Los azules ganaban 2-0 antes de los veinte minutos, pero terminaron resignando un empate 2-2 ante el colista del campeonato. Errores propios, decisiones arbitrales polémicas y una reacción inesperada del local volvieron a castigar a un equipo que sigue sin encontrar regularidad.
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| Marcelo Morales. |
A los cinco minutos, Nicolás Ramírez abrió la cuenta aprovechando una de las primeras aproximaciones visitantes. Once minutos más tarde apareció Eduardo Vargas, el hombre de los regresos y las esperanzas renovadas, para ampliar la diferencia y desatar la alegría de los cientos de hinchas azules que llegaron hasta la Región de Valparaíso.
Con el marcador 2-0, la U controlaba el partido, manejaba los tiempos y daba la sensación de tener completamente sometido a Unión La Calera. Todo indicaba que los tres puntos viajarían rumbo a Santiago.
Los fantasmas volvieron a aparecer
Pero el fútbol tiene una capacidad única para cambiar historias en cuestión de minutos. Y la U, lamentablemente, parece empeñada en reencontrarse una y otra vez con sus propios fantasmas.
Cuando el primer tiempo se acercaba a su final, Matías Campos López encontró el descuento para los cementeros. El gol llegó como una advertencia que pocos quisieron escuchar. Lo que parecía una simple anécdota antes del descanso terminó convirtiéndose en el punto de partida de una remontada que dejó a los azules llenos de dudas.
La confianza comenzó a transformarse en nerviosismo. Los espacios aparecieron, el control desapareció y el partido empezó a inclinarse lentamente hacia el lado local.
En medio de la reacción calerana apareció uno de los momentos más discutidos de la tarde. Una jugada que se inició con una evidente sensación de fuera de juego terminó derivando en un penal por mano de Franco Calderón.
El juez Franco Jiménez no dudó en sancionar la infracción y Sebastián Sáez, con toda su experiencia, convirtió desde los doce pasos para decretar el empate definitivo.
La decisión encendió las protestas azules y dejó una sensación de injusticia difícil de ignorar. Sin embargo, más allá de la polémica, la realidad es que Universidad de Chile había dejado escapar un encuentro que parecía completamente controlado mucho antes de aquella acción.
Un punto que sabe a derrota
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| Eduardo Vargas. |
Porque cuando un equipo gana 2-0 antes de los veinte minutos, no puede conformarse con rescatar un empate. Menos aún cuando las urgencias comienzan a acumularse y el margen de error se reduce fecha tras fecha.
La U sigue pegada en la tabla, estancada en una zona que está muy lejos de las expectativas de su gente. Los 21 puntos la mantienen momentáneamente en el noveno lugar, pero el desarrollo de la fecha podría hacerla retroceder aún más.
Y eso es precisamente lo que más preocupa. No fue solo el resultado. Fue la manera. Porque una vez más, cuando parecía tener el camino despejado, Universidad de Chile se complicó sola, dejó crecer a su rival y terminó pagando un precio demasiado alto. La ilusión había llegado temprano a La Calera. El desencanto, lamentablemente, se quedó hasta el final.


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