jueves, 16 de octubre de 2025

Un nuevo pacto político: los cambios urgentes que Chile debe asumir sin complejos

El sistema político chileno está atrapado entre la fragmentación y la ineficiencia. La multiplicación de ministerios, los micro-partidos y un Congreso ingobernable han vaciado de sentido la democracia. Es hora de reformas de fondo que devuelvan orden, responsabilidad y rumbo a la República.


Palacio de La Moneda.
Durante demasiado tiempo, Chile ha confundido pluralismo con dispersión y democracia con inercia. Lo que nació como un sistema para representar mejor a la ciudadanía terminó degenerando en una estructura disfuncional, donde nadie gobierna y todos bloquean.

El país necesita un rediseño político que devuelva gobernabilidad, seriedad y sentido de propósito. A continuación, les comento sobre los cambios que —a mi juicio— son urgentes y posibles en nuestro país.


1. Menos ministerios, más gobierno

Chile no necesita más ministerios; necesita mejores ministerios. Hoy existen carteras creadas por razones simbólicas o como pago político a sectores del oficialismo, lo que ha convertido al aparato estatal en una máquina lenta e ineficiente. Tener 25 ministerios es un número absurdo y excesivo.

Reducir el número de ministerios a un máximo de 14 permitiría mejorar la coordinación, acortar líneas de mando y reducir el gasto en estructuras que poco o nada aportan a la gestión pública. El Estado debe gobernar, no administrarse a sí mismo.


2. Segunda vuelta municipal: legitimidad y estabilidad local

Las elecciones municipales en Chile hoy producen autoridades que muchas veces representan sólo a una minoría. Hay alcaldes electos con un 25% o 30% de los votos, lo que debilita su legitimidad y su capacidad de gobernar.

La solución es clara: una segunda vuelta en los municipios, al igual que en la elección presidencial. De esa forma, los alcaldes tendrían respaldo mayoritario y se fortalecería la gobernabilidad local. Además, se incentivaría la formación de coaliciones amplias y proyectos comunes, no candidaturas atomizadas.


3. Fin de los micro-partidos: la política no es un hobby

La actual ley de partidos permite que agrupaciones sin peso real sobrevivan artificialmente gracias al financiamiento público. Esos micro-partidos no representan ideas, sino nichos de poder, y son responsables directos del desgobierno en el Congreso.

Exigir un 5% de los votos nacionales para conservar la legalidad partidaria no es un atentado a la democracia, sino un rescate de su esencia. La política requiere partidos sólidos, con estructura, doctrina y responsabilidad. No colectivos improvisados que venden su apoyo al mejor postor.


4. Gobiernos de seis años: tiempo para gobernar, no sólo administrar

Un mandato de cuatro años es demasiado corto para implementar reformas de fondo, pero demasiado largo para un mal gobierno. El actual esquema genera presidencias atrapadas entre la instalación y la campaña permanente.

Un periodo de seis años, sin reelección inmediata, daría estabilidad, permitiría diseñar políticas de Estado y reduciría el cortoplacismo electoral. El país necesita continuidad en sus decisiones, no borradores sucesivos de gobierno.


5. Sustitución de parlamentarios desaforados: fin a la impunidad corporativa

Uno de los grandes vicios del sistema político chileno es la defensa corporativa que surge cuando un parlamentario es desaforado o enfrenta causas judiciales. Los partidos se enredan en justificaciones ridículas para “proteger” a sus miembros, incluso en casos graves, por miedo a perder una banca en el Congreso.

Esto es inaceptable. La solución es simple: permitir que los partidos políticos puedan sustituir a los parlamentarios desaforados mientras dure su suspensión, o definitivamente si son condenados.

Así se preserva la voluntad popular expresada en las urnas —pues el escaño pertenece al partido, no al individuo—, y se evita que el Congreso se convierta en un refugio de privilegios. La política debe recuperar la dignidad, y eso incluye tener mecanismos para separar con rapidez a quienes traicionan la confianza pública.


6. El regreso del sistema binominal: estabilidad sobre fragmentación

El sistema proporcional actual ha sido un desastre. Ha generado un Congreso atomizado, donde cada parlamentario actúa como una pequeña franquicia personal. No hay bloques sólidos ni capacidad de negociación real.

El antiguo binominal —con todos sus defectos— garantizaba equilibrio, gobernabilidad y moderación. Reinstalarlo con ajustes modernos permitiría volver a un esquema de dos grandes coaliciones, donde se premie la estabilidad y no el caos.

Chile no necesita 22 partidos; necesita dos o tres fuerzas serias capaces de competir con programas coherentes y de respetar los acuerdos.


El camino que Chile requiere: orden, mérito y responsabilidad

Los cambios que Chile necesita no son cosméticos ni populistas. Son reformas estructurales que apuntan a lo esencial: devolver eficacia al Estado, racionalidad a la política y confianza a la ciudadanía.

La derecha debe asumir sin miedo este debate, porque el orden no es sinónimo de autoritarismo, sino de respeto por las reglas. Y la gobernabilidad no es un capricho tecnocrático, sino la condición mínima para que la democracia funcione.

Si seguimos multiplicando ministerios, partidos y excusas, el país seguirá enredado en su propio laberinto.

Chile necesita volver a creer en la política, pero para eso la política debe volver a ser creíble. Y eso empieza por limpiar la casa, antes de pretender reconstruir la patria.

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