jueves, 13 de noviembre de 2025

El país que despierta: por qué el “giro a la derecha” no es un salto al vacío, sino una corrección necesaria

The Economist habla de un “giro brusco” hacia la derecha en Chile. Pero más que brusco, lo que vemos es una reacción natural de una ciudadanía cansada de la inseguridad, del estancamiento y de una política que perdió el contacto con la vida real. Kast y Kaiser crecen porque interpretan mejor que nadie este momento.



La prensa internacional se sorprende del nuevo clima político chileno. Que Chile —ese país que para muchos aún simbolizaba estabilidad, moderación y acuerdos— esté hoy mirando sin complejos a candidatos de derecha como José Antonio Kast o Johannes Kaiser pareciera, para algunos, un bandazo ideológico. Sin embargo, lo que está ocurriendo tiene mucho menos de radical y más de sentido común.

Kaiser, Matthei y Kast.
Durante años la política chilena giró en torno a proyectos refundacionales, promesas imposibles, defensa de vándalos de extrema izquierda, y debates ideológicos que no resolvieron lo básico: la seguridad en los barrios, el crecimiento económico, la generación de empleo y la modernización del Estado. The Economist lo resume con claridad: el proceso constitucional fracasó, las protestas violentas quedaron en la memoria colectiva por el caos y la economía está totalmente estancada. En ese contexto, no es extraño que la ciudadanía busque liderazgos más firmes, más directos y menos preocupados de agradar a los círculos políticamente correctos.

Y aquí surge un matiz indispensable: el debate sobre inmigración. Hoy muchos hablas de inmigración “como problema”, pero la realidad es más compleja. La mayoría de los inmigrantes en Chile son personas decentes y trabajadoras, que han aportado enormemente y quieren las mismas garantías que cualquier chileno: seguridad, estabilidad y oportunidades. Los chilenos no culpan al inmigrante honesto; lo que rechazan —y con razón— es la inmigración delictual, la llegada de bandas de engendros que vieron en nuestras fronteras abiertas un terreno fértil. Esa distinción, que la izquierda evita, es precisamente la que algunos en la derecha sí reconocemos (aunque no todos).


Por qué Kast y Kaiser crecen: liderazgo claro en tiempos confusos

The Economist señala que Kast “ha suavizado su conservadurismo moral” para concentrarse en seguridad, inmigración ilegal y economía. Eso no es una debilidad, sino una virtud política: entender cuál es la prioridad del país y actuar en consecuencia. Su idea de un “gobierno de emergencia”, guste o no, es una respuesta directa a un Estado que perdió fuerza y autoridad, especialmente frente al crimen organizado.

Johannes Kaiser, por su parte, encarna otra vertiente de la derecha, una bastante más dura: la del descontento puro, la del votante que siente que nadie lo escuchó durante años. El reportaje lo muestra como el outsider que podría dar la sorpresa, y eso no es casualidad. Kaiser conecta con sectores que ven en la izquierda un proyecto agotado y muy negativo, y en la centroderecha tradicional un establishment que no se atrevió cuando había que atreverse.

Ambos, con estilos distintos, coinciden en algo esencial: la convicción de que Chile no puede seguir administrando el deterioro, sino que debe revertirlo. Y esa convicción resulta atractiva para un país donde el 63% está preocupado por la delincuencia, según Ipsos, una cifra que supera incluso a la de países con índices de homicidios mayores.

Mientras la candidata comunista Jeannette Jara intenta despegarse de un gobierno impopular y moderar su vínculo con el Partido Comunista, la derecha aparece nítida, ordenada en su diagnóstico y más sincronizada con el sentir ciudadano.


El voto obligatorio y el renacer de una mayoría silenciosa

Un punto que destaca The Economist es la incertidumbre del voto obligatorio. Este podría activar a esa mayoría silenciosa que no se vio en 2021, la misma que observa con preocupación el rumbo del país y que ya no compra discursos identitarios ni promesas de “refundación”.

En ese escenario, candidatos como Kast y Kaiser tienen una ventaja fundamental: hablan a esa base que quiere soluciones, no explicaciones; orden, no relativismo; y un futuro en el que la seguridad y la prosperidad no dependan de eslóganes, sino de decisiones concretas.

Si finalmente la derecha logra mayoría en ambas cámaras —algo inédito desde 1990—, estaremos frente a un momento político excepcional. No un giro extremista, como algunos izquierdistas insinuarán, sino una oportunidad histórica para corregir el rumbo.


Conclusiones de cara a una elección crucial

  • El “giro a la derecha” no es radical, sino una reacción natural al deterioro institucional, económico y de seguridad.
  • La distinción entre inmigrantes decentes y delincuentes es clave para un debate honesto: Chile no rechaza la inmigración, sino la criminalidad.
  • Kast y Kaiser conectan con un país cansado de ambigüedades, ofreciendo un liderazgo claro en temas que la ciudadanía considera urgentes.
  • El voto obligatorio podría consolidar una mayoría silenciosa de derecha, otorgando un mandato político más sólido que cualquier elección reciente.
  • Chile no se desplaza hacia los extremos, sino hacia soluciones concretas: orden, crecimiento y un Estado que funcione.
  • El país no gira por capricho: gira porque quiere recuperar la normalidad. Y quienes hoy interpretan mejor ese deseo están, sin duda, en la derecha.

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