lunes, 14 de septiembre de 2026

Gobernar para el futuro: la apuesta de largo plazo de Kast

Kast y las reformas que Chile comprenderá con el tiempo.

Presidente Kast.

Hay gobiernos que buscan resultados rápidos y gobiernos que intentan modificar las condiciones que determinan el futuro de un país. La administración de José Antonio Kast está apostando por lo segundo. Sus reformas económicas, laborales, regulatorias y fiscales pueden no producir todos sus efectos durante este mandato, pero precisamente ahí reside parte de su importancia. El verdadero éxito de este Gobierno deberá medirse también por el Chile que deje en los próximos diez o quince años.

Existe una tendencia casi inevitable en la política democrática a exigir resultados inmediatos. Se espera que una reforma aprobada hoy produzca beneficios mañana, que una inversión se traduzca rápidamente en empleos, que una modificación tributaria genere crecimiento en cuestión de meses y que una política de seguridad termine con la delincuencia de un día para otro. La realidad es bastante más compleja.

Las grandes transformaciones económicas e institucionales rara vez funcionan de esa manera. Cambiar los incentivos de una economía, recuperar la inversión, elevar la productividad, reconstruir la confianza empresarial, reducir la burocracia y ordenar las cuentas fiscales requiere tiempo. Y justamente por eso existe una posibilidad de que el Gobierno de José Antonio Kast sea comprendido de una manera muy diferente dentro de algunos años a como es evaluado hoy.

Quizás algunas de sus reformas no sean plenamente apreciadas mientras se discuten. Quizás incluso sean impopulares entre determinados sectores. Pero si consiguen modificar las condiciones estructurales de Chile, llegará un momento en que sus resultados comenzarán a hablar por sí mismos.


Gobernar pensando más allá del próximo titular

La política contemporánea tiene un problema evidente: está demasiado pendiente del resultado inmediato. Un Gobierno anuncia una medida y rápidamente aparecen encuestas, titulares, redes sociales y críticas. El debate se concentra en saber quién ganó la discusión de la semana. Pero una nación no se construye de acuerdo con el ciclo de las redes sociales.

La pregunta verdaderamente importante para Chile es otra: ¿qué decisiones permitirán que dentro de diez años tengamos una economía más productiva, un Estado más eficiente, ciudadanos más seguros y mejores oportunidades laborales?

Desde esa perspectiva, la agenda de Kast adquiere otra dimensión. La reducción del impuesto corporativo, la lucha contra la permisología, los incentivos al empleo formal, la búsqueda de certeza jurídica y la consolidación fiscal no son medidas pensadas exclusivamente para mejorar una estadística durante el próximo trimestre.

Pretenden modificar los incentivos bajo los cuales funcionará la economía chilena durante los próximos años. Ese es precisamente el tipo de política pública que muchas veces recibe menos reconocimiento inmediato, pero que puede producir los efectos más importantes en el largo plazo.


El crecimiento no se fabrica de un día para otro

Chile se acostumbró durante demasiado tiempo a un crecimiento mediocre. El problema de esa situación no aparece necesariamente en una sola estadística. Se acumula lentamente.

Menor inversión significa menor capacidad productiva. Menor productividad significa salarios que crecen más lentamente. Menos empleo formal significa menores oportunidades y menor recaudación. Menor crecimiento significa menos recursos disponibles para financiar políticas públicas.

El estancamiento económico funciona como una cadena. Romperla también requiere tiempo. Por eso la apuesta del Gobierno por elevar el crecimiento tendencial es especialmente importante. Las primeras estimaciones conocidas apuntan a que este podría acercarse al 2,7%-2,8% en 2027.

No se trata de convertir ese número en una cifra mágica ni de afirmar que Chile ya salió del estancamiento. El verdadero objetivo debe ser mucho más ambicioso: conseguir que la economía vuelva a desarrollar una capacidad sostenida de crecimiento superior a la que tuvo durante buena parte de la última década.

Si eso ocurre, sus efectos no aparecerán solamente en una cuenta nacional. Aparecerán en nuevos proyectos, nuevas empresas, empleos, salarios, viviendas, emprendimientos y oportunidades.


Una rebaja tributaria cuyos efectos pueden tardar años

La reducción gradual del impuesto corporativo desde el 27% hasta el 23% debe analizarse desde esa perspectiva.

