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martes, 1 de septiembre de 2026

Ramones: punk, libertad y anticomunismo de una banda que nunca quiso encajar

Fueron los padres del punk neoyorquino, aceleraron el rock hasta convertirlo en una descarga de dos minutos y cambiaron para siempre la cultura juvenil. Pero detrás de las chaquetas de cuero y las canciones sobre aburrimiento, sexo, violencia y rebeldía existía una faceta política mucho menos conocida: mientras Joey Ramone se inclinaba hacia la izquierda, Johnny Ramone fue un conservador declarado y un ferviente anticomunista. Dee Dee también mostró posiciones derechistas, convirtiendo a los Ramones en una de las bandas más políticamente contradictorias de la historia del punk.

Ramones.

En 1974, cuando cuatro tipos de Forest Hills (Nueva York, EEUU) comenzaron a presentarse como los Ramones, difícilmente podían imaginar que estaban a punto de modificar para siempre la historia de la música popular. Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy Ramone no inventaron el rock and roll, pero recuperaron su esencia más elemental: canciones cortas, guitarras abrasivas, melodías simples, velocidad, actitud y una saludable dosis de insolencia.

Mientras buena parte del rock de comienzos de los años 70 se había vuelto progresivamente más elaborado, virtuoso y grandilocuente, los Ramones hicieron exactamente lo contrario. Volvieron a las canciones de poco más de dos minutos y transformaron la simpleza en una declaración estética.

Su influencia terminaría extendiéndose muchísimo más allá de Nueva York. El punk británico, el hardcore estadounidense, el pop punk y numerosas generaciones posteriores de bandas reconocieron en ellos una fuente fundamental. Los Ramones demostraron que no era necesario ser un virtuoso para formar una banda: bastaban una guitarra, un amplificador, una batería, tres acordes y algo que decir. Pero precisamente ahí aparece una de las grandes paradojas de su legado.

Los Ramones fueron una banda rebelde sin una ideología política única. Y eso resulta especialmente interesante cuando se observa su relación con el comunismo.


"I don't like Communists": una frase que quedó para la historia

En 1978 apareció Road to Ruin, el cuarto álbum de estudio de la banda. Allí estaba "I'm Against It", una canción construida alrededor de una idea deliberadamente absurda: el narrador declara estar en contra prácticamente de todo.

La canción comienza atacando la política y, entre una larga lista de cosas que supuestamente no le gustan, aparece una frase imposible de ignorar: "I don't like Communists".

Pero inmediatamente después aparecen referencias al Viet Cong, los fanáticos religiosos, el ping-pong, Burger King, el verano, las drogas, los insectos y prácticamente cualquier cosa que se cruce por el camino. La canción termina convirtiendo esa actitud de rechazo absoluto en una caricatura.

Por eso sería exagerado utilizar "I'm Against It" como prueba de que los Ramones pretendían elaborar un programa político anticomunista. La canción es, fundamentalmente, una pieza de humor nihilista y provocador. Su propia estructura demuestra que el comunismo forma parte de una lista deliberadamente disparatada de cosas que el narrador dice detestar.

Sin embargo, hay un detalle que vuelve la frase mucho más interesante cuando se conoce la historia personal de sus integrantes: Johnny Ramone no necesitaba una canción para demostrar que era anticomunista.


Johnny Ramone: el conservador que militaba en una banda punk

Johnny Ramone fue probablemente la mayor contradicción política de los Ramones. En una escena musical que posteriormente sería asociada casi automáticamente con la izquierda, el anarquismo y el rechazo a las instituciones tradicionales, Johnny fue abiertamente conservador y republicano.

Él mismo contó que votaba por los republicanos desde que tenía 11 años y que había apoyado a Richard Nixon. Años después describiría a Ronald Reagan como el mejor presidente de su vida.

Su posición no era simplemente electoral. Johnny defendía una concepción profundamente estadounidense de la libertad individual, el patriotismo y la responsabilidad personal. En una entrevista llegó incluso a sostener que el punk tenía elementos esencialmente derechistas: jóvenes que no encajaban, que se rebelaban contra las normas sociales y que se negaban a dejarse domesticar. 

En otras palabras, Johnny interpretaba la rebeldía punk de una manera muy diferente a la izquierda. Para él, ser rebelde no significaba necesariamente ser socialista, anarquista o progresista. Podía significar exactamente lo contrario.


Un anticomunismo que estaba presente incluso en la estética

La relación de Johnny con el anticomunismo no se limitó a declaraciones posteriores. El propio sitio oficial dedicado a su legado recoge una fotografía de 1976 en la que los Ramones aparecen reaccionando ante un grafiti de contenido procomunista en Washington Square. El propio Johnny recordaría posteriormente aquel episodio.

