Tras años de frustración, violencia e improvisación política, los chilenos parecen haber dicho basta. El auge de la derecha en las encuestas refleja un profundo hartazgo con la izquierda y abre el camino para que José Antonio Kast se convierta en el próximo Presidente de la República.
Durante mucho tiempo, se quiso instalar la idea de que el mal llamado “estallido social” de 2019 (en estricto rigor "estallido delictual") había marcado un antes y un después irreversible: un país supuestamente “despierto”, más radical, más consciente, más de izquierda. Sin embargo, el tiempo se ha encargado de demostrar lo contrario. A cinco años de aquel nefasto episodio, que dejó heridas aún abiertas, Chile parece despertar —esta vez de verdad— del espejismo populista y del romanticismo revolucionario.
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| José Antonio Kast. |
Porque el país se cansó. Se cansó de la violencia en las calles, de la delincuencia sin control, del vandalismo en las protestas, del deterioro en la educación pública, del discurso identitario vacío, de las promesas incumplidas y de la improvisación que se disfrazó de empatía. La izquierda ofreció “transformarlo todo” y terminó destruyendo lo poco que funcionaba bien. Hoy, la gente exige algo tan simple como vivir en paz, trabajar tranquilo, y ver que el Estado hace su tarea en vez de convertirse en una "agencia de empleos" para los operadores políticos de siempre.
Kast encarna el contraste que Chile necesita
En ese contexto, José Antonio Kast encarna el contraste. Su discurso directo, su énfasis en la seguridad, la libertad y la gestión eficiente, resuena en una ciudadanía agotada de la demagogia. Kast no representa nostalgia, sino normalidad: la idea de que el progreso no se construye a gritos ni desde la calle, sino con disciplina, reglas claras y respeto por la ley.
Lo que está ocurriendo no es un “retroceso” ni una “radicalización conservadora”, como insisten algunos izquierdistas deseperados mientras ven que su candidata no repunta. El fenómeno detrás de Kast es una reacción natural de un pueblo que busca estabilidad después de años de caos. Chile está girando a la derecha porque quiere volver a avanzar, no retroceder. Y si la tendencia se mantiene, noviembre podría marcar un nuevo punto de inflexión: el momento en que la sensatez, al fin, vuelva al Palacio de La Moneda.

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