viernes, 14 de agosto de 2026

Chile necesita mejores estadios: una nueva infraestructura deportiva y la oportunidad de que los clubes tengan su propia casa

  • Chile no tiene por qué elegir entre conservar su historia y construir el futuro. Una política nacional que combine inversión privada, un nuevo estadio de 60.000 a 65.000 espectadores y la transferencia de los estadios estatales a los clubes que realmente los utilizan permitiría modernizar la infraestructura deportiva del país, reducir el gasto permanente del Estado y hacer realidad una aspiración que durante décadas ha parecido imposible: que más clubes chilenos puedan tener un estadio propio.
  • Chile necesita dejar de administrar sus carencias. El país requiere una mejor generación de infraestructura deportiva.


Estadio Nacional.
No porque carezca completamente de estadios, sino porque durante demasiado tiempo ha construido, remodelado y mantenido recintos bajo una lógica que termina haciendo recaer buena parte de los costos sobre el Estado, incluso cuando existen clubes profesionales que son sus principales usuarios. El problema no es solamente cuánto cuesta construir un estadio. También hay que preguntarse quién lo mantiene, quién lo administra, quién paga cuando se deteriora y quién tiene los incentivos para invertir en él. La respuesta tradicional ha sido el Estado. Y quizás ahí está uno de los errores que Chile debería comenzar a corregir.

El Estado puede ser propietario de infraestructura deportiva estratégica, pero no necesariamente tiene que administrar directamente todos los estadios del país.

Puede establecer las reglas, fiscalizar, proteger el patrimonio y garantizar el acceso público, mientras quienes utilizan cotidianamente los recintos asumen una parte mucho mayor de la responsabilidad. Esta propuesta parte de esa premisa, y tiene dos grandes dimensiones.

  • La primera: construir un nuevo gran estadio nacional para el Chile, acorde a los estándares del siglo XXI.
  • La segunda: entregarle o cederle los estadios estatales a los clubes que realmente los utilizan, bajo condiciones que los obliguen a mantenerlos y mejorarlos, y que sean ellos quienes costeen la totalidad de los gastos de dichos recintos.


Un nuevo estadio nacional para el Chile del siglo XXI

Chile debería estudiar seriamente la construcción de un nuevo estadio de entre 60.000 y 65.000 espectadores, ubicado en Santiago y conectado adecuadamente con el sistema de transporte y la infraestructura vial. No tendría sentido construir simplemente otro estadio de fútbol. Debe ser un recinto multipropósito, que sirva para fútbol, atletismo, rugby, conciertos, ceremonias, eventos internacionales, competencias deportivas y grandes espectáculos culturales.

La referencia podría encontrarse en recintos como el Olímpico de Bakú (Azerbaiyán), Estadio de Silesia (Polonia) o el Arena Națională de Bucarest (Rumania): estadios modernos, reconocibles arquitectónicamente y capaces de transformarse en símbolos de sus ciudades.

El nuevo estadio debería incorporar:

  • 60.000 a 65.000 espectadores
  • pista de atletismo
  • tecnología de última generación
  • estándares internacionales de seguridad
  • palcos y zonas hospitality
  • restaurantes y locales comerciales
  • estacionamientos
  • infraestructura para grandes conciertos
  • espacios para medios y transmisiones internacionales
  • accesibilidad universal
  • conexión eficiente con transporte público
  • posibilidad de aumentar temporalmente su capacidad para acontecimientos excepcionales

No se trata de construir el estadio más grande posible. Se trata de construir el estadio que Chile realmente pueda llenar, utilizar y mantener.


El Estado no tiene que financiarlo completo

La construcción de un estadio de esta magnitud no debería necesariamente salir del presupuesto público. La fórmula podría ser una concesión de largo plazo a una sociedad privada encargada de diseñar, financiar, construir, administrar y mantener el recinto. El Estado podría aportar el terreno y los permisos respectivos, y además generar las condiciones jurídicas y urbanísticas necesarias. La sociedad concesionaria, en cambio, tendría que asumir la inversión.