También existen otros elementos de la iconografía de los Ramones que pueden leerse desde ese contexto. La portada de Rocket to Russia, de 1977, utilizaba una imagen caricaturesca de un cohete lanzado desde Estados Unidos hacia Rusia. La concepción de esa imagen estuvo relacionada con la visión profundamente anticomunista de Johnny.

No era una casualidad menor. En plena Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética seguían enfrentados por la supremacía política y militar del planeta, los Ramones incorporaban referencias a ese conflicto dentro de su particular universo de humor, provocación y cultura popular.


Dee Dee Ramone: mucho más complejo que la caricatura del punk

El caso de Dee Dee resulta bastante más difícil de clasificar. El bajista y principal compositor de buena parte del repertorio de los Ramones tuvo una personalidad mucho más contradictoria. Marky Ramone afirmó años después que Johnny y Dee Dee eran conservadores derechistas muy marcados, mientras que él y Joey eran demócratas.

También existen testimonios que describen a Dee Dee como inclinado hacia la derecha. Pero hay que introducir una importante cautela. Dee Dee participó junto con Joey en algunas de las canciones más abiertamente críticas con determinadas posiciones conservadoras de la banda. Él mismo llegó a describir a los Ramones como una agrupación muy derechista y explicó que sus propias inquietudes podían situarse "al otro lado del campo".

Por eso, aunque existen testimonios que permiten incluirlo entre los miembros que mostraron actitudes o posiciones anticomunistas y derechistas, su pensamiento político fue bastante menos coherente y definido que el de Johnny.


La gran batalla política dentro de los Ramones

La historia se vuelve todavía más interesante cuando aparece Joey Ramone.

Joey era políticamente liberal y demócrata, y sus diferencias con Johnny fueron conocidas dentro de la banda. La oposición entre ambos llegó a formar parte de la propia dinámica interna del grupo: mientras Johnny representaba el conservadurismo estadounidense, Joey se encontraba mucho más cerca de posiciones liberales y progresistas.

La contradicción alcanzó uno de sus puntos más notorios con "Bonzo Goes to Bitburg", escrita en 1985 por Joey Ramone, Dee Dee Ramone y Jean Beauvoir. La canción criticaba la controvertida visita de Ronald Reagan a un cementerio militar alemán donde estaban enterrados miembros de las Waffen-SS. Johnny, admirador de Reagan, se opuso al título y posteriormente consiguió que la canción apareciera bajo otro nombre en Estados Unidos: "My Brain Is Hanging Upside Down".

Es difícil encontrar una imagen más perfecta de la complejidad política de los Ramones. El mismo grupo que podía incluir una frase contra los comunistas también podía lanzar una canción contra Ronald Reagan. No había una línea ideológica única. Había cuatro personalidades distintas. Y eso es precisamente lo que hace tan interesante a los Ramones.

Con el paso de los años se ha intentado colocar al punk dentro de una determinada casilla política. Pero los Ramones demuestran que esa clasificación puede ser demasiado sencilla.

Su música hablaba de adolescentes aburridos, delincuentes, películas de terror, drogas, relaciones amorosas, violencia, alienación, humor absurdo y cultura popular. La política aparecía ocasionalmente, pero nunca constituyó el centro de su propuesta.

Johnny, además, quería que la banda evitara convertirse en un grupo político. Su posición era que los Ramones debían ser, ante todo, una banda de rock. Y quizá ahí se encuentra una de las claves de su influencia cultural.

Los Ramones no le decían al público cómo debía pensar. Le enseñaban que podía ser diferente. Eso puede parecer una distinción pequeña, pero culturalmente es enorme.


El punk como defensa de la individualidad

La paradoja histórica es fascinante. El punk terminó convirtiéndose en uno de los espacios culturales más asociados con la izquierda occidental. Sin embargo, Johnny Ramone interpretaba el espíritu punk desde una perspectiva individualista y patriótica. Para él, la rebeldía no consistía en sustituir una autoridad por otra. Consistía en no permitir que nadie te dijera cómo debías vivir.

Desde esa perspectiva, el anticomunismo podía encajar perfectamente dentro de su visión del punk: el rechazo a un sistema que, en su interpretación, subordinaba al individuo frente al Estado y la ideología. No significa que todos los Ramones compartieran esa concepción. De hecho, la propia historia de la banda demuestra lo contrario.

Pero sí significa que la historia del punk estadounidense es mucho más políticamente diversa de lo que suele presentarse.


"Bonzo", Reagan y las contradicciones de una banda imposible de encasillar

La discusión política alrededor de los Ramones también demuestra por qué resulta peligroso convertir una canción aislada en un manifiesto.

"Bonzo Goes to Bitburg" podía ser interpretada como una crítica al presidente Reagan. "I'm Against It" incluía una frase explícitamente contraria a los comunistas. Johnny defendía a Reagan. Joey era demócrata. Dee Dee tenía posiciones que Marky describió como derechistas. Marky, por su parte, se identificaba como demócrata y liberal. Eso no es una anomalía. Es, precisamente, lo que ocurre cuando una banda está formada por seres humanos y no por una organización política.


