Para crecer más allá de su electorado fiel, José Antonio Kast debe complementar su mensaje tradicional de orden y libertad con propuestas concretas que hablen al bolsillo, la vida cotidiana y la frustración ciudadana frente a la política. Austeridad, alivio económico y modernización del Estado pueden convertirse en su diferencial para convencer a nuevos votantes.
| J.A. Kast. |
A estas alturas, la elección presidencial dejó claro que José Antonio Kast llega competitivo, pero todavía con un techo por romper. El votante de primera vuelta —más ideologizado, más fiel, más convencido— ya está mayoritariamente con él. El desafío ahora es otro: hablarle al electorado amplio, volátil y cansado, ese que no necesariamente se declara de derecha, pero que está hastiado del desgobierno neomarxista, de la inseguridad y de la mediocridad económica que nos agobia día a día.
Para ganar ese voto, no basta con insistir en los ejes clásicos de orden y libertad. En segunda vuelta, los matices pesan más que las convicciones, y las señales concretas —simples, entendibles y cercanas al bolsillo— valen mucho más que cualquier tratado doctrinario. Y ahí es donde Kast tiene espacio para crecer si presenta un paquete de medidas que, sin renunciar a su identidad, hable al país real.
1. Una señal ética simple y potente: poner tope a los sueldos políticos
El malestar con la política no es patrimonio de izquierda ni derecha; es transversal, cotidiano y profundo. Los sueldos exorbitantes del Estado, especialmente los de parlamentarios, asesores y altos cargos, se han convertido en un símbolo del divorcio entre la clase política y la ciudadanía.
Proponer un límite claro —máximo diez sueldos mínimos mensuales para cualquier cargo público de alta responsabilidad— no sólo es una medida razonable, sino también un gesto de austeridad republicana. Kast tiene aquí una oportunidad estratégica: instalar que un eventual gobierno suyo no solamente será más eficiente, sino más decente, más sobrio y más conectado con la realidad del votante común.
La izquierda nunca tomará una decisión así, porque vive del Estado gordo; Kast, en cambio, puede convertir la austeridad en una marca política.
2. Bajar el costo de vivir: eliminar el IVA en bienes esenciales
Si hay un punto donde la campaña puede dar un giro significativo es en el costo de la vida, sobre todo para las clases más populares. La eliminación del IVA en frutas, verduras, medicamentos y pañales (tanto para bebés como para adultos mayores) tiene una lógica que trasciende colores políticos: es una medida que baja el gasto inmediato de las familias sin burocracia, sin intermediarios y sin “bonos” que dependen de la firma de un ministro.
Se trata de una política que habla especialmente a sectores populares y de clase media, donde Kast necesita sumar.
Además, esta propuesta rompe el prejuicio progresista que caricaturiza a la derecha como ajena a la vida cotidiana. Kast podría mostrarse como un líder que entiende que la inflación golpeó fuerte, y que no basta con discursos sobre crecimiento: también hay que aliviar el bolsillo ahora.
3. Un tema deportivo, cultural y masivo: destrabar la construcción de estadios
Este es, quizás, el punto menos político pero más potente desde el punto de vista electoral. La permisología chilena —engorrosa, lenta, excesiva— ha frenado inversiones en todo tipo de áreas, pero donde el problema se hace más evidente es en los proyectos de infraestructura deportiva.
Chile lleva años discutiendo estadios que nunca se construyen, y entre ellos destaca la eterna deuda con Universidad de Chile y con su numerosa fanaticada, donde el sueño de la "casa propia" se ha visto truncado decenas de veces debido a las constantes negativas de parte del Estado chileno y de la clase política.
El drama de Universidad de Chile se puede mirar políticamente o no, pero los números están ahí son concretos y evidentes: la U moviliza emocionalmente a casi cuatro millones de personas en nuestro país. Es un universo gigantesco de votantes, muchos de ellos independientes, jóvenes o de sectores populares.
Proponer un fast-track regulatorio que no dependa de los concejos municipales, y un nuevo marco que permita destrabar estadios, centros deportivos y proyectos de infraestructura masiva no sólo es sensato desde la productividad, sino también desde la política. No se trata de prometer un estadio específico —eso sería irresponsable—, sino de comprometer un país donde las cosas se hacen y no se empantanan en trámites interminables.
Kast podría convertir este punto en un símbolo del fin del Estado paralizado y del regreso al Estado que habilita el desarrollo.
Un mensaje que puede cambiar una elección
Si José Antonio Kast quiere crecer en sus potenciales votantes, necesita amplitud sin perder identidad. Orden público, libertad económica y control migratorio en zonas limítrofeas siguen siendo su núcleo, pero la segunda vuelta exige sumar algo más: señales culturales, gestos éticos y medidas de impacto directo.
Las tres propuestas —austeridad política, alivio al costo de la vida y modernización de la infraestructura deportiva— pueden convertirse en ese puente hacia nuevos votantes. No son rupturistas, no lo alejan de su electorado natural y, sobre todo, conectan con preocupaciones reales que la izquierda no ha sabido abordar.
En la segunda vuelta se gana por pocos puntos, y a veces por detalles que mueven emociones. Kast tiene la oportunidad de ofrecer justamente eso: un liderazgo firme, pero también cercano, práctico y dispuesto a modernizar un país que ya no tolera más excusas ni más parálisis.
Ahí está, quizás, la llave de La Moneda.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Deje acá su comentario, el cual será revisado antes de aceptarse su publiación.
Muchas gracias por visitar este blog. Me alegra que le guste el contenido que acá se publica.