El financiamiento podría provenir de una combinación de:

  • capital privado
  • deuda
  • naming rights
  • venta de palcos
  • hospitality
  • publicidad
  • conciertos
  • eventos deportivos
  • estacionamientos
  • restaurantes
  • locales comerciales
  • actividades corporativas


El naming rights sería importante, tal vez el punto central de su financiamiento, pero no debería presentarse como la única fuente de financiamiento. El modelo debe ser mucho más amplio:

  • inversión privada + concesión de largo plazo + explotación comercial.


Chile ya cuenta con mecanismos legales para entregar en concesión recintos que forman parte del patrimonio del IND. La propia institución señala que estos pueden ser administrados mediante concesiones o convenios y que las concesiones pueden ser adjudicadas a personas naturales o jurídicas, públicas o privadas. Por lo tanto, no se estaría inventando desde cero una fórmula desconocida para el Estado chileno.


Un estadio que se pague a sí mismo

El nuevo recinto tampoco puede depender únicamente de los partidos de fútbol. Un estadio moderno tiene que funcionar durante todo el año. Otro día puede jugar la Selección Chilena. La semana siguiente puede presentarse un artista internacional. Después puede celebrarse una competencia atlética, una final internacional, una ceremonia o un evento corporativo. Los ingresos deben provenir de múltiples actividades.

La meta es que el estadio genere suficiente actividad económica para financiar su operación y mantenimiento. Ese es el verdadero concepto de infraestructura deportiva moderna: no construir un recinto para utilizarlo algunos días al año, sino una plataforma deportiva, cultural y comercial permanentemente activa.

Y entonces aparece la pregunta por el actual Estadio Nacional Si Chile construye un nuevo estadio nacional, el actual recinto de Ñuñoa podría dejar de cargar con todas las funciones que hoy se le exigen. Pero no tendría que ser simultáneamente:

  • estadio de la Selección
  • principal recinto de conciertos
  • escenario del atletismo
  • complejo deportivo
  • gran recinto de eventos
  • y estadio de Universidad de Chile

Así podría comenzar una nueva etapa para el histórico Estadio Nacional. Y esa nueva etapa podría tener nombre propio: Universidad de Chile.


La U y una posible reparación histórica

Universidad de Chile lleva décadas buscando tener un estadio propio. Han existido proyectos, terrenos, anuncios, estudios y distintas alternativas que no han terminado concretándose. Por distintas razones, la U sigue sin disponer de una casa propia. Si el Estado construyera un nuevo estadio nacional, podría abrirse una oportunidad histórica para resolver esa situación.

El actual Estadio Nacional podría ser transferido a Universidad de Chile mediante una operación patrimonial especialmente regulada. No como un regalo. No como un privilegio. Y tampoco como una transferencia que permita posteriormente convertir el terreno en un negocio inmobiliario.

La fórmula podría ser una venta a precio preferencial, determinada mediante una tasación independiente, acompañada de obligaciones estrictas de conservación patrimonial e inversión.

La U adquiriría el Estadio Nacional como su estadio propio, y al mismo tiempo asumiría todos sus gastos de mantención. La propiedad implica responsabilidad. 

El principio debería ser muy sencillo: El estadio es tuyo, pero tú lo mantienes. Si la U recibe el Nacional, tendría que hacerse responsable de:

  • mantenimiento
  • reparaciones
  • conservación patrimonial
  • inversiones
  • seguridad asociada a sus eventos
  • servicios
  • mejoras
  • daños provocados por su utilización

La propiedad tendría que venir acompañada de obligaciones legales precisas. El Estadio Nacional es Monumento Histórico y además contiene espacios vinculados a la memoria histórica de Chile.

Por eso, el club Universidad de Chile pasaría a ser propietario del recinto, pero no podría hacer cualquier cosa con el coloso ñuñoíno.

  • Las obligaciones patrimoniales tendrían que permanecer.
  • La memoria seguiría siendo de todos los chilenos.

Pero la propuesta que acá entrego no termina en la U Aquí está el elemento que convierte esta idea en una verdadera política nacional de infraestructura deportiva.

