una vez más, que cada jugador recuerde algo sencillo: esa camiseta no se lleva puesta; esa camiseta se defiende.

Porque nosotros sabemos de adversidades. Sabemos de temporadas difíciles, de noches amargas, de derrotas que dolieron durante semanas. Pero también sabemos levantarnos. Sabemos volver. Sabemos que la U puede caer, puede tambalear, puede sufrir, pero nunca deja de luchar.

Este domingo quiero ver a una Universidad de Chile valiente. Una U que no especule. Una U que corra. Una U que muerda cada pelota. Una U que juegue con inteligencia, pero también con sangre. Una U que entienda que un Superclásico no se juega solamente para ganar tres puntos. Se juega para defender un escudo. Y cuando llegue el pitazo inicial, que se escuche el rugido de los azules.

Que tiemble la cancha. Que se levanten las voces. Que los jugadores miren hacia las tribunas y entiendan lo que tienen detrás. Porque ahí estaremos nosotros. Los de siempre. Los que nunca abandonamos. Los que seguimos a la U en las buenas, en las malas y en las peores. Los que sabemos que la camiseta azul pesa, pero también sabemos que cuando se lleva con orgullo puede convertirse en una armadura.

Este domingo hay que jugar como si fuera el último partido. Con el alma. Con coraje. Con orgullo. Con hambre. Porque al frente estará el archirrival. Porque es el Superclásico. Porque somos la U. Y porque hay una camiseta que, cuando entra a la cancha, nos recuerda quiénes somos.

¡Vamos, Universidad de Chile!

¡Este domingo se juega con el corazón!

¡Vamos la U, carajo!

¡Hasta el último minuto, hasta la última pelota, hasta el último aliento!

¡A ganar el Superclásico!

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