Los Ramones y la caída del Muro de Berlín

Hay además un episodio simbólicamente poderoso asociado a los Ramones y la Guerra Fría: Berlín. En noviembre de 1989, mientras el Muro de Berlín comenzaba a derrumbarse después de 28 años de representar la división entre el Este comunista y el Oeste democrático, miles de personas acudieron a golpear y retirar fragmentos de hormigón.

La imagen de los Ramones vinculada a Berlín y al Muro forma parte de la mitología de la banda y encaja de manera casi perfecta con el espíritu de una agrupación que había convertido la libertad individual, la irreverencia y el rechazo a las convenciones en una forma de expresión artística.

Más que una declaración política formal, representa algo mucho más poderoso: el encuentro entre una banda estadounidense nacida en plena Guerra Fría y el momento en que uno de los símbolos más poderosos del comunismo europeo comenzaba a desaparecer.


Los miembros de Ramones que mostraron posiciones contra el comunismo

Si se distingue entre evidencia directa, declaraciones políticas y posiciones generales, el panorama puede resumirse así:

  • 1. Johnny Ramone — anticomunismo claramente documentado. Fue el miembro más inequívocamente conservador y anticomunista. Republicano desde joven, admirador de Nixon y Reagan, defendió abiertamente el conservadurismo estadounidense. Su rechazo al comunismo aparece también en elementos de la estética y repertorio de los Ramones.
  • 2. Dee Dee Ramone — posiciones derechistas y anticomunistas, aunque más contradictorias. Marky Ramone lo describió como un conservador derechista junto a Johnny. Sin embargo, Dee Dee también expresó posiciones izquierdistas en distintos momentos y participó en la composición de canciones críticas con Reagan. Por ello, es más prudente hablar de una inclinación derechista y anticomunista, no de una trayectoria política perfectamente coherente.
  • 3. Joey Ramone — no debe ser presentado como anticomunista. Fue liberal y demócrata, y tuvo posiciones progresistas. De hecho, fue uno de los integrantes que más claramente chocó políticamente con Johnny. Su participación en "Bonzo Goes to Bitburg" es una de las pruebas más evidentes de que la banda no podía ser considerada políticamente homogénea.
  • 4. Tommy Ramone — sin una posición anticomunista pública comparable a la de Johnny. Tommy fue fundamental para la formación musical y estética de los primeros Ramones, pero no existe una trayectoria pública suficientemente clara como para colocarlo junto a Johnny como referente anticomunista de la banda. Sin embargo, en él hay que considerar un punto interesante: era judío húngaro y su familia sobrevivió al Holocausto antes de emigrar a Estados Unidos huyendo del régimen comunista en Hungría. 
  • 5. Marky Ramone — no fue anticomunista; se identificó con posiciones demócratas y liberales. El propio Marky explicó que él y Joey eran demócratas, mientras que Johnny y Dee Dee representaban el ala conservadora del grupo.

Por lo tanto, si la pregunta es quiénes mostraron de manera documentada posiciones contrarias al comunismo dentro de los Ramones, los nombres más defendibles son Johnny Ramone y Dee Dee Ramone, con una diferencia fundamental: Johnny lo hizo de manera mucho más explícita, consistente y pública.


El legado: más grande que cualquier ideología

Ramones.
Cincuenta años después de su debut, los Ramones siguen siendo mucho más que una banda de punk. Son una pieza fundamental de la cultura popular occidental.

Su influencia llegó a músicos que probablemente nunca compartieron sus ideas políticas. Su imagen se convirtió en una camiseta, un logotipo, una estética, una actitud y una manera de entender el rock. Su música atravesó generaciones y fronteras. Y ahí aparece quizá la mayor ironía de todas.

Los Ramones podían ser contradictorios, políticamente enfrentados entre ellos, provocadores y hasta deliberadamente absurdos. Pero precisamente esa mezcla formaba parte de su libertad.

No necesitaban ser una banda abiertamente anticomunista para representar, en algunos de sus integrantes, un rechazo visceral al comunismo. Tampoco necesitaban ser una banda de derecha para que Johnny Ramone lo fuera.

Los Ramones fueron algo mucho más punk que eso: fueron una banda que se negó a pedir permiso. Y en un siglo XX marcado por grandes sistemas ideológicos que pretendían decirle al individuo qué debía pensar, cómo debía vivir y a qué debía pertenecer, aquella simple actitud —subirse al escenario, enchufar los amplificadores y tocar tres acordes a toda velocidad— podía convertirse, por sí sola, en una poderosa declaración de libertad. Porque quizás el verdadero legado de los Ramones no está en una ideología determinada. Está en haber demostrado que la libertad también puede sonar a tres acordes, una guitarra distorsionada y una canción de dos minutos.