miércoles, 11 de febrero de 2026

Kast debe condicionar su apoyo a Bachelet: si la izquierda no ofrece nada a cambio, hay que bajarla

La eventual candidatura de Michelle Bachelet a un cargo relevante en la ONU no puede transformarse en un gesto automático del gobierno de José Antonio Kast. Si la izquierda quiere ese respaldo, debe ofrecer algo concreto a cambio. La política exterior también se negocia.


En política internacional no existen los actos inocentes. Cada voto, cada respaldo y cada silencio tiene un valor estratégico. Por eso mismo, la posible candidatura de Michelle Bachelet a la presidencia de las Naciones Unidas (ONU) no puede ser abordada desde la emoción ni desde la nostalgia, sino desde el interés nacional.

Kast y Bachelet.
Algunos sectores de la izquierda han presentado un eventual apoyo del Presidente José Antonio Kast como una muestra de “altura republicana”. Pero esa lectura es incompleta, cuando no interesada. La verdadera pregunta no es si Kast debe apoyar a Bachelet, sino qué está dispuesta a ceder la izquierda para que ese respaldo tenga sentido político.

Porque en diplomacia —como en la vida— nada es gratis. Y menos cuando se trata de una figura tan polémica como Bachelet, que simboliza un proyecto ideológico claro y una red de poder internacional consolidada dentro de la izquierda socialista.


Cortesía y "buena onda" no es estrategia

Michelle Bachelet no es una candidata neutral ni técnica. Representa una visión política específica y sesgada, con un historial y un respaldo simbólico que la izquierda chilena considera propio. Su llegada a la ONU sería una victoria cultural, política y diplomática para ese sector.

Pretender que un gobierno de derecha avale esa postulación sin exigir contrapartidas equivale a pedirle que renuncie a toda lógica de negociación. No se trata de revancha ni de obstrucción, sino de realismo político.

La diplomacia no se construye con gestos de buena voluntad, sino con intereses nacionales. Y respaldar sin condiciones a la figura más emblemática del socialismo chileno sería regalar una carta estratégica sin recibir nada a cambio.


La candidatura como moneda de cambio

Durante décadas, la izquierda ha comprendido que los organismos internacionales son espacios de poder. Por eso ha protegido con celo las candidaturas de sus referentes históricos. Hoy, le corresponde a la derecha actuar con la misma inteligencia estratégica.

La eventual postulación de Bachelet puede transformarse en una oportunidad política: un punto de negociación para cerrar debates estructurales que la izquierda ha evitado sistemáticamente.

Condicionar el apoyo no debilita al futuro Ejecutivo; por el contrario, lo fortalece frente al electorado y reafirma que la política exterior también responde a un proyecto de país.

Si existe voluntad real de diálogo, este no puede girar en torno a declaraciones abstractas ni promesas vagas. Debe traducirse en decisiones legislativas concretas y verificables. Algunas de ellas incómodas para la izquierda, pero necesarias para la estabilidad institucional de Chile:

  • Cerrar definitivamente el capítulo militar: Una ley de amnistía total para los uniformados presos en Punta Peuco, acompañada de una ley de punto final, permitiría terminar con la judicialización interminable del pasado. No se trata de borrar la historia, sino de cerrarla institucionalmente para avanzar como nación, y juntos mirar hacia adelante.
  • Eliminar las contribuciones mediante ley: Poner fin al impuesto territorial sería una señal potente en favor de la clase media y de los adultos mayores. Para miles de chilenos, este tributo se ha convertido en un abuso del Estado. Es una bandera histórica de la derecha que la izquierda siempre ha bloqueado. Aquí existe una posibilidad real de transacción política.
  • Blindar la Constitución con quórums más altos: Elevar los quórums para modificar la Carta Fundamental otorgaría estabilidad jurídica y previsibilidad política. Chile necesita reglas duraderas, no textos sujetos al vaivén de cada mayoría circunstancial.


Cuando la responsabilidad cambia de bando

Plantear estas condiciones no es un acto de confrontación, sino una jugada estratégica que traslada la responsabilidad política a la izquierda. Serán ellos quienes deban decidir si están dispuestos a pagar el precio político de su propia candidata.

Si la negociación fracasa, no será por falta de voluntad del gobierno de Kast, sino por la intransigencia de un sector que exige apoyo sin ofrecer nada a cambio. Así, cualquier eventual rechazo o retiro del respaldo no recaerá sobre la derecha, sino sobre una izquierda incapaz de asumir el costo político de su propia postulación.

Apoyar a Bachelet sin condiciones sería una señal de debilidad, no de grandeza. Sería aceptar que la derecha gobierna, pero la izquierda sigue capitalizando las victorias simbólicas.

En cambio, exigir contrapartidas claras convertiría este episodio en un ejercicio de madurez política bilateral. La pregunta correcta no es si Kast debe ser generoso, sino si la izquierda está dispuesta a pagar el precio de su candidata. La diplomacia no se construye sobre afectos personales ni nostalgias ideológicas. Se construye sobre intereses nacionales.

Si Michelle Bachelet quiere volver a la ONU con el respaldo de un gobierno de derecha, ese apoyo debe traducirse en beneficios concretos para Chile: estabilidad institucional, reformas estructurales y acuerdos verificables. Todo lo demás es retórica. Y en política, la retórica sin resultados es apenas una forma elegante de perder poder.

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