El beneficio de una reforma de este tipo no consiste simplemente en que una empresa pague menos impuestos durante un determinado ejercicio. Su verdadero potencial está en lo que las empresas hagan con esos recursos. Una parte puede destinarse a nuevas inversiones, adquisición de tecnología, ampliación de instalaciones, contratación de trabajadores o apertura de nuevos negocios. 

Pero esas decisiones necesitan tiempo. Una empresa no construye una fábrica en una semana. Una inversión minera puede requerir años antes de comenzar a producir. Un proyecto tecnológico necesita capital, trabajadores y planificación. Una pequeña empresa tampoco se transforma inmediatamente en una compañía de mayor tamaño.

Por eso sería un error juzgar una reforma estructural exclusivamente por su efecto durante los primeros meses. La pregunta correcta será qué ocurrió después.

  • ¿Aumentó la inversión?
  • ¿Se crearon empleos?
  • ¿Mejoró la productividad?
  • ¿Chile se volvió más atractivo para el capital?
  • ¿Se expandieron las empresas?

Si las respuestas terminan siendo afirmativas, probablemente muchas de las críticas actuales perderán fuerza con el tiempo.


La permisología también se combate pensando en el futuro

Algo similar ocurre con la reducción de la burocracia. Cuando un Gobierno anuncia que quiere acelerar permisos, el resultado no necesariamente aparece al día siguiente en el bolsillo de una familia. Pero una empresa que logra comenzar un proyecto dos años antes cambia completamente sus posibilidades de crecimiento. 

  • Puede contratar antes.
  • Puede producir antes.
  • Puede pagar impuestos antes.
  • Puede contratar proveedores antes.
  • Puede generar actividad económica en una zona que antes esperaba indefinidamente.

La permisología tiene un costo que rara vez aparece claramente en las cuentas públicas. Es el costo de las oportunidades que nunca llegaron a existir.

Un proyecto que no se construyó no aparece como una fábrica perdida. Un empleo que nunca se creó no aparece como una cifra negativa. Una inversión que se fue a otro país no deja un cartel anunciando que Chile la perdió. Sin embargo, todas esas oportunidades existen. Combatir la burocracia significa precisamente intentar recuperar algunas de ellas.


La disciplina fiscal es una apuesta por los que todavía no han nacido

Quizás una de las reformas menos populares políticamente sea también una de las más responsables. Ordenar las cuentas fiscales rara vez produce aplausos inmediatos. Recortar gastos innecesarios tampoco. Los beneficios de la responsabilidad fiscal suelen aparecer años después, cuando una economía enfrenta una crisis y descubre que todavía tiene capacidad para responder. La trayectoria planteada por el Gobierno para reducir progresivamente el déficit estructural y mantener un ancla de deuda es, por eso, mucho más que una cuestión contable. Es una decisión intergeneracional.

  • Cada peso gastado irresponsablemente hoy puede convertirse en una obligación para el contribuyente de mañana.
  • Cada deuda innecesaria limita el margen de acción de futuros gobiernos.
  • Cada programa público ineficiente consume recursos que podrían destinarse a prioridades verdaderamente importantes.

Una política fiscal responsable puede no generar grandes titulares, pero puede ser una de las mejores herencias que un Gobierno deje a quienes todavía no tienen voz en la discusión pública.


El empleo también necesita una mirada de largo plazo

La misma lógica se aplica al mercado laboral. Chile no necesita solamente reducir temporalmente el desempleo. Necesita crear condiciones para que el empleo formal vuelva a ser una puerta de entrada al progreso.

  • Un trabajador que consigue empleo formal adquiere experiencia, cotiza, desarrolla capacidades y aumenta sus posibilidades de acceder posteriormente a mejores remuneraciones.
  • Una persona que permanece durante años fuera del mercado laboral pierde oportunidades que después resultan difíciles de recuperar.

Por eso los incentivos a la contratación deben ser vistos como una inversión social. La verdadera medida del éxito no será solamente cuántos puestos de trabajo se crean durante un determinado mes, sino si Chile consigue reconstruir un mercado laboral dinámico, formal y capaz de ofrecer trayectorias de progreso.