Si se considera correcto que Universidad de Chile pueda hacerse cargo del Estadio Nacional, la pregunta inevitable es: ¿Por qué no hacer lo mismo con otros clubes que utilizan estadios estatales?

La respuesta debería ser sí, es posible también. No tendría sentido que la U fuera el único club beneficiado con esta nueva política deportiva.

La lógica debe ser aplicable a todos los casos en que exista un estadio de propiedad estatal y un club profesional de fútbol que lo utilice regularmente como local.

El objetivo final debería ser: más clubes con estadio propio y menos estadios estatales que dependan permanentemente del presupuesto público.


Una política nacional: "tu estadio, tu responsabilidad"

El principio podría aplicarse de manera general. Cuando exista un estadio estatal que sea utilizado regularmente por un club profesional, el Estado podría estudiar su transferencia, venta condicionada o concesión de largo plazo al club.

A cambio, el club beneficiado tendría que asumir:

  • mantenimiento
  • reparaciones
  • seguridad de sus eventos
  • servicios básicos
  • conservación
  • inversiones
  • modernización
  • seguros
  • operación cotidiana

Y el Estado conservaría mecanismos de fiscalización. En otras palabras: menos administración estatal directa y más responsabilidad de quienes utilizan la infraestructura. Esto permitiría transformar un gasto permanente en una transferencia de responsabilidad.


Estadios propios para los clubes de provincia

Uno de los ejemplos más claros es Talca. Rangers juega como local en el actual Estadio Fiscal de Talca, recinto cuyo propietario es el Instituto Nacional de Deportes. El propio IND ha realizado inversiones importantes en el estadio, incluida la modernización ejecutada para el Mundial Sub-20 de 2025.

Aquí podría estudiarse un modelo en el que Rangers adquiera el estadio o reciba una concesión de largo plazo, asumiendo integralmente su administración y mantenimiento. La lógica sería especialmente clara. Rangers tendría un estadio propio. Talca mantendría un recinto de primer nivel. Y el Estado dejaría de ser responsable de buena parte de sus gastos ordinarios. Además, el club tendría un poderoso incentivo para invertir en dicho reducto.

Cada mejora realizada en el recinto quedaría vinculada a su propio patrimonio y a su capacidad de generar ingresos.

Otro caso interesante sería Linares, ya que ahí Deportes Linares utiliza el Estadio Fiscal de Linares como local. El recinto tiene una larga historia como infraestructura pública y ha recibido inversiones para su mejoramiento. En 2016, por ejemplo, se inauguraron obras de mejoramiento financiadas con recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional. ¿Por qué no estudiar aquí un modelo similar?

Deportes Linares podría hacerse cargo del estadio mediante una transferencia o concesión especialmente diseñada. Eso permitiría que el club construyera patrimonio y, al mismo tiempo, asumiera una obligación que hoy recae sobre el Estado.

La fórmula sería:

  • estadio propio + responsabilidad financiera + obligación de conservación.

También podemos mencionar el caso de que en Punta Arenas existe el Estadio Fiscal Antonio Rispoli Díaz, que forma parte del patrimonio del IND. El recinto tiene además una particularidad que obliga a tratarlo con extremo cuidado: en 2023 fue declarado Monumento Histórico en la categoría de Sitio de Memoria Estadio Fiscal de Punta Arenas, debido a su utilización como centro de detención y tortura durante la dictadura.

Todos estos casos deberían ser sometidos a la misma pregunta: ¿Tiene sentido que el Estado continúe pagando directamente su mantenimiento si existe una institución deportiva capaz de hacerse cargo?

El Teniente: un caso diferente, pero también interesante Rancagua presenta otra situación. El Estadio El Teniente no pertenece al IND: pertenece a Codelco, empresa estatal, y es administrado y mantenido por la minera. Codelco señala expresamente que el recinto pertenece a la empresa y que su uso comunitario se regula mediante convenios con el IND y el Gobierno Regional. Por eso no sería correcto meterlo exactamente en el mismo saco que los estadios fiscales del IND.

