jueves, 11 de diciembre de 2025

Kast no puede ser un “Piñera 3”: el mandato ideológico de la derecha chilena

Este domingo 14 de diciembre, Chile elegirá entre dos visiones irreconciliables: la de José Antonio Kast y la de la comunista Jeannette Jara. Pero si Kast llega a La Moneda, la pregunta clave no será sólo qué hará con la economía, la seguridad y las fronteras, sino si tendrá el coraje de escuchar por fin a una derecha que lleva décadas pidiendo algo más que administración: dignidad, convicciones y coherencia.

J. A. Kast.

La segunda vuelta de este domingo no sólo definirá al próximo Presidente de la República; definirá también el alma política de la derecha chilena. José Antonio Kast llega a esta instancia por tercera vez desde 2017, sosteniendo una candidatura que, pese a los matices tácticos, ha tenido siempre una columna vertebral clara: orden, libertad económica y defensa del Estado de derecho.

Pero la derecha chilena –esa que nunca se inclinó ante las banderas rojas de la izquierda, que nunca se sintió representada por el "progresismo" moral, que miró con creciente desconfianza el zigzagueo de la centroderecha tradicional– no está dispuesta a repetir el libreto de siempre. La derecha chilena (la derecha de verdad) no quiere un “Piñera 3”. No quiere otra administración tecnocrática. Quiere un liderazgo que encarne las convicciones que por décadas fueron ignoradas o incluso caricaturizadas por diversos sectores políticos.

Y ese será el verdadero desafío de Kast si se convierte en Presidente.


El mandato silencioso: la derecha que espera desde hace décadas

Existen temas que no se mencionan en campaña porque espantan a los votantes de centro, esos mismos que muchas veces deciden elecciones en Chile. Kast lo sabe: su estrategia ha priorizado los tres ejes que más resuenan transversalmente —crecimiento económico, combate frontal a la delincuencia y control efectivo de las fronteras— y ha hecho muy bien en hacerlo.

Pero hay un sector que ha estado con él no sólo desde el primer día, sino desde la primera elección presidencial del 2017, nuevamente en 2021 y ahora en 2025. Un sector ideológico que nunca lo ha abandonado y que lo ha defendido en los momentos donde otros simplemente guardaban silencio. Ese sector espera algo más que equilibrio discursivo.


Las demandas de esa derecha están sobre la mesa hace rato:

  • Prisión domiciliaria para los militares de Punta Peuco de edad avanzada.
  • Un trato digno a quienes, en tiempos difíciles, actuaron bajo órdenes del Estado para derrotar a agrupaciones terroristas como el MIR, GAP, FPMR y Mapu Lautaro.
  • Fin al financiamiento estatal del Museo de la Memoria, estructura que, con recursos de todos los chilenos, narra sólo una parte de la historia.

No se trata de revanchismo, se trata de justicia y coherencia. Y se trata, sobre todo, de escuchar a la “familia militar”, que se siente sistemáticamente humillada por la clase política y por el Estado chileno.


Prioridades de Estado sí, pero sin renegar de las convicciones

Nadie pide que el próximo gobierno de Kast convierta esos temas en la agenda inmediata del primer mes. Sería políticamente torpe y estratégicamente innecesario. Pero sí se espera que, a diferencia de administraciones anteriores que fueron de centroderecha (los dos gobiernos del Presidente Sebastián Piñera), no se cierren las puertas, no se esconda la discusión bajo la alfombra y no se ningunee a quienes han construido su proyecto político desde tiempos en que era mucho menos cómodo apoyarlo.

La derecha dura no exige protagonismo, exige respeto. Y ese respeto se expresa en hechos: proyectos de ley, diálogos abiertos, señales claras de que no habrá un nuevo episodio de abandono a los militares octogenarios de Punta Peuco, tal como ocurrió en los gobiernos de la centroderecha tradicional.

Kast debe gobernar para todo Chile, pero también debe gobernar con identidad. No puede ser sordo frente al clamor de quienes siempre estuvieron ahí junto a él, cuando no había encuestas favorables ni cálculos electorales que justificaran la adhesión incondicional.


Un país que necesita firmeza y claridad

Chile enfrenta una encrucijada: inseguridad desbordada, economía estancada, alta cesantía, inseguridad pública en las calles de casi todas las ciudades del país, y además migración ilegal por los pasos fronterizos del norte. En estos terrenos, Kast ha sido inequívoco y ha ofrecido un camino nítido, muy distinto al que propone la ultraizquierdista Jeannette Jara, cuya visión comunista es incompatible con la libertad económica, la modernización del Estado y el respeto irrestricto al orden público.

Pero gobernar no es sólo administrar urgencias; también es responder a las deudas históricas que arrastra un sector político postergado por décadas.


Kast y su prueba de autenticidad

Si Kast gana este domingo (que espero que así sea), lo hará con un mandato doble: restaurar el crecimiento, la seguridad y el control de las fronteras, pero también devolver dignidad y reconocimiento a quienes han sido leales a él desde el 2017. No puede renunciar ni a lo uno ni a lo otro.

La derecha ya tuvo dos gobiernos que confundieron moderación con renuncia, prudencia con miedo, y gobernabilidad con abandono de principios. Un tercer capítulo de esa historia sería inaceptable.

Si Kast llega a La Moneda, deberá demostrar que es capaz de algo más que administrar: deberá demostrar que tiene convicciones. Y que, esta vez, Chile podrá tener por fin un gobierno que no pide disculpas por ser de derecha.

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