jueves, 16 de julio de 2026

La reforma política que Chile necesita: menos parlamentarios, pero mejores y con más responsabilidad

Para recuperar la confianza en la política, Chile debe reducir el número de parlamentarios, subir las exigencias para postular y cerrar el vacío de los cupos cuando un diputado o senador es desaforado. Propuesta integral para una democracia más eficiente.

Congreso Nacional.

La desafección con la política no es solo por los escándalos. Es por percepción de ineficiencia, de lejanía y de poca exigencia. El Congreso de Chile es uno de los más grandes de América Latina en proporción a su población, pero no por eso es el más representativo ni el más profesional. 

La ciudadanía pide 3 cosas simples: que haya menos políticos, que sean más preparados y que respondan cuando fallan. Esta propuesta va en esa línea. No busca eliminar la representación, sino hacerla más racional, exigente y responsable.


1. Un Congreso más pequeño y territorialmente equilibrado

Hoy tenemos 155 diputados y 50 senadores. La cantidad se disparó tras la reforma de 2015 y el costo de la política subió sin que la calidad subiera al mismo ritmo.

La propuesta:

  • - Diputados: 5 por cada región + 10 para la Región Metropolitana = 85 diputados en total
  • - Senadores: 2 por cada región + 6 para la Región Metropolitana = 36 senadores en total  
  • - Total: 121 parlamentarios vs 205 actuales

¿Por qué?

  • 1. Eficiencia: Menos parlamentarios obligan a priorizar, a legislar mejor y a reducir el gasto en asesores, asignaciones y burocracia.
  • 2. Representación regional justa: Cada región tiene voz garantizada con un piso mínimo. La RM, que concentra al 40% de la población, mantiene un peso mayor pero no desproporcionado.
  • 3. Vínculo directo: Con distritos más grandes, el parlamentario deja de depender solo del "voto de arrastre" y debe rendir cuentas a toda una región.


2. Subir la vara: más exigencias para ser parlamentario

Hoy para ser diputado o senador basta con 21 años, enseñanza media y no tener antecedentes. Eso abre la puerta a la improvisación y a usar el cargo como "práctica profesional" para muchos inexpertos recién egresados de la universidad.

La propuesta:

  • 1. Título profesional universitario: Para asegurar un mínimo de formación en análisis, argumentación y gestión pública.
  • 2. 10 años de experiencia laboral: Para que quien legisle sobre trabajo, salud, educación o empresas haya estado al menos una década en el mundo real. Que haya pagado cotizaciones, liderado equipos, emprendido o trabajado en el sector público/privado.

El objetivo no es elitista. Es profesionalizar. Un médico necesita 7 años para operar. Un ingeniero 6 para construir un puente. ¿Por qué quien redacta las leyes que rigen a 19 millones puede llegar sin experiencia?


3. Responsabilidad partidaria y fin al cupo personal

Uno de los agujeros más grandes hoy: cuando un parlamentario es desaforado, renuncia o va preso, su escaño queda vacío o lo asume alguien que nadie votó. El cupo le pertenece al parlamentario, no a la ciudadanía.

La propuesta:

1. Afiliación obligatoria: Para postular se debe ser militante de un partido político o, si vas como independiente, estar afiliado y respaldado por un partido. Se acaba el "independiente" sin red.

2. Reemplazo por el partido: Si un parlamentario es desaforado por causa judicial, condenado, o inhabilitado, el partido al que pertenece debe designar a un reemplazante de su lista hasta terminar el periodo. 

3. El cupo es de la ciudadanía, no del político: Se reconoce que la gente votó por un proyecto y un partido, no solo por un nombre. Así se evita que un distrito quede sin representación por años cuando un parlamentario es desaforado, y se premia la responsabilidad colectiva de los electores que votaron por él.


Conclusión: menos cantidad, más calidad

Esta reforma no es contra la democracia. Es para salvarla. Un Congreso más pequeño obliga a mejores debates. Exigencias más altas garantizan mejores leyes. Y la responsabilidad partidaria cierra la puerta a la impunidad individual.

Chile no necesita más políticos. Necesita mejores políticos. Necesita un Congreso que se parezca más al país que representa: profesional, descentralizado y responsable. Si queremos recuperar la confianza, partamos por cambiar las reglas del juego.

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