La seguridad tampoco se resuelve en una temporada

Existe otra dimensión donde el largo plazo resulta fundamental: la seguridad. Recuperar territorios controlados por organizaciones criminales, desarticular redes de narcotráfico, fortalecer las policías y reconstruir la autoridad del Estado no es una tarea que pueda completarse mediante una sola ley.

El crimen organizado construye estructuras durante años. El Estado también necesita tiempo para desmantelarlas. La recuperación de la seguridad exige inteligencia, policías capacitadas, tribunales eficaces, persecución financiera, control fronterizo, prevención y presencia permanente del Estado.

Por eso la política de seguridad de Kast debe evaluarse también por su capacidad para reconstruir progresivamente una cultura de autoridad y cumplimiento de la ley.

El objetivo final no es simplemente reducir un determinado indicador. Es que una generación de chilenos vuelva a considerar normal vivir en barrios donde la delincuencia no dicta las reglas. Eso puede tardar años. Pero precisamente por eso hay que comenzar.


Las reformas importantes suelen ser impopulares al principio

La historia económica demuestra que muchas reformas cuyos efectos positivos se hicieron evidentes con el tiempo enfrentaron fuertes resistencias cuando fueron implementadas.

Cambiar intereses establecidos siempre genera oposición. Reducir burocracia afecta a quienes se acostumbraron a ella. Modificar impuestos incomoda a determinados grupos. Controlar el gasto genera resistencia entre quienes se benefician de él. Fortalecer la autoridad enfrenta inevitablemente a quienes prefieren un Estado debilitado.

Eso no significa que toda reforma impopular sea buena. Significa algo diferente: la popularidad inmediata no es una medida suficiente para evaluar una política pública.

Un Gobierno puede ser aplaudido por repartir recursos durante un período de bonanza y dejar posteriormente una pesada deuda. Otro puede ser criticado por ordenar las cuentas y terminar dejando una economía más sólida. El juicio político inmediato y el juicio histórico no siempre coinciden.


Quizás el reconocimiento llegue después

Existe, entonces, una posibilidad particularmente interesante para el Gobierno de Kast. Que algunas de sus reformas sean comprendidas plenamente cuando él ya no esté en La Moneda. Eso no sería necesariamente un fracaso. Al contrario.

Los grandes gobiernos no deberían aspirar únicamente a inaugurar obras antes de que termine su mandato. También deberían aspirar a modificar estructuras.

Si dentro de algunos años Chile consigue crecer sostenidamente más rápido, atraer mayor inversión, reducir los tiempos para desarrollar proyectos, generar más empleo formal y mantener unas cuentas fiscales sanas, probablemente pocos recordarán las discusiones parlamentarias que acompañaron cada una de esas reformas. Los ciudadanos no necesariamente recordarán qué artículo de una ley fue aprobado en determinado año. Recordarán otras cosas:

  • Que encontraron trabajo.
  • Que pudieron abrir una empresa.
  • Que un proyecto llegó a su región.
  • Que sus hijos tuvieron mejores oportunidades.
  • Que el Estado volvió a funcionar.
  • Que podían caminar por su barrio con mayor tranquilidad.

Ahí se produce el verdadero reconocimiento.


El tiempo será el juez de Kast

Kast no puede exigir que la ciudadanía crea ciegamente en sus reformas. Debe demostrar resultados. Y ese es precisamente el desafío más importante de su administración.

El Presidente puede defender su programa, pero serán los hechos los que finalmente determinarán su legado. Si la economía vuelve a crecer con fuerza, si la inversión se recupera, si la productividad mejora, si aumenta el empleo formal, si las cuentas públicas se ordenan y si la seguridad comienza a recuperar terreno, será muy difícil sostener indefinidamente que el cambio de rumbo fue simplemente una consigna ideológica.

Los resultados terminan imponiéndose sobre los prejuicios. Y ahí está una de las razones por las cuales la oposición debería observar con atención el proceso. Porque puede ocurrir que algunas medidas que hoy son presentadas como controversiales terminen siendo consideradas normales dentro de algunos años.

  • La rebaja de impuestos puede convertirse en parte de un nuevo consenso proinversión.
  • La reducción de permisos puede terminar siendo vista como una modernización necesaria del Estado.
  • La disciplina fiscal puede convertirse nuevamente en una virtud transversal.