Sin embargo, desde una perspectiva más amplia de activos deportivos estatales, también podría estudiarse un modelo para que O'Higgins participe en una administración de largo plazo o eventualmente en una fórmula de transferencia, siempre que resulte conveniente para Codelco, el club y la comunidad.

La idea no debería ser obligar a privatizar todos los recintos. La idea debería ser evaluar caso por caso si existe un mejor administrador que el Estado. No todos los estadios sirven para esta fórmula Aquí hay que ser muy precisos. Mi propuesta no significa entregar todos los estadios públicos de Chile a clubes profesionales, pero sí revisar caso a caso.

Hay muchos de recintos deportivos estatales que cumplen funciones sociales, formativas y comunitarias y que deben continuar bajo administración pública o mediante organizaciones deportivas.

La propuesta se refiere fundamentalmente a: estadios estatales de escala profesional cuyo uso principal o recurrente está asociado a un club profesional. Y eso permite excluir una gran cantidad de recintos. Tampoco deberían incluirse automáticamente los estadios municipales. Ese es otro patrimonio y otra estructura administrativa.

Por ejemplo, muchos de los grandes estadios regionales pertenecen a municipalidades y, por lo tanto, requerirían otro modelo jurídico y político. La propuesta aquí se concentra en estadios fiscales o pertenecientes a organismos/empresas estatales.


¿Qué clubes podrían beneficiarse con esta propuesta?

Con una revisión jurídica y patrimonial caso por caso, los ejemplos más evidentes serían:

  • Universidad de Chile: Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos. El caso más emblemático. La propuesta sería una transferencia o venta condicionada para que la U tenga finalmente estadio propio.
  • Rangers de Talca: Estadio Fiscal de Talca. Un candidato especialmente claro para estudiar una transferencia o concesión de largo plazo. El estadio pertenece al IND.
  • Deportes Linares: Estadio Fiscal de Linares. También presenta una relación directa entre club y recinto fiscal.
  • Clubes de Punta Arenas: Estadio Fiscal Antonio Rispoli Díaz. Potencialmente aplicable, pero con un régimen extraordinariamente cuidadoso debido a su condición de Monumento Histórico.
  • O'Higgins: Estadio El Teniente. Caso diferente porque pertenece a Codelco, pero que podría ser analizado dentro de una política más amplia respecto de infraestructura deportiva de empresas estatales.
  • Cobresal: Estadio El Cobre. También pertenece actualmente a Codelco.

No sería correcto afirmar que todos estos recintos pueden simplemente venderse mañana a sus clubes. Cada uno tiene una situación jurídica, patrimonial y administrativa distinta. Pero precisamente eso debería ser parte de un estudio nacional de activos deportivos estatales.

¿Y qué ocurre con los demás grandes estadios?

Aquí está una diferencia fundamental. Estadios como el Ester Roa Rebolledo de Concepción, Sausalito de Viña del Mar, Elías Figueroa de Valparaíso, Nicolás Chahuán de La Calera, Bicentenario de La Florida, Germán Becker de Temuco o Tierra de Campeones de Iquique, entre otros, no entrarían automáticamente en esta primera etapa si son de propiedad municipal.

La propuesta podría extenderse posteriormente a ellos, pero eso requeriría una discusión diferente entre el Estado, las municipalidades y los clubes. Por ahora, la idea sería comenzar con los recintos cuyo propietario sea directamente estatal.


¿Qué gana Chile con esta política?

Mucho más de lo que parece.

  • Primero, reduce el gasto público permanente.
  • Segundo, genera responsabilidad patrimonial en los clubes.
  • Tercero, incentiva la inversión privada.
  • Cuarto, permite que los clubes del fútbol chileno desarrollen patrimonio propio.
  • Quinto, mejora la infraestructura.
  • Sexto, crea incentivos para generar nuevos ingresos monetarios.
  • Séptimo, permite que cada club planifique a décadas y no solamente temporada a temporada.
  • Octavo, podría cambiar radicalmente el mapa de la infraestructura deportiva profesional chilena.

Hoy existen clubes históricos que siguen dependiendo de estadios públicos. Mañana podrían existir varios clubes con infraestructura propia.


