lunes, 15 de diciembre de 2025

Kast arrasa y apunta a reordenar Chile

El candidato republicano ganó en todas las regiones, redujo a la izquierda a su expresión territorial más baja en democracia y sepultó definitivamente el mito de su supuesto “techo” electoral. El país habló con una claridad que incomoda, pero que ya no admite negaciones.


Kast y su esposa.

La elección presidencial de este domingo 14 de diciembre no fue una definición estrecha ni un empate técnico resuelto por décimas, tal como más de alguien podría de haberlo presupuestado. Fue un veredicto categórico. José Antonio Kast no solo ganó la segunda vuelta: conquistó el mapa completo de Chile, de norte a sur, en regiones urbanas y rurales, en territorios históricamente esquivos para la derecha y en zonas donde, hasta hace poco, se asumía una hegemonía izquierdista incuestionable. Lo ocurrido anoche marca un punto de inflexión político que trasciende a una candidatura y obliga a releer el momento del país.

Durante años se repitió que Kast era un fenómeno limitado, incapaz de construir mayorías amplias. El resultado fue exactamente el contrario: una victoria transversal, contundente y difícil de relativizar.


Un triunfo que rompe los mapas políticos

Uno de los datos más elocuentes de la jornada es que Kast se impuso en todas las regiones del país, incluidas aquellas donde la derecha había sido derrotada en la elección parlamentaria y donde la candidata oficialista había triunfado en primera vuelta. Atacama y Aysén son los casos más reveladores: territorios con representación legislativa mayoritariamente de izquierda que, aun así, optaron por el candidato republicano al momento de elegir Presidente.

Esto no responde a una derechización súbita del electorado. Responde a algo más profundo: la capacidad de Kast de hablarle a un país cansado del desorden, de la improvisación y de un Estado que promete mucho y cumple poco. En regiones donde la política suele medirse por resultados concretos, el discurso de orden, seguridad y autoridad democrática encontró terreno fértil.


La derrota histórica de la izquierda

Si el triunfo de Kast es amplio, la derrota de Jeannette Jara es histórica y rutilante. La candidata del Partido Comunista logró imponerse sólo en 36 comunas, el peor desempeño territorial de la izquierda chilena desde el retorno a la democracia. Ni siquiera derrotas anteriores, como la de Alejandro Guillier en 2017, habían dejado una huella tan profunda.

El contraste con el pasado es elocuente: Michelle Bachelet ganó en más de 300 comunas en 2013; Patricio Aylwin y Eduardo Frei se impusieron en primera vuelta. Hoy, en cambio, la izquierda aparece encapsulada, concentrada en algunos enclaves urbanos de la capital Santiago, y desconectada del Chile regional, productivo y periférico.

No se trata sólo de una mala campaña de parte de los comunistas y sus grupúsculos aliados. Jeannette Jara nunca logró ampliar su base más allá del electorado ideológico duro. Su pertenencia al Partido Comunista, lejos de ser un activo, terminó operando como un límite insalvable para millones de votantes moderados que, aun sin ser de derecha, no estaban dispuestos a entregar la conducción del país a ese proyecto político.


El voto de Parisi y la mayoría silenciosa

Otra clave del resultado está en el comportamiento del electorado de Franco Parisi. Pese a los intentos del economista centrista por instalar la idea de un trasvasije hacia el voto nulo o blanco, los datos muestran que la mayoría de esos sufragios terminó apoyando a José Antonio Kast. No fue un fenómeno marginal: fue decisivo.

Esto confirma una intuición largamente ignorada por la élite política. El votante de Parisi no es un elector de izquierda frustrado, sino un ciudadano desconfiado del sistema, crítico de la política tradicional y exigente con el uso del poder. Kast supo interpelarlo sin condescendencia, ofreciendo orden, reglas claras y un Estado que funcione. La respuesta fue clara.


Kast como líder y el desafío de gobernar

El resultado presidencial también deja una lección hacia adelante. La derecha demostró que podía ganar con holgura incluso yendo dividida en el plano parlamentario. Pero ese mismo hecho expone un riesgo: sin una coalición política cohesionada, el próximo gobierno podría enfrentar las mismas dificultades que marcaron los mandatos de Piñera y Boric.

Si el triunfo fue posible, en parte, pese a la fragmentación, el desafío ahora es construir una mayoría política real, con coordinación legislativa y un proyecto común. En ese sentido, José Antonio Kast emerge no sólo como Presidente electo, sino como el líder llamado a ordenar a la derecha y dotarla de coherencia estratégica.


El mandato es claro

Chile no votó por consignas ni por relatos identitarios. Votó por certezas. Votó por orden, por autoridad democrática y por una promesa de normalidad en tiempos excepcionales. El triunfo de José Antonio Kast es claro, transversal y políticamente profundo. No es el triunfo de un sector sobre otro: es la expresión de un país que decidió cambiar de rumbo sin ambigüedades, y sobre todo tras haber sido testigo de lo nefasto que fue el estallido delictual del 2019 y el posterior proceso constituyente.

A partir de hoy, comienza un nuevo ciclo político. Y esta vez, con un mandato inequívoco.

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