lunes, 15 de septiembre de 2025

El verdadero desafío de la derecha: unidad frente al comunismo nefasto

El principal objetivo para esta elección presidencial debe ser evitar que gane la candidata ultraizquierdista, Jeannette Jara.


Viva Chile.
En la antesala de las elecciones presidenciales de 2025, la centroderecha y la derecha en Chile enfrentan un dilema estratégico que puede marcar el futuro político del país. La discusión entre partidarios de José Antonio Kast, Evelyn Matthei y Johannes Kaiser es legítima: cada cual representa matices distintos de un mismo mundo ideológico, o al menos uno un tanto parecido; todos ellos con visiones sobre economía, orden público y valores que enriquecen el debate. Sin embargo, la política no se juega sólo en el plano de las preferencias personales, sino en la capacidad de identificar y enfrentar las amenazas más grandes que se ciernen sobre la República.

Y hoy, esa amenaza no proviene de las diferencias internas en las derechas, sino de la candidatura de Jeannette Jara y del Partido Comunista, que se ha convertido en el verdadero eje articulador del oficialismo ultraizquierdista. El comunismo no es una anécdota ni un actor secundario en Chile: ha demostrado una enorme habilidad para capturar el resentimiento social y transformarlo en apoyo político, instalando su agenda polarizada en el gobierno de Gabriel Boric y condicionando políticas públicas de largo alcance, desde la nociva reforma previsional hasta la debilitación del orden institucional.

La derecha tiene que evitar luchas fratricidas

Si la derecha se enfrasca en peleas intestinas, el escenario queda servido para que el PC logre consolidar una candidatura que, aunque disfrazada de moderación, representa un proyecto de estatismo asfixiante, intervencionismo económico y erosión de las libertades individuales. Ese es el verdadero punto de quiebre que debe preocuparnos.

La historia política de Chile enseña que la izquierda se une cuando huele poder. El Frente Amplio y el Partido Socialista pueden pelear en privado, pero cuando se trata de enfrentar a la derecha, cierran filas sin titubear: el pragmatismo es uno de sus pilares fundamentales. La derecha, en cambio, suele caer en la trampa de la fragmentación: la disputa de egos, la obsesión por encuestas semanales, el cálculo mezquino de quién lidera en tal o cual región. Todo eso alimenta la derrota.

El 2025 no puede repetirse el escenario del 2021, donde la dispersión y la tardía convergencia abrieron las puertas de La Moneda al inepto de Gabriel Boric. La elección que viene no se trata sólo de “quién de los nuestros” llega al balotaje, sino de si seremos capaces de impedir que el comunismo gobierne Chile desde la presidencia.

Por eso, más que mirar con recelo las diferencias entre Kast, Matthei o Kaiser, la prioridad debe ser forjar una coalición disciplinada, capaz de transmitir certezas, de recuperar la bandera del crecimiento económico y del orden, y de advertir sin complejos sobre lo que significa entregar el país a quienes no creen en el mérito ni en la libertad. Y si no logramos actuar como una coalición, por lo menos tratemos de evitar el tan dañino "fuego amigo", que tanto perjuicio le ha generado a la derecha y a la centroderecha.

La derecha tiene un solo enemigo real: el comunismo. Todo lo demás son discusiones de camarín. Si no somos capaces de entenderlo, lo pagaremos caro como nación. Y en ese sentido, no podemos perdernos: Chile está primero.

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