El principio debe ser igualdad para todos

Este punto es políticamente fundamental. Si la Universidad de Chile recibe el estadio Nacional, inmediatamente aparecerá la crítica: "¿Por qué la U sí y los demás clubes no?". La respuesta tendría que estar incorporada desde el primer día. Porque no se trata de beneficiar sólo a la U. Se trata de cambiar la política de administración de los estadios estatales. La U sería simplemente el caso más grande y visible.

Pero la misma posibilidad debería estar disponible para Rangers, Deportes Linares, Cobresal y otros clubes que cumplan las condiciones determinadas. El criterio no debería ser el tamaño de la hinchada. Debería ser:

  • uso permanente + capacidad de gestión + solvencia + plan de inversión + obligación de conservación.

Los clubes tendrían que demostrar que pueden hacerlo. Tampoco bastaría con que un club dijera: "Queremos el estadio". La propiedad o concesión tendría que estar condicionada a un plan serio.

El club debería presentar:

  • plan financiero
  • plan de mantenimiento
  • plan de inversiones
  • modelo de seguridad
  • proyecto comercial
  • seguros
  • garantías
  • presupuesto anual
  • plan de conservación
  • mecanismos de fiscalización

La gran transformación: de estadios públicos a patrimonio deportivo

Esta política podría generar algo que Chile necesita urgentemente: patrimonio deportivo privado y asociativo.

Los grandes clubes podrían comenzar a construir activos que permanezcan en el tiempo. Un estadio propio no es solamente una cancha, sino que es mucho más que eso:

  • patrimonio
  • identidad
  • ingresos
  • infraestructura
  • autonomía
  • capacidad comercial
  • seguridad
  • planificación

Y puede convertirse en una de las bases económicas de un club profesional.


El caso de la U seguiría siendo excepcional

Aunque la política sea general, el caso de Universidad de Chile tendría características particulares, y que vale la pena destacar. El Nacional no es solamente un estadio. Es un Monumento Histórico. Es un sitio de memoria. Es uno de los principales símbolos deportivos y culturales de Chile. Y es, además, el estadio con el que la U mantiene una relación histórica extraordinaria: nadie ha ocupado más veces esa cancha que el club del chuncho.

Por eso, una eventual transferencia tendría que ser mucho más rigurosa que cualquier otra. Pero justamente por eso podría convertirse en el gran ejemplo de una nueva política.

  • La U recibe su casa propia.
  • Chile recibe un nuevo estadio nacional.
  • El Estado deja de cargar directamente con el mantenimiento del antiguo recinto.
  • El patrimonio histórico queda protegido.


La seguridad también importa

Existe además un argumento que no debería ser subestimado, y que también pesa en esta ecuación: la seguridad.

Si cada club que busca tener un estadio propio tiene que construirlo desde cero, probablemente terminará buscando terrenos disponibles en la periferia urbana. Eso puede generar problemas de:

  • transporte
  • accesibilidad
  • tránsito
  • estacionamientos
  • evacuación
  • seguridad
  • desplazamiento de hinchadas multitudinarias
  • convivencia con barrios residenciales

En el caso de Universidad de Chile, mantener el estadio en Ñuñoa evitaría la necesidad de trasladar a decenas de miles de personas hacia una nueva zona periférica cada vez que juegue como local. El Nacional ya está integrado a Santiago.

  • Tiene Metro.
  • Tiene avenidas aledañas.
  • Tiene transporte público.
  • Tiene infraestructura para eventos masivos.
  • Tiene décadas de experiencia recibiendo grandes cantidades de público.

Por eso, darle el Nacional a la U no solamente tendría una explicación histórica y de identificación con dicho recinto. También podría tener una justificación urbana y de seguridad.


Una nueva administración para todo el Parque Estadio Nacional

En el caso específico de la eventual transferencia del Estadio Nacional a Universidad de Chile, la propuesta debería extenderse también al resto de los recintos deportivos que forman parte del Parque Estadio Nacional. La idea sería que las respectivas federaciones deportivas pasen a ser propietarias de las instalaciones correspondientes, asumiendo desde ese momento la responsabilidad completa por su administración, conservación, modernización y financiamiento. 

