Desde las profundidades de Suecia, Johan Ericson convirtió a Doom:VS en una expresión personal y sombría del funeral doom metal, construida con guitarras pesadas, voces sepulcrales y una atmósfera donde el tiempo parece detenerse.
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| Johan Ericson. |
El proyecto nació en 2004 en Säffle, Suecia, dentro de ese territorio extremo del metal donde la pesadez deja de ser solamente una característica sonora para transformarse en una forma de expresión. Desde entonces, Doom:VS ha construido una trayectoria vinculada al funeral doom metal, uno de los estilos más lentos, densos y atmosféricos de la música extrema.
Johan Ericson y una banda convertida en confesión
Detrás de Doom:VS existe una figura central. Johan Ericson no solamente compone y ejecuta la música, sino que se hace cargo prácticamente de todo el universo sonoro del proyecto. Guitarras, bajo, batería, teclados y voces forman parte de su trabajo, al igual que labores de producción y masterización.
Ese carácter individual resulta fundamental para comprender la identidad de Doom:VS. No estamos frente a una agrupación en la que varias personalidades intentan encontrar un punto de encuentro, sino ante una visión artística desarrollada desde un único centro creativo. Cada instrumento parece cumplir una función dentro de una misma arquitectura emocional.
Ericson, conocido también por su participación en Draconian y otros proyectos, lleva a Doom:VS hacia un terreno particularmente sombrío. La música adquiere así una dimensión casi íntima. El funeral doom deja de ser solamente una sucesión de riffs lentos y pesados para convertirse en una atmósfera donde cada sonido parece cargar con su propio peso.
La batería marca un pulso paciente. Las guitarras se desplazan con una lentitud monumental. Los teclados aportan profundidad y las voces emergen desde ese paisaje como si pertenecieran a un lugar situado mucho más allá de la superficie cotidiana.
La belleza de la lentitud
Uno de los grandes desafíos del funeral doom consiste precisamente en comprender que la lentitud no significa ausencia de movimiento.
En Doom:VS, el tiempo se dilata. Los riffs pueden prolongarse hasta crear una sensación casi física de inmovilidad, pero debajo de esa aparente quietud existe una corriente permanente. La música avanza lentamente hacia ninguna parte concreta y, precisamente por eso, permite que el oyente se sumerja en ella sin necesidad de buscar una recompensa inmediata. Es una experiencia que exige paciencia.
Mientras buena parte del rock y del metal está construido alrededor de la velocidad, el impacto y la progresión constante, Doom encuentra su fuerza en lo contrario. Aquí el silencio entre una nota y otra puede resultar tan importante como la propia nota. El vacío también forma parte de la composición. La oscuridad no aparece como un recurso decorativo. Es el paisaje.
Tres discos y una trayectoria marcada por la sombra
Doom:VS ha desarrollado una discografía relativamente pequeña, pero significativa dentro de su propuesta. El proyecto publicó un demo y tres álbumes de estudio.
El primer larga duración fue Aeternum Vale, publicado en 2006 por Firedoom Music. Dos años después llegó Dead Words Speak, también editado por Firedoom Music. Finalmente, en 2014 apareció Earthless, publicado por Solitude Productions y Wretched Records.
Los títulos mismos parecen pertenecer a un mismo universo emocional. Aeternum Vale evoca una despedida eterna. Dead Words Speak parece sugerir aquello que permanece cuando las palabras han dejado de tener vida. Y Earthless lleva todavía más lejos esa sensación de desarraigo, como si el protagonista de estas canciones hubiese perdido incluso el lugar al que alguna vez pudo llamar hogar.
No hace falta forzar interpretaciones para comprender que Doom:VS habita un territorio emocional profundamente oscuro.
Cuando las voces parecen venir de lejos
Aunque Johan Ericson ha sido la figura principal detrás de las voces del proyecto, el último álbum incorporó una colaboración especialmente significativa. Thomas A.G. Jensen, vocalista de Saturnus, participó como invitado y asumió las voces principales en ese disco.
La presencia de Jensen aporta una dimensión especial a la identidad vocal de Doom. Su participación no rompe el carácter del proyecto, sino que se incorpora a ese universo sombrío construido alrededor de guitarras densas, estructuras lentas y una atmósfera dominada por la melancolía.
En el funeral doom, la voz rara vez funciona como un simple vehículo para una melodía. Muchas veces parece convertirse en otra textura, otra capa de oscuridad dentro de la composición. En Doom ocurre precisamente eso. Las voces parecen surgir desde muy lejos, como ecos atrapados en un espacio donde el tiempo dejó de avanzar.
Una música para atravesar la oscuridad
Existe una idea equivocada según la cual la música oscura solamente puede producir tristeza. Doom demuestra que la experiencia puede ser mucho más compleja.
Hay algo casi reconfortante en estas composiciones. Su pesadez no necesariamente aplasta al oyente. En determinadas circunstancias, puede acompañarlo. Frente a una época marcada por el ruido permanente, por la obligación de avanzar y por la necesidad de responder inmediatamente a todo, escuchar una banda que se toma su tiempo puede convertirse en una experiencia extrañamente liberadora.
Doom:VS no ofrece respuestas. Tampoco parece buscarlas. Su música simplemente permanece allí, inmóvil y gigantesca, como una montaña observando el paso de los años. Quizás esa sea precisamente su mayor virtud.
El legado de un proyecto personal
Desde su origen en 2004, Doom:VS ha mantenido una identidad estrechamente ligada a Johan Ericson. La formación registrada del proyecto lo presenta como responsable de voz, guitarra, bajo, batería y teclados desde ese mismo año.
Esa continuidad ayuda a explicar por qué Doom:VS posee una personalidad tan definida. No necesita perseguir tendencias ni multiplicar lanzamientos para demostrar su existencia. Su universo artístico está construido sobre una idea mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más difícil de sostener: crear música que tenga una identidad propia. Y en el funeral doom, donde tantas bandas pueden quedar atrapadas detrás de las mismas fórmulas, tener una voz reconocible es una conquista. Doom la tiene.
Cuando el mundo queda en silencio
Imaginemos una tarde gris en algún rincón de Suecia. El frío se instala sobre los árboles, el cielo pierde lentamente sus últimos colores y el paisaje parece desaparecer detrás de una neblina espesa. No hay multitudes. No hay ruido de ciudad. Solamente el viento atravesando los espacios vacíos.
En algún lugar comienza a sonar Doom:VS. Una guitarra grave rompe el silencio. Después aparece otra, lenta, pesada, interminable. La batería avanza con la paciencia de algo que no tiene ninguna necesidad de llegar pronto. Las sombras se alargan y las voces aparecen desde el fondo, profundas, lejanas, casi irreales. Durante unos minutos, el tiempo parece dejar de importar.
El mundo exterior continúa moviéndose, pero allí dentro todo permanece suspendido. No hay urgencia. No hay velocidad. Solamente una sucesión de sonidos que parecen hablar de aquello que todos conocemos, aunque pocas veces nos atrevamos a mirar directamente: la soledad, la pérdida, el paso inevitable de los años y esa extraña belleza que puede existir incluso en las cosas más oscuras.
Doom:VS no intenta iluminar ese paisaje. Lo contempla. Y quizá por eso su música resulta tan humana. Porque incluso en medio de la oscuridad más profunda todavía queda algo que escuchar. Una guitarra que resuena lentamente. Una voz que parece llegar desde otro tiempo. Un eco que permanece cuando todo lo demás se ha apagado. Y mientras ese último acorde desaparece en el silencio, queda la sensación de haber atravesado un lugar que no pertenece completamente a este mundo. Un lugar llamado Doom;VS.


