Un relato de aventuras, lealtad y pérdida en las calles de Ñuñoa.
Recuerdo como si fuera ayer el día en que Wiri llegó a nuestra casa en el barrio de Ñuñoa, en Santiago de Chile. Era un gato blanco de ojos verdes que parecía haber sido arrancado de un cuento de hadas. Su presencia fue como un rayo de sol que iluminó nuestro hogar durante algunos meses de mi infancia, y su personalidad inquieta y exploradora nos mantuvo en constante alerta mientras estuvo con nosotros.
El cruel enfrentamiento de dos digantes
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| Wiri. |
La rivalidad entre Wiri y Scorpion era legendaria en el barrio. Se peleaban en los techos, en los patios y en las calles, con uñas y dientes. Wiri llegaba a casa con la cara ensangrentada, pero siempre listo para la próxima batalla. Scorpion, por su parte, parecía ser una bestia salvaje, con sus ojos amarillos y su rugido feroz.
Pero un día, la suerte de Scorpion se acabó. Wiri lo enfrentó en el techo de un estacionamiento, y en un movimiento rápido y letal, lo derribó al vacío. Scorpion cayó al suelo, y su cuerpo inerte quedó tendido en el asfalto. Wiri, por su parte, se levantó, se sacudió el polvo y se alejó, como si nada hubiera pasado.
La sombra que se desvaneció
A partir de ese día, Wiri se convirtió en el rey indiscutido del barrio, pese a que en estricto rigor también era un asesino. Sin embargo, su reinado fue corto. Un día, sin previo aviso, Wiri desapareció. Lo buscamos por todas partes, pero no había rastro de él. Nunca más lo vimos, nunca más supimos de él.
Su ausencia fue como un vacío en nuestro hogar, un silencio que no podía ser llenado. Wiri había sido un miembro de nuestra familia, un amigo y un compañero de aventuras. Y aunque nunca lo olvidamos, su partida nos dejó con un sabor agridulce, un recuerdo agridulce de la vida y la muerte, de la victoria y la derrota.
A veces, cuando cierro los ojos, puedo ver a Wiri caminando por ese pasaje ñuñoíno, con la cola erguida y la cabeza alta, como si todavía fuera el rey del barrio. Y sonrío, sabiendo que su espíritu sigue vivo en nuestro recuerdo, y que su leyenda seguirá siendo contada por generaciones.

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