De esta manera, los recintos destinados al atletismo, tenis, hockey césped, natación y deportes acuáticos, entre otras instalaciones especializadas del complejo, quedarían bajo propiedad de las organizaciones que representan y desarrollan esas disciplinas.

El principio sería exactamente el mismo aplicado al Estadio Nacional y a Universidad de Chile: quien recibe el patrimonio también asume la obligación de mantenerlo. Las federaciones tendrían que financiar con sus propios recursos la mantención ordinaria, reparaciones e inversiones necesarias, generando además nuevos incentivos para buscar auspiciadores, organizar competencias, desarrollar actividades comerciales y atraer inversión privada. El Estado dejaría de cargar con el costo permanente de mantener estos recintos, pero conservaría las facultades de fiscalización y las obligaciones patrimoniales que correspondan. 

Así, el Parque Estadio Nacional podría transformarse en un verdadero polo deportivo, donde cada instalación tenga un propietario responsable de su futuro y donde el dinero público pueda concentrarse en aquellas áreas del deporte en las que realmente sea indispensable.


Una política que podría cambiar la relación entre clubes y Estado

Durante demasiado tiempo, muchos clubes chilenos han funcionado bajo una estructura en la que el estadio pertenece a otro.

  • El club juega.
  • El Estado mantiene.
  • La municipalidad administra.
  • Y cuando aparecen daños o necesidades de inversión, comienza la discusión sobre quién debe pagar.

Ese modelo no genera los mejores incentivos. Si el club es propietario o concesionario de largo plazo, la responsabilidad queda clara: quien explota el activo, también debe hacerse responsable de él. Y eso puede cambiar radicalmente la cultura de administración de los recintos.


Dos estadios para Chile, varios estadios para sus clubes

Estadio Nacional.
Al final, la propuesta completa puede resumirse en una política mucho más ambiciosa que la construcción de un nuevo estadio. Chile podría avanzar simultáneamente en tres direcciones.

  • Primero: construir un nuevo gran estadio nacional: 60.000 a 65.000 espectadores, moderno, multipropósito, financiado principalmente mediante capital privado y explotación comercial.
  • Segundo: convertir el actual Estadio Nacional en la casa propia de Universidad de Chile. Una transferencia o venta condicionada, con obligaciones patrimoniales y de conservación.
  • Tercero: aplicar la misma lógica a otros estadios estatales, con diversos clubes de provincia. Rangers, Deportes Linares y eventualmente otros clubes podrían hacerse cargo de los recintos fiscales que utilizan, siempre que cumplan condiciones financieras, deportivas y patrimoniales. Y en una categoría distinta, también podrían estudiarse casos como O'Higgins y El Teniente, considerando que se trata de un activo de Codelco y no de un recinto perteneciente al IND.

El objetivo final: menos gasto estatal y más patrimonio deportivo Esta propuesta no pretende que el Estado desaparezca del deporte. Todo lo contrario. El Estado debe seguir financiando el deporte formativo, apoyando a las federaciones, construyendo infraestructura donde el mercado no puede hacerlo y garantizando que niños y jóvenes tengan acceso a espacios deportivos. Pero no necesariamente tiene que administrar indefinidamente los grandes estadios profesionales.

Así, el Estado puede cambiar su rol. De administrador directo a socio estratégico, regulador y fiscalizador, y permitir que los clubes asuman responsabilidades que están en condiciones de asumir. Eso significaría menos gasto permanente, además de otros aspectos interesantes:

  • Más inversión.
  • Más responsabilidad.
  • Más patrimonio.
  • Más clubes con estadio propio.


Una nueva política de infraestructura deportiva para Chile

La discusión sobre los estadios no debería reducirse a saber si la U tendrá o no tendrá su casa. La verdadera pregunta es mucho más grande: ¿Qué modelo de infraestructura deportiva quiere Chile para las próximas décadas? ¿Uno en el que el Estado continúe administrando grandes recintos profesionales, financiando su conservación y enfrentando cada cierto tiempo nuevas necesidades de inversión, o uno en el que el Estado establezca las reglas, proteja el patrimonio y permita que quienes utilizan los estadios asuman progresivamente su propiedad y responsabilidad? La segunda alternativa merece ser estudiada.