Y la defensa de la autoridad puede dejar de ser presentada como una cuestión ideológica para ser reconocida simplemente como una obligación democrática.


No todo se verá durante este Gobierno

El gran error sería exigir que Kast termine en cuatro años aquello que Chile demoró más de una década en deteriorar.

  • Los problemas de productividad no se resuelven en un período presidencial.
  • La inversión necesita tiempo.
  • La infraestructura necesita tiempo.
  • La formación de capital humano necesita tiempo.
  • La recuperación de la seguridad necesita tiempo.
  • La reconstrucción de la confianza también.

Un Gobierno puede colocar los cimientos, pero no necesariamente alcanzará a contemplar el edificio terminado. Y quizás esa sea la característica más importante de la apuesta de Kast: muchas de sus reformas están diseñadas para cambiar las condiciones bajo las cuales otros gobiernos también tendrán que gobernar. Si lo consigue, su legado será mucho mayor que una lista de leyes aprobadas. Será haber cambiado la dirección.


La ciudadanía termina juzgando con los resultados

La política puede manipular titulares durante un tiempo. Puede exagerar errores, minimizar avances o convertir cada decisión en una batalla ideológica.

Pero existe algo que ningún Gobierno ni ninguna oposición puede controlar completamente: la experiencia cotidiana de los ciudadanos.

  • Si la economía mejora, las personas lo sienten.
  • Si encuentran trabajo, lo sienten.
  • Si aumenta la inversión en sus ciudades, lo ven.
  • Si un negocio puede abrir más rápidamente, lo experimentan.
  • Si disminuye la delincuencia, lo viven.

Y si el Estado vuelve a entregar respuestas, la percepción cambia.

Por eso no es necesario que todos reconozcan hoy los méritos del Gobierno de Kast. La historia política es mucho más larga que una encuesta. Quizás dentro de algunos años la discusión sea recordada de otra manera. Quizás quienes hoy cuestionan las reformas terminen reconociendo que algunas eran necesarias. Quizás incluso futuros gobiernos, independientemente de su signo político, mantengan parte de ellas porque comprobaron que funcionaban. Ese sería uno de los mayores triunfos posibles para cualquier administración.


El verdadero legado

Presidente Kast.
José Antonio Kast tiene por delante la tarea de demostrar que su proyecto no consiste simplemente en administrar un período presidencial, sino en comenzar una reconstrucción nacional.

  • Una reconstrucción económica basada en inversión, productividad y empleo.
  • Una reconstrucción fiscal basada en responsabilidad.
  • Una reconstrucción institucional basada en certeza jurídica.
  • Una reconstrucción del Estado basada en eficiencia.

Y una reconstrucción de la seguridad basada en autoridad democrática.

Los frutos de esa tarea no necesariamente aparecerán todos durante su mandato. Pero eso no los hace menos importantes. Al contrario. Un Presidente que gobierna únicamente pensando en las próximas elecciones puede obtener resultados rápidos y dejar problemas para el futuro. Un Presidente que se atreve a tomar decisiones pensando en la próxima década puede enfrentar incomprensión durante su propio mandato, pero dejar un país mejor preparado para sus sucesores. Ese es el riesgo que está asumiendo Kast. Y también puede convertirse en su mayor legado.

Porque llegará un momento en que las discusiones políticas de 2026 serán historia, los discursos quedarán archivados y las polémicas de las redes sociales habrán desaparecido. Lo que permanecerá será otra cosa.

  • La tasa de crecimiento.
  • Los empleos creados.
  • La inversión realizada.
  • La productividad alcanzada.
  • Las cuentas fiscales.
  • La seguridad de las calles.
  • La capacidad del Estado.

Y, sobre todo, las oportunidades que Chile sea capaz de ofrecer a sus hijos.

Ese será el momento en que la ciudadanía podrá juzgar verdaderamente a José Antonio Kast. Y si las reformas que hoy generan resistencia consiguen construir un Chile más dinámico, seguro y próspero, es perfectamente posible que el reconocimiento llegue cuando ya nadie necesite explicarlo. Porque las buenas reformas pueden tardar en ser comprendidas. Pero cuando funcionan, terminan hablando por sí mismas.

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