En nuestro país, muchos piensan y actúan como libertarios sin darse cuenta. El libertarismo no es un dogma extranjero ni un club académico de economistas; es, en esencia, el sentido común de quienes están cansados de que el Estado les quite más de lo que les da.
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| Libertarios. |
1. Impuestos: trabajar para el Estado
El chileno promedio siente, con justa razón, que buena parte de su esfuerzo termina diluido en impuestos que no se ven reflejados en obras de calidad. El Estado recauda a través del IVA, impuestos al trabajo, contribuciones y un largo etcétera. ¿Qué recibe a cambio? Calles con hoyos, hospitales colapsados y servicios públicos lentos. Mientras tanto, los políticos viajan en autos de lujo con escoltas, y viven con sueldos que multiplican por diez el de un trabajador común.
2. La salud estatal: filas y esperas eternas
El sistema público de salud es un ejemplo de ineficiencia absoluta. Miles de chilenos esperan meses por una operación o por una cita con un especialista. Algunos mueren en la lista de espera. No es casualidad que las consultas y las clínicas privadas terminen cubriendo necesidades que el Estado simplemente no satisface. En la práctica, la atención de calidad la da el mercado, aunque los burócratas insistan en defender un modelo que hace agua por todos lados.
La salud pública es necesaria para las personas más pobres, pero tratar de demoler el sistema de las isapres podría ser perjudicial para miles o millones de chilenos de clase media.
3. Políticos que sobran
Chile tiene 155 diputados, 50 senadores, ministros, subsecretarios, seremis y una interminable cadena de asesores, jefes de gabinete y operadores. Un aparato pesado y costoso que se justifica a sí mismo pero que rara vez resuelve los problemas reales de la ciudadanía. Un libertario entiende que el país podría funcionar mejor con menos burócratas, reglas simples y espacio para que los privados se hagan cargo de lo que el Estado no sabe ni quiere hacer.
4. Competencia que mejora la vida
No hace tanto, Chile tenía monopolios estatales que daban servicios deficientes. Basta recordar la época en que esperar por un teléfono fijo podía tomar años. Hoy, gracias a la apertura y la competencia, existen múltiples empresas de telecomunicaciones que ofrecen precios más bajos y mejor calidad. Lo mismo ocurre en transporte, retail y servicios básicos: cuando se libera el mercado, gana el ciudadano.
5. Libertad personal: el núcleo de todo
El libertarismo no se limita a la economía. Defiende que cada individuo sea libre de casarse con quien quiera, emprender el negocio que quiera, o incluso equivocarse, siempre que no afecte la libertad ajena. Prohibirlo todo genera mercados negros, mafias y corrupción. En cambio, dejar espacio a la libertad fomenta la responsabilidad y el desarrollo personal.
No es necesario ser economista para ser libertario
No hace falta leer a Murray Newton Rothbard, a Friedrich August von Hayek o a Alisa Zinóvievna Rosenbaum —más conocida como Ayn Rand— para darse cuenta de que muchos chilenos ya piensan como libertarios. Basta mirar alrededor y constatar que el Estado es caro, ineficiente y paternalista, mientras que la competencia y la libertad personal traen mejores resultados.
El libertarismo no es una ideología lejana: es la forma más honesta y coherente de vivir en un país donde la dignidad del individuo debe estar por encima de los privilegios de la burocracia.

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