Resulta al menos curioso que el expresidente Gabriel Boric se presente hoy como defensor de la democracia en foros internacionales, cuando en 2019 eligió ponerse del lado del vandalismo golpista y no de las instituciones democráticas.
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| Gabriel Boric. |
La política tiene memoria corta, pero los chilenos no. Esta semana Gabriel Boric apareció en Barcelona en la Cumbre de Defensa de la Democracia dando lecciones sobre Estado de Derecho y convivencia cívica. El gesto sería loable si no fuera por el contraste brutal con su actuar durante el estallido delictual (mal llamado "estallido social") de octubre de 2019, cuando tuvo que elegir entre defender la democracia o promover el caos callejero, y no dudó en inclinarse por lo segundo.
El estallido delictual: cuando Boric eligió la calle por sobre las urnas
Octubre de 2019 no fue un “estallido social”. Fue un estallido delictual. Lo que vimos durante seis meses fue saqueo sistemático de supermercados y centros comerciales, barricadas incendiarias que paralizaron el transporte público, bombas molotov lanzadas por terroristas contra Carabineros, y la quema deliberada de iglesias patrimoniales en Santiago y regiones.
El objetivo político era claro: derrocar a un gobierno electo democráticamente. Sebastián Piñera había llegado a La Moneda con el 54% de los votos en 2017 y, pese a las dificultades, había logrado mantener una estabilidad económica y social que era envidia en la región.
En ese momento crítico, Boric, entonces diputado, no salió a defender el orden constitucional ni menos a condenar la violencia. Al contrario, se posicionó como vocero y facilitador político de quienes estaban en la calle, siendo un férreo defensor de los pirómanos que quemaban nuestras iglesias. Firmó el mal llamado "Acuerdo por la Paz" (que no trajo la paz) y promovió un proceso para buscar una Nueva Constitución bajo influencia de las turbas, dando legitimidad a quienes querían quebrar el marco institucional por la vía de la fuerza bruta.
De justificar el vandalismo a defender la democracia
Hoy Boric habla desde Europa de la importancia de proteger la democracia frente a populismos y autoritarismos. Pero en 2019, cuando la democracia chilena estaba realmente amenazada por una revolución de carácter golpista, no la defendió.
Defender la democracia no es solo un discurso para audiencias internacionales. Es sostenerla cuando duele, cuando los votos no te favorecen y cuando el costo político es alto. Es respaldar a Carabineros cuando enfrentan a vándalos y delincuentes, es condenar el saqueo sin matices, es respetar a un presidente electo aunque sea de la vereda opuesta.
En 2019 Boric tuvo que elegir. Y eligió a los que quemaban los templos y el Metro, y no a los que iban a trabajar pese a la guerrilla violenta que se instalaba en nuestras calles. Eligió a los que destruían el comercio de barrios populares y no a los dueños que lo perdieron todo. Eligió la presión de la turba por sobre la institucionalidad.
La hipocresía de la reinversión política
El problema no es que Boric haya cambiado de opinión. En política todos evolucionan. El problema es la ausencia de autocrítica y la pretensión de aparecer ahora como garante de lo mismo que ayer se dejó socavar.
La democracia chilena resistió en 2019 pese a Boric, no gracias a él. Sobrevivió porque las instituciones aguantaron y porque la mayoría de los chilenos, en el plebiscito de 2022 y en las elecciones posteriores, optó por rechazar la vía del desborde.
Si Boric quiere ser tomado en serio como defensor de la democracia, lo mínimo es reconocer que en 2019 se equivocó rotundamente de bando. No se puede construir autoridad moral sobre un pasado que se niega.
Los chilenos valoran la coherencia. Y la coherencia democrática se mide no en los foros de Barcelona, sino en los días en que arden las calles y se quema el país por culpa de los mismos vándalos de ultraizquierda que el Frente Amplio y el Partido Comunista suelen utilizar con su "brazo armado".

Con qué cara defiende la democracia si él es un transgresor de los principios democráticos, el avaló la insurrección y el vandalismo del estallido delictual.
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