Si Chile logra construir un nuevo estadio nacional sin financiar directamente su construcción, entregar el actual Nacional a Universidad de Chile bajo estrictas condiciones y aplicar una política similar a otros estadios fiscales, podría producirse una transformación mucho más profunda.

  • No sería solamente un proyecto para la U.
  • No sería solamente un proyecto para Santiago.
  • Sería una nueva política nacional de infraestructura deportiva.
  • Universidad de Chile tendría finalmente una casa.
  • Rangers podría tener la suya.
  • Deportes Linares podría construir patrimonio.
  • Cobresal y O´Higgins podrían contar como propios los dos estadios de Codelco.

Otros clubes podrían acceder al mismo modelo donde exista infraestructura estatal disponible y condiciones para administrarla. El Estado podría reducir gastos permanentes. Los clubes tendrían mayores incentivos para invertir en dichos recintos.

Además de todo ello, Chile podría concentrar sus recursos públicos en aquello que realmente necesita seguir siendo público. No se trata de regalar estadios. Se trata de entregar responsabilidad junto con patrimonio. Y quizás esa sea la verdadera revolución pendiente del deporte chileno: que los clubes dejen de ser simples arrendatarios de los lugares donde juegan y comiencen, finalmente, a ser dueños de su propia historia.


Más y mejores estadios para Chile

El objetivo de fondo de esta propuesta es construir un estadio para el futuro y darle una nueva vida al estadio más histórico de nuestro país. Un nuevo recinto nacional de 60.000 a 65.000 espectadores, financiado mediante una combinación de inversión privada, deuda, naming rights y explotación comercial sería la punta de lanza para la postulación de Chile a los Juegos Olímpicos del 2036. Y además de ello, el Estadio Nacional actual podría convertirse en propiedad de Universidad de Chile mediante una operación patrimonial especialmente regulada. Las ventajas sería evidentes:

  • Una U que finalmente tenga una casa propia después de décadas de proyectos frustrados, negativas y dificultades.
  • Un estadio ubicado en el corazón de Santiago, en lugar de obligar al club a construir otro gran recinto en la periferia, con los eventuales problemas de conectividad, tránsito y seguridad que ello podría generar.
  • Un Estado que deja de cargar directamente con la administración y mantenimiento del histórico recinto.
  • Un parque (Parque Estadio Nacional) que continúa siendo público.
  • Y un nuevo estadio preparado para los grandes acontecimientos deportivos y culturales de las próximas décadas.

La propuesta no debería presentarse como un privilegio para Universidad de Chile, porque también se haría algo similar con al menos cuatro o cinco clubes de provincias. Esto debe presentarse como una solución que beneficia a todos.

  • La U obtiene patrimonio y responsabilidad.
  • Diversos clubes chilenos de fútbol podrán tener estadio propio.
  • El Estado reduce cargas y moderniza su infraestructura.
  • Los privados encuentran nuevas oportunidades de inversión.
  • Santiago evita la aparición innecesaria de otro gran estadio periférico, ya que el nuevo estadio podría construirse en una zona más central, al no contar con el argumento del traslado multitudinario de "barras bravas".
  • Chile obtiene finalmente un recinto deportivo de categoría mundial.

Después de décadas de discusiones, proyectos que no prosperaron y una infraestructura deportiva que avanza más lentamente de lo que el país necesita, quizás haya llegado el momento de pensar diferente.

No se trata de escoger entre el Estadio Nacional y un estadio nuevo. Se trata de entender que Chile puede necesitar ambos: uno para recordar de dónde venimos, y otro para demostrar hacia dónde queremos ir. Un estadio para la historia. Otro para el futuro. Y, entre ambos, una oportunidad para que Chile deje de ser un país que administra las carencias y comience a construir la infraestructura deportiva que realmente merece.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deje acá su comentario, el cual será revisado antes de aceptarse su publiación.
Muchas gracias por visitar este blog. Me alegra que le guste el contenido